El "profetismo" devaluado de la Iglesia española
24.01.08 @ 12:02:02. Archivado en Etica
No es la primera vez que lo digo, así que mis disculpas por repetirme; pero no me callaré, porque pienso que carecemos de autocrítica y no equivocamos gravemente. Algunos eclesiásticos relevantes, no pocos y muy destacados, utilizan las palabras “políticas” más gruesas con una ligereza que asusta. Hay dos, en particular, que a mi juicio debiéramos tentarnos la ropa antes de pronunciarlas en relación a nuestra sociedad: “totalitarismo político y cultural” e “idolatría del Estado”. Así, por derecho, sin mayores miramientos ni precisiones, allá va, como si la voz de la profecía cristiana resonara limpia y cristalina una vez más. No sé quién es profeta o “hijo de profeta”, ni creo que nadie tenga el monopolio de este carisma eclesial, aquí o allá, arriba o abajo, pero hay que ser muy sincero sobre cómo tenemos el “tejado propio”, si es de cristal, antes de tirar piedras al ajeno.
Vamos a ver. Una cosa es el lenguaje de los medios, donde cada uno sabrá cómo asentarse y hacerse con una cuota de mercado informativo, y otra es la palabra de un Episcopado al referirse a su sociedad. Más aún si ocurre dentro de una Homilía. Este trasvase del lenguaje “provocativo” y “políticamente militante” de los medios, como digo, muy determinado por el mercado de intereses económicos y políticos partidistas, se ha hecho común en muchas expresiones de la comunidad católica, en todos sus niveles de representación, y, a mi juicio, es demasiado primario y no convence más que a los militantes del grupo. La COPE tiene su público, y las Homilías el suyo, y si fuesen el mismo, cosa que no creo al pie de la letra, tenemos la obligación de diferenciar rotundamente la intención y el modo de cada mensaje. Ya sé que “la convicción moral cierta” es la convicción moral, y todo eso, pero, precisamente por tal razón, hay que ser tan perspicaz como “moral”, al hablar moralmente de la vida política de una sociedad y al anunciar la fe en Jesucristo en la cultura moderna.
Se pueden hacer mil críticas a su luz, pero siempre será una oferta religiosa de sentido que apela a la libertad de todos y, sin duda, al corazón de cómo nos comportamos en el respeto de unos con otros, y especialmente, cómo acogemos la voz y las necesidades de los más débiles del mundo en toda decisión legal y social. Por el contrario, estamos hablando la mayoría de las veces con una certeza ideológica, política y “moral” que no vemos muchos otros en la Iglesia, y sobre todo, que debiera venir acompañada del reconocimiento de nuestras propias debilidades y fallos en el mismo sentido. En lenguaje castizo, nos falta un poco de “vergüenza torera” y nos engañamos a nosotros mismos entre el estruendo de los aplausos que gritan, “dale, dale, dale más”. Allá cada cual cuando entra en la alcoba y piensa en esto: ¿quién soy yo al fondo de mí mismo, en cuanto a integridad personal y coherencia, en cuanto al voto y la justicia, en cuanto a la libertad de los demás y en cuanto al uso y destino de mis bienes económicos, y, sin duda, en cuanto al Evangelio de Jesucristo y su entrega a los pobres y últimos del mundo? Siento vértigo personal, sinceramente.
Pensemos en este detalle. ¿No es cierto que quienes aplauden las intervenciones eclesiásticas más desabridas, así la veo yo, “más desabridas que proféticas”, las aprecian en buena medida porque las perciben de su parte, casi hechas por ellos mismos? A todos nos gusta que nos den la razón; más o menos, la verdad, pues no me gusta que me den toda la razón; me conformo con algo de razón y, sobre todo, libertad de expresión; sólo que hoy en la Iglesia, mucha gente, muchos grupos de Iglesia, y gran parte de la Jerarquía, necesita “contenerse” ante un profetismo sesgado y profundamente acrítico ante “lo propio”. Yo no voy a negar el derecho de quien sea a expresarse con dureza contra el gobierno de turno, la cultura moderna o las carencias del sistema político democrático del lugar que sea. Derecho y necesidad, sí señor. Esto lo tengo más claro que el agua. Pero como vivo en la Iglesia, pienso en la Iglesia, conozco mi Iglesia y a su gente, voy a decir, mientras lo vea, que no vale “todo” en el lenguaje “político” y “moral” de la Iglesia, y menos en las Homilías, y que percibo un profetismo miope en cuanto a la trayectoria social de la Iglesia, moralmente sesgado, y escasamente autocrítico, se mire desde el Evangelio o desde tradición democrática. Así sucede, para mí, en muchas de las voces de la Iglesia española, hoy, más aclamadas. ¿Alguien necesita nombres?
Comentarios:
Y no sólo por lo que dicen y cómo lo dicen algunos obispos, sino por la ausencia de un diálogo que vaya más allá de lanzar consignas y eslóganes repetidos como mantras de los obispos hacia ciertos políticos, y de esos mismos políticos (nada del otro mundo sin duda) hacia los obispos.
El espectáculo a momentos es realmente triste y decepcionante.
Y sobre el ínclito FJL (que aún no es obispo, sino sólo un talibán de sacristía aunque diga que no es creyente) prefiero ni tan solo opinar.
- No querer decir la verdad de nuestra miseria.
- Querer camuflar nuestras cifras.
- querer engañarse resaltando los lados esperanzadores de nuestra situación sin querer encarar la realidad cruda de todos nuestros indicadores.
- incapacidad de tomar decisiones seria que dejen manifiesta nuestra situación.
- actuar como si nada sucediera.
- creerse en la misión profética de querer influir en la política...
Pregunta: ¿Por qué no empiezan proféticamente a arreglar su casa?. Que buena falta le hace
En el fondo se dedican a arreglar la casa ajena cuando la nuestra se cae a pedazos:
1º Porque no reconocen proféticamente la gravísima crisis que tenemos dentro de casa: desaparición del ministerio sacerdotal, cierre de seminarios, cierre de facultades, desaparición de casi todas las congregaciones religiosas, práctica religiosa bajo mínimos, envejecimiento de todo el cuerpo de la Iglesia, incapacidad de amoldarse mínimamente a la modernidad...
2º Esto de ir arreglando la vida de los demás cuando nos morimos no vale
5º Están vendidos a la derecha política. No se puede ser tan servil con el PP.
6º No son modernos. Les gusta el esquema nacionalcatólico. Que nos den dinero y aparecer como perejil religioso del estado.
1º No han aceptado la democracia. En el fondo son unos nostálgicos del franquismos y del siglo pasado.
2º No aceptan que las cosas han cambiado y que lo cristiano en este mundo plural de la España del siglo XXI es una minoría. Una minoria fuerte pero minoría que no puede imponer su visión a la mayoría del cuerpo social español.
3º No distinguen aquello que es nuclear en la fe de las cosas secundarias y discutibles.
- Yo no acabo de ver qué análisis ha realizado la jerarquía católica en España pero esto no puede acabar bien.
- Si yo, como conservador, estando deacuerdo en el fondo, estoy alucinado de las formas de expresión, de las estrategias, de las maneras... no quiero pensar qué pensarán otros católicos que desde sus legítimas opciones se encuentran en forma y fondo lejos de todo esto.
- Como cristiano, más o menos, puedo tener esa visión; Ahora bien en el diálogo democrático como estos obispos vayan con esta visión, estas formas de expresar y de dialogar, con esas formas profético-dictatoriales de expresarse acabaremos mal.
- La frase memorable que le escuchamos a García-Gasco en la manifa de Madrid me dejó helado. No le veía la lógica por ningún lado.
- Y no digamos nada de Cañizares. Ciertamente su mundo no es el mío. Cada vez que abre la boca me deja anodadado. A veces tengo dudas de si esa forma tan simple de exponer las cosas se deba a que nos considera tontitos
Luego, si la gente pasa de la Iglesia, no lo deseo desde luego y ciertamente hay mucha gente que no; y si va más gente que a una manifestación de ZP, no es algo que aquí importe; o yo no me ocupo de eso para pensar de uno u otro modo. Saludos cordiales.
lo demuestran
cuanta gente iria a manifestarse por ZP
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