En los medios de prensa generalistas, en los artículos de opinión políticos y en los parlamentos regionales de Murcia y de Castilla La Mancha e incluso en las Cortes Generales se habla mucho del trasvase Tajo- Segura. Tiene a la greña a las Comunidades Autónomas e incluso divide a los partidos pero no sólo a los del PP con los del PSOE sino a los del PP con los suyos y a los del PSOE con los propios a cuenta del agua y la polémica .
Pero hay un aspecto de ese trasvase que nunca se ha mencionado y mira que sobre el se ha escrito, se escribe y se seguirá escribiendo. Un asunto grave, que podría haber llamado ya hace mucho tiempo la atención de las autoridades, de los conservacionistas y que ahora hemos de denunciar aquí, tras haberlo hecho ya oficialmente a través de propietarios de fincas y cotos linderos: El trasvase, mejor dicho su canal, es un auténtico asesino de fauna salvaje. Carente de valla protectora alguna, su casi verticales pareces de hormigón se convierten en una trampa mortal para la multitud de animales que caen en él.
La luna más hermosa salió anoche. El crepúsculo de agosto se esfumaba en sombras y gritos alborotados de mirlos. Estaba en un pequeño valle dando cara a una costera punteada en su viso por encinas de redondas copas. Tras una, empezó a brillar y de ella emergió con redondez perfecta hasta separarse del horizonte y alcanzar el cielo mientras de la tierra oscura subía acompañándola una sinfonía coral interpretada por la orquesta de los grillos.

Cuando aun no ha empezado a clarear siquiera el alba, y con una luna casi llena, presidiendo el cielo, el celador forestal José Millán y yo avanzamos por el camino de arena en el que cruzan y recruzan los conejos. “En este recodo ya veras como hay muchos. Y no te digo los que había en tiempos” Y en efecto, así sucede. Hay multitud de gazapos y a ambos se nos alegra la vista al contemplarlos. Ellos son más que nadie de quien depende el hoy y el mañana de Doñana.
Dicen los viejos que el monte se quema mucho más ahora a pesar de tantísima máquina para acudir y apagar fuegos y hasta aviones que tiran agua. Y la estadística va y les da la razón a los abuelos. Resulta que a pesar de tantos medios, de tanta ingeniería, de tanto vehículo, de tanta vigilancia y retenes, de tanto hidroavión, de tanta campaña en la tele y hasta de una unidad motorizada del ejercito el fuego nos hace mucho más daño del que nos hacia.
Los incendios se están cebando este verano con España. El peligroso triple 30 ( Mas de 30 grados de temperatura, que sobrepasamos con creces, de velocidad del viento y de menos de un 30 de humedad) marca la línea roja a partir de la cual el fuego tiene todas las de ganar y los que luchan contra el todas las de perder . El resultado de esta conjunción ya lo estamos sufriendo. En tan solo lo que llevamos de verano ya se ha quemado más de lo que se quemó en todo 2008, aunque es bien cierto que el año pasado fue excepcional por lo positivo y el corto número de hectáreas arrasadas. Se añade algo, que inevitablemente nos ha sobrecogido: victimas mortales y en concreto los cuatro bomberos muertos en Tarragona nos trae de inmediato, fue una situación muy similar, el recuerdo de nuestros 11 fallecidos en Guadalajara.
No es en mayo como cuenta el hermoso romance cuando hace “la calor”, la calor de verdad cuando la hace en Madrid es en julio. Más que en agosto, más bochornazo y con noche muy cortas que no acaban de despegarse del sudor. En agosto alargan y hasta en un descuido te meten un relente de amanecida en los riñones.
La noche es crecientemente el momento en que más siento el monte. Y en estos días de verano el mejor para disfrutarlo. Más allá del animal que aceche, si es que fuera menester acechar alguno, que cada vez lo necesito incluso menos como excusa, es ya el rito más querido y esperado del día el echar a andar hacia el crepúsculo, buscando silenciosamente el silencio y el frescor de la oscuridad. Y todos sus silencios, y cada unos de sus roces y el sobresalto de todos sus sonidos. Porque nada suena como la noche del cazador ni nada tiene más silencios escudriñados como aquellos que suceden a un leve chasquido, a un mínimo tamareo y que, casi siempre, desaparecen y se diluyen en la nada.
En cuarenta años la energía nuclear en España no ha producido un muerto, ni una enfermedad grave que pudiera achacarse a ella. Los talibanes del ecologismo han buceado por todos los ríos en busca del pez con dos cabezas y escudriñado los rebaños de los campos s a la caza del cordero de siete patas pero ha sido como buscarle los tres pies al gato. Nunca nada se ha observado con más lupa ni con mayor e inquisitorial suspicacia que las centrales , sus trabajadores, su entorno, su funcionamiento. Cualquier pequeña incidencia ha merecido honores de portada. Pues bien ¿cuál ha sido el fruto de tal seguimiento?. Lo dicho: ni muerte ni monstruos. Normalidad, riqueza en las zonas, satisfacción en la población cercana. Cuando cerraron Zorita se alegraron y fueron a festejarlo una veintena generosamente contada de militantes anti llegados de Madrid (50 ha sido su tope manifestático en Guadalajara) acompañados de Llamazares y de , eso si, unas 200 cámaras de televisión. Las gentes de aquellos pueblos (que conozco bien por residencia muy cercana) tristes y preocupados por el futuro. Sin diferencias ideológicas, por cierto.
Tiempo de recría de las aves urbanas. Golondrinas y aviones, entre los visitantes, y gorriones, mirlos e insectívoros están ocupados sacando su segunda pollada adelante. Si la torcaz, la zurita o la tórtola han perdido por cualquier causa su nidada es posible que la hayan repuesto. Algunas se animan incluso a conseguir un par nuevo de pichones. Se oye mucho su arrullo en las arboledas. El de la tórtola y el de la paloma son bien distintos. Y desde luego el de la urbanita turca, que para nada es arrullo sino una especie de quejido muy poco agradable al oído.
El debate sobre el cierre o continuidad de Garoña, y de paso sobre nuestro futuro nuclear, hubiera tenido mucha más enjundia que todas las estupideces que los políticos se han dicho en campaña. Establecer una posición sobre el asunto y de paso sobre que tipo de política energética (imprescindible para abordar la salida de la crisis) hubiera sido mucho más importante para todos que la sarta de consignas gritonas, chistes sin gracia, insultos rebuzno y ridículos adulatorios de “magdalenas” extasiadas que han sido todo lo que dio de si la campaña electoral, presuntamente de las elecciones europeas. Mucho más, de mucha mayor trascendencia y donde si queremos saber y hubiéramos querido saber antes de votar lo que piensa el presidente Zapatero y los partidos de la oposición.
Cuando, allá por marzo, iba a asomar la primavera, quién apareció, feroz, fue la hemorragia vírica, que atacó a los conejos de El Enebral. En un par de semanas encontramos más de una veintena muertos y desde luego perecieron muchos más. Temimos lo peor y que todo el monte quedara arrasado. Por fortuna se detuvo y ahora la recuperación es un hecho. Se ven muchos gazapotes cruzar los caminos y algunos rodales que quedaron despoblados vuelven a tener “trato”.
La codorniz, recién llegada, cantó en la noche. En el crepúsculo había reclamado el cuco y luego, ya en la sombra, había elevado su voz el autillo. Pero en la oscuridad sin luna, apenas entibiada por las estrellas, se alzó la llamada de la codorniz. Y yo no quise que callara. Deseé que siguiera su llamada y cumplió mi deseo. A intervalos elevó su voz y acompaño mi espera hasta que abandoné mi aguardo. Me fui por la trocha por la que no habían querido venir ni el corzo en el día ni el jabalí en la noche y lo último del lugar fue de nuevo su vocecilla, briosa, como una campanilla.
Sábado, 21 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Vilagarcía na Rede
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
JUAN JULIO ALFAYA