La Marea de Pérez Henares

Ensuciar la memoria

16.07.17 | 18:09. Archivado en Oleaje político

Hace 20 años su asesinato hizo caer los pasamontañas de los hertzianas abrazados a la gente. Hoy está haciendo caer muchas caretas y dejar a muchos con las vergüenzas al aire. A los que jamás se las han tapado, a los que aquellos días se escondieron como alimañas en sus covachas, a sus cómplices que les aplaudían y justificaban y hoy son sus herederos políticos y siguen sin condenar sus atrocidades contra las personas y contra la democracia. Pero ahora también a quienes de manera torticera, solapadamente y con medias verdades y engaños enteros, andan abrazados con ellos, comparten relato y objetivos pero no gustan de que se sepa del todo y se les identifique por lo que son y con quienes se ajuntan. Vamos a los que les viene al pelo lo de “dime con quien andas y te diré quien eres”.

Aquellos días de julio de 1997, ¡por fin!, los vascos y España entera, la gente, esa sí que fue la gente y a millones se sublevaron contra su propio miedo, se levantaron contra el terror y acorralaron a quienes llevaban décadas imponiéndolo no solo con bombas y tiros en la nuca sino en las calles y las plazas a través de su cuadrillas de matones. La sublevación tuvo éxito. Fue el principio del fin de ETA. Con el siniestro asesinato a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco comenzó a cavar su propia fue.

Lo escribí entonces, en la revista Tribuna de Actualidad donde era director y viví aquellos días de horror, angustia y emoción: “El miedo debe dar la vuelta. Creo que está dando la vuelta Ellos son los que deben verse solos, aislados y rechazados por el pueblo que les está diciendo que no les tiene miedo, que les planta caray que los va a extirpar como a un tumor maligno. Esa es, en medio del dolor, mi esperanza, y sé que es también la esperanza que se está levantando en millones de corazones en Euskadi y en España entera. ETA quizá aún no lo sepa, pero está echando paletadas sobre su propia tumba, aunque abra otras tumbas inocentes y nos haga sufrir a todos como sufrimos ahora”. Lo escribí entonces y lo suscribo ahora.

Algo, bastante fue cierto. Dio frutos. Fue el principio del fin de ETA. No volvió a ser como antes donde los asesinados, las victimas eran además insultados por ellos e ignorados, silenciados por muchos. ETA perdió la calle, comenzó su aislamiento social, internacional también y las Fuerzas de Seguridad comenzaron a ganar la batalla. Se ilegalizo Batasuna, y lejos de incendiarse el País Vasco, como clamaban algunos los que se apagaron fueron ellos, se incrementaron las penas y comenzaron a cumplirse integras, y no fue más y hasta ahora ya implantada la prisión permanente revisable por la repulsiva sentencia de Estrasburgo sobre la doctrina Parot, por cierto impulsada por un magistrado español vinculado a Zapatero y su gobierno que puso en la calle a algunos y a una tropa de violadores asesinos ya reincidentes en el crimen todos, por cierto.

ETA abrió, desde luego, nuevas tumbas pero fue al fin derrotada policial y socialmente. Por el pueblo y por la Democracia. Lo pudo ser también, y de manera total, políticamente, pero ese fruto no fue recogido. El nacionalismo acudió en su rescate al sentirse amenazado con el Pacto de Estella y al final el presidente Zapatero forzó la legalización prematura y apresura de Bildu, por parte de un Tribunal Constitucional afín, que había sido rechazada por el Tribunal Supremo. Eso permitió que sus herederos respiraran, volvieran a las instituciones y comenzaran a propalar e imponer un relato perverso y falaz sobre aquellos años del plomo equiparando a victimas y verdugos y hasta celebrando a estos últimos como héroes.

Esos, bien conocidos, son los que entonces, que hace 20 años se escondían en sus covachas y había de proteger la ertzaina de las iras populares. Los que emitieron este comunicado donde en absoluto condenaban la atrocidad del crimen, ni habían pedido clemencia alguna siquiera, pues en su vesania decían: “Las fuerzas políticas (el Pacto de Ajurianea compuesto por PSOE, PP y PNV esencialmente) no nos ofrecen ninguna salida y, atrincheradas junto por el PP en su clara apuesta a favor del enfrentamiento, hacen un llamamiento al linchamiento social y a la puesta en practica de un autentico estado de excepción, bajo una falsa apariencia de democracia”. O sea, los terroristas eran los verdaderos demócratas y los ciudadanos pacíficos el totalitarismo, el fascismo, con falsa apariencia de democracia. Ese era el discurso de HB entonces, tal vez salió de la pluma de Otegui y sigue siendo su relato. Pero ahora, además, ¿a quienes nos suena ese discurso?. ¿A que nos viene sonando y nos ha sonado en estos últimos en sus palabras, en sus actos y en sus hechos, en tantas ocasiones tiznados de tanta mendacidad como de emboscada vileza?.

Nos ha sonado en efecto así y a lo mismo en Madrid y en su alcaldesa Manuela Carmena, en Cadiz, en Alicante, en Palma de Mallorca, en un Monedero venenoso y en sus voceros justificantes de la resistencia y cicatería a la memoria, el recuerdo y la recuperación de un impulso que hizo unido, bueno y valiente en el dolor y el sufrimiento a todo un pueblo.
Los filoetarras han tenido siempre en los separatistas catalanes, ERC y aún más la CUP, valedores continuos desde que Carod Rovira cometiera la ignominia de Biarriz de lograr acuerdo en que excluyeran a Cataluña en sus asesinatos y los cuperos no han ocultado jamás su sintonía y hermandad con ellos compartiendo proclamas, métodos de kale borroka y cabeceras de manifestaciones.

Eso estaba descontado pero ahora ya podemos contar en la parva, por si hubiera duda alguna y porque esas son las vergüenzas descubiertas, a quienes habían procurado camuflar simpatías, abrazos y alianzas. Pero que en ello han andado siempre, andan ahora y pretenden establecer como meta y destino. Podemos, Iglesias y sus escuderos y versiones varias, han tenido siempre hacia ese mundo la empatía emocional-una cierta parte de la izquierda siempre la ha tenido- que jamás han mostrado con las victimas. Ellos son, en el fondo y en la piel, “de los suyos” y como tal los sienten y los rustican o excusan. Las victimas no. Son extrañas, ajenas, revisables, sospechosas incluso. ¡Hasta del PP!. Como el pobre Miguel Angel Blanco, que esa es parte de la incuria en el aniversario de su tortura y ejecución que les ha acabado por aflorar. Lo malo es que era del PP. Y por ello es por lo que Carmena no ha puesto, ella que tiene la fachada del Ayuntamiento de Madrid llena y por todo lo que se les ocurre, de cualquier cosa la pancarta y ha ido a rastras, mintiendo, serpenteando y obligada a los actos donde la recibió el abucheo de algunos, pero aunque mantuvieron respeto y silencio, la repulsa de tantos que descubrían sus engaños y su juego. Cuando su portavoz Rita Maestre quiso explicarlo fue peor. Porque la mentira balbuceada se convirtió en evidencia y sus reptilescas excusas se hicieron insostenibles. La peor y mas procaz que no lo hacían por no agraviar a otras victimas. Un absurdo que no sirve ni como falacia. Aún menos cuando las organizaciones de victimas señalaban que entendían a Miguel Ángel como un símbolo y que en ello se sentían representadas todas. Porque en su efectos y consecuencias, Blanco no fue una victima más ni aquellos unos días cualquiera, como barbotaba tartamudeando casi Rita Maestre en una tele.

La pancarta que había sido pedida, al margen de partidos políticos, por la Asociación por la Tolerancia, y para tan solo estos (una nueva falsedad de Carmena) se ha convertido con su clamoroso vacío en otro símbolo. El del verdadero rostro del actual gobierno del Ayuntamiento madrileño y el de la alcaldesa Carmena. Como ha destapado a muchos otros de ese partido y hasta algunos cobardones y sectarios socialistas entre ellos siete concejales de Lasarte donde gobiernan y donde fue asesinado Miguel Ángel y años después en 2001 su propio compañero, el concejal y , teniente alcalde del PSOE. Floilán Elespe, los que hoy comparten aquellas siglas pero no su corazón ni coraje ni principios, se negaron a condenar al terrorismo de ETA.

Bildu ha demostrado una vez más que es y quienes son. Enviar a un representante tuyo, que aplaudido el asesinato y nunca lo ha condenado , al acto de Ermua fue un insulto parejo a su bloqueo a una declaración institucional en el Parlamento para la que se necesita unanimidad y que ellos impidieron como luego el no acudir siquiera al minuto de silencio.

Los de Podemos han sido lo “nuevo”, que es en realidad tan viejo como los conciliabulos y hermanamientos de Iglesias en las herriko tabernas, la adopción del mismo relato de la transición y la democracia y los abrazos parranderos de final de mitin con el delincuente Pablo Hasell condenado por apología del terrorismo y vil insultador de Ortega Lara cuando, al igual que del asesinato de Blanco, se cumplieron 20 años del final de su secuestro, cautiverio y tortura por parte de los etarras. Ahora ha sido ensuciar el recuerdo, la memoria y la lección de aquellos de julio en que fue asesinado Miguel Angel Blanco y el pueblo se alzó, manos blancas, ofreciendo sus nucas, contra ETA.
Porque eso es lo que pretende Podemos, como línea estratégica , cuerpo de doctrina y principio esencial de su asalto, no a los cielos, sino a nuestros derechos y libertades: ensuciar nuestra memoria. Ensuciar aquello que hemos hecho como pueblo, hermosa y dignamente: la reconciliación, la democracia, la transición y ahora la lucha contra ETA. Ensuciar la imagen de Miguel Angel Blanco y la de todas las victimas. Eso es lo que han pretendido. Pero puede que los que hayan más manchados aún hayan sido ellos.


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