La Marea de Pérez Henares

La Novela al rescate de la Historia de España

02.02.18 | 13:54. Archivado en ¡Pura vida!

(Mi Tercera de ABC)

FORMA parte de la más honda raíz
hispana un gen masoquista que pa-
rece inducirnos a la asunción de to-
das las culpabilidades históricas
universales y a la expiación de tan
atroz mancha colectiva a base de
zurriagazos y flagelaciones expiatorias por to-
dos nuestros pecados nacionales. Alcanza en
ocasiones tal frenesí que lleva a algunos, bas-
tantes, a abjurar de su propia identidad, y a que
cualquier señal de pertenencia les resulte inso-
portable y que el mismo nombre que nos iden-
tifica les queme de tal manera en la boca que les
resulte el peor de los sacrificios pronunciarlo.
Oigan a los políticos, antes zurdos ahora todos,
y toda ristra de declamantes públicos y compro-
barán que España ya ha dejado de llamarse así
para pasar a ser mentada como «Estepaís» y no-
sotros, «estepaisinos» porque antes que espa-
ñoles es mejor, por lo visto, que te llamen cual-
quier cosa.

Esto parece haber venido siendo así durante
siglos y como tal lo enfatizó Bismarck, conside-
rando nuestra nación indestructible, pues los
propios españoles llevábamos quinientos años
intentándolo sin conseguirlo. Pero lejos de cu-
rarnos la fiebre, el sarpullido creciente avisa de
que la enfermedad podría derivar en epidemia
generalizada. Toda una tradición, como lo es tam-
bién la de los pendulazos telúricos, pasando de
las «glorias imperiales» franquistas a avergon-
zarnos hasta de haber descubierto América.
Ahora con una perversión añadida. La vuel-
ta, con la creación de 17 de un solo golpe, de los
reinos de taifas, que lejos de acomodar cierto
nacionalismo lo que han conseguido es exacer-
barlo hacia el separatismo más feroz y hasta xe-
nófobo, ha añadido un nuevo elemento. A la his-
toria ya no solo se la ignora y, fruto de ello, se la
desprecia y como consecuencia de ambas cosas
se concluye en una especie de vergüenza colec-
tiva, sino que también se la trocea, se la retuer-
ce, se la mutila y amputa para que sirva de adoc-
trinamiento y memorial de agravios, en su ma-
yor parte, invenciones puras, o apropiaciones
de gestas, que no son sino delirios o que no lo
fueron nunca en exclusiva sino compartidas. El
adoctrinamiento educativo y el
agitprop mediático, se convierten en los mejores instrumentos
de manipulación del devenir de los pueblos his-
panos y de su historia, tan largamente entrete-
jida, donde el objetivo es el fomento del odio al
tiempo que la mayor patraña se consagra como
verdad pregonada y asumida.

Ignorancia primero, tergiversación añadida,
prejuicio con sentencia previa de culpabilidad
y desguace a hachazos son los responsables de
haber convertido a la historia de España en la
apestada del orbe, a juicio no precisamente del
resto del mundo, sino de buena parte de los pro-
pios españoles. Porque resulta que somos noso-
tros los únicos capaces de seguir creyendo a pie
juntillas nuestra propia «Leyenda Negra» teji-
da por nuestros enemigos.

La Historia de España no cabe en un panfle-
to. Ni a favor ni en contra. Ni el del enaltecimien-
to sin tacha ni el del oprobio sin límite. No pue-
de ser compendiada en un tuit, ni reducida a un
mitin, ni explicada a través de la soflama ideo-
lógica ni juzgada con el esquema de valores de
hoy como norma exigida de conducta en épo-
cas, culturas, civilizaciones y situaciones preté-
ritas. Cada cosa según su tiempo. Cada hecho
atendiendo a su circunstancia. Nunca negra del
todo, tampoco nunca de blanco inmaculado.
Pero siempre inmensa, trascendental, vientre
de siguientes aconteceres, engendradora de nue-
vas criaturas a su vez envueltas en luz y en som-
bra, como el hombre mismo, como la humani-
dad continua. Pero seguimos empeñados en ig-
norarla, retorcerla y ensuciarla como si todas
las de los pueblos de la tierra no tuviera los su-
ficientes lamparones. Y todo ello como seña de
identidad inducida ya, en tantos casos, desde la
escuela y hasta la universidad misma. Para que
la aborrezcamos, supongo.
Sin embargo, resulta que no. Resulta que hay
muchos más que no. Que quieren saber y ese
querer saber resulta ser la clave de algo que está
pasando y creciendo. Y está viniendo a suceder
algo inaudito. Sorprendente. Resulta que la no-
vela, la ficción, está acudiendo al rescate de la
historia. Son los escritores de este género quie-
nes, novelando personajes reales o situando
personajes de ficción en escenario y hechos his-
tóricos, y sus millones de lectores, pues ya es-
tamos en tales magnitudes, están despertando
un interés inusitado entre los españoles por lo
que es su propio y tantas veces vituperado pa-
sado.
No es un fenómeno o es más que ello. Es una
necesidad imperiosa de las gentes por saber y
reencontrarse con sus propias raíces y sus epo-
peyas y vicisitudes comunes. Leyendo y recrean-
do. Discusión aparte habría de ser el exigible
rigor en lo que se señala como hecho histórico
de estas novelas y la conveniencia imprescin-
dible de una documentación y un correcto es-
cenario atendiendo a época y modos de vida.

No es tampoco un nuevo género ni se
acaba de descubrir el Mediterráneo.
Entre los más grandes de la historia
de la literatura hay ejemplos a dece-
nas. Y como muestra el mejor botón de un es-
critor español, Benito Pérez Galdós, autor de
la obra magna de «Los episodios nacionales»,
mucho más merecedor del Nobel que unos cuan-
tos gualtrapas muy bien promocionados, va-
rios ignotos y hasta algún cantante. Hoy sigue
habiendo una excelente cosecha y a pesar de
ninguneos de exquisitos varios, aquí se ha apren-
dido de los tercios con Arturo Pérez Reverte y
de los romanos y cartagineses con Posteguillo.
Y lo que es aún más importante, una multitud
de lectores con una voluntad de fondo: El reen-
cuentro con España a través de la novela histó-
rica.

Y algo, y aquí lo anuncio, se ha puesto en mar-
cha. Un importante grupo de escritores se han
conjurado para ello. El título con el cual he en-
cabezado estas líneas lo es también ya de un
curso que tendrá lugar este próximo verano en
la UIMP de Santander, del 30 de julio al 3 de
agosto, que tendré el honor de dirigir y en el que
participarán los siguientes autores: José Calvo
Poyato (secretario), Juan Eslava Galán, Santia-
go Posteguillo, Juan Luis Arsuaga, Serafín Fan-
jul, Isabel San Sebastián, Sebastián Roa, Almu-
dena de Arteaga, Fernando Martínez Laínez,
Emilio Lara, Fernando García de Cortázar, José
Luis Corral, Jesús Maeso y Javier Sierra.

No será, ni mucho menos, una iniciativa ais-
lada. De hecho hay muchos otros proyectos y
actividades en marcha y al grupo se han ido
uniendo ya, para participar en ellas, nuevos es-
critores. Contribuir al rescate de nuestra histo-
ria es el objetivo de todos.


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