La Marea de Pérez Henares

Patriotismo versus nacionalismo

13.10.17 | 21:32. Archivado en Oleaje político

En una evidencia que jamás en nuestra historia democrática se habían visto tantas banderas españolas. Banderas constitucionales, banderas unitarias, banderas orgullosas de un país esforzadamente conseguido entre todos, banderas que no son ni de derechas ni de izquierdas porque es de todos.

Es vital y trascendente que esto quede ya definitivamente impreso en nuestro corazón y en la memoria. La vieja bandera con siglos a su espalda, proviene de la época de Carlos III y antes había sido la enseña de nuestra Armada, nos fue arrebatada una vez-y fue un error histórico de la II Republica modificarla, I la mantuvo, y en cierta manera, entregarla- y luego fue secuestrada por una ideología totalitaria. La democracia la repuso como símbolo común, pero no se supo y no se quiso reponerla en buena parte de un sentimiento y no se hizo la necesaria pedagogía para lograrlo. Ahora es el momento de hacerlo de una vez y de no dejárnosla volver a arrebatar de nuevo por una minoría de violentos extremistas que la ensucian. No tienen derecho ninguno a hacer suya la misma enseña por la que el capitán Aybar, después de rendirle homenaje, dio su vida por ella, prefiriendo morir antes que causar victimas inocentes. No debemos permitirlo y repudiando ese secuestro ultra es como la hacemos de todos y para todos. Y es lo que estamos haciendo estos días, en Barcelona, en Madrid, en Castilla y en la Mancha.

Pero ¿por qué se ha producido esta auténtica eclosión de sentimiento y orgullo?. Pues porque el pueblo español se ha sentido en lo más profundo herido, insultado y vejado. Porque ese pueblo, esas sencillas gentes de a pie, esos que casi nunca hablan de política, los que andan por las viñas, por los barbechos, por las fabricas, por las calles y se toman un botellín o un chato en los bares, se ha hartado de callarse y de aguantar el continuo desplante, el silbido, el improperio. Tan solo por ser lo que es, español. Y luego del PP, del PSOE, de Ciudadanos o de nadie y algunos hasta morados. Un pueblo que no ha insultado nunca, que no ha odiado, que no ha pagado con la misma moneda a quienes si lo hacían pero que ha puesto pie en pared y está dispuesto a defender los derechos soberanos que tanto esfuerzo y dolor le consto conseguir y que les pretenden arrebatar los separatistas catalanes con la complicidad de los podemitas en un descarado robo del voto de todos los españoles sobre todo lo que a España se refiere.

Eso es lo que he visto y oído, eso es lo que no había escuchado nunca a quienes de tales cosas procuran hablar poco pues andan más ocupados en lo suyo. Hasta ahora, hasta que han entendido que esto es “cosa suya”, que les incumbe y les afecta de manera importante, decisiva y cotidiana. Y ojo no se trata, aunque hubiera quienes desearan que derivara en ello, de incendiar un nacionalismo contra otro. Para nada. Es aquí donde hay que establecer la exacta y crucial diferencia entre patriotismo y nacionalismo. El nacionalismo, y de manera compulsiva en su radicalidad, basa en el agravio victimista y en el odio al otro su cuerpo esencial de doctrina y de adoctrinamiento. El patriotismo es, simplemente y nada más, ni menos, que amor a lo propio sin exclusión ni xenofobia a ningún otro. Exactamente lo contrario.


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