La Marea de Pérez Henares

Justicia embarrada

12.05.17 | 12:07. Archivado en Oleaje político

Si por la marabunta mediática fuera, si de los tabloides digitales uno se guiara, si de las tertulias del agitprop hubiera que sacar conclusiones uno llegaría a la certeza de que en este preciso instante las pandillas de corruptos, presuntos o ya convictos, encabezados por el nuevo capo Nacho González se encuentran disfrutando de paradisíacas playas caribeñas, solazándose con sofisticados cócteles a la sombra de las palmera. Eso se diría al soportar la incansable y repetida algarabía donde se clama sobre la connivencia con los corruptos, se acusa de presiones, trampas y toda suerte de maldades al gobierno y a no se que más oscuros poderes para que los señalados queden absolutamente impunes, limpios de polvo y paja y celebrando la vida con el dinero robado. A la sombra de las palmeras, vamos. Pero resulta que donde están es a la sombra de las cárceles.

Que esto es lo que uno no acaba de entender. Se quiere socarrar al fiscal anticorrupción, al ministro de justicia, al presidente del Gobierno y a todo bicho pepero como reos de chivatazos, apoyos, escapes y defensas de los pájaros enjaulados. Pero resulta que donde están los pájaros es en la jaula y en este caso denunciados por alguien que volaba en la misma bandada. Algo no cuadra. Algo se exagera. Algo se miente y algo se utiliza torticeramente para demoler al contrario aunque en la tarea se ponga el riesgo los propios muros maestros del sistema y las instituciones. ¿Pero es a quien le importa hoy en política y en comunicación en España?.

La imagen de una justicia embarrada, sometida y entregada al poder político donde solo algunos justicieros con estrella y balas de plata en pecho y en revolver de plata son los héroes solitarios, donde unos fiscales, los buenos, que luchan a brazo partido contra otros, los malos y donde el director del film televisivo ya tiene, de antemano, preparada la soga. Esta es la grotesca escena que se están haciendo tragar como realidad a la sociedad española. Y es algo que pagaremos, y a no tardar, muy caro. Es la postverdad, o sea una mentira que no se sostiene si se aplica un mínimo de razón y de juicio, pero para ninguna de ambas cosas esta el patio que en lo que anda es en la propaganda y la consigna. Como muestra un botón: cacería de un fiscal que resulta ser el que consiguió las pruebas contra Gonzalez con las escuchas y micrófonos y que ha sido quien solicitó la prisión incondicional para el y sus más cercanos y presuntos cómplices. Da igual: es el protector del “corrupto”.

El asunto primero, el esencial es, por supuesto, y eso hay que proclamarlo todas las veces que sea necesario, la corrupción. Y desde luego no son ajenas las siglas en las que se ha acaparado. Que no es una sola, sino que más bien son todas las que han tocado “pelo”. Pero a partir de ahí lo que esta sucediendo es cada vez más graves. Porque se esta afectado al propio estado de derecho, a los derechos constitucionales y fundamentales de la persona, a su defensa, a su presunción de inocencia a que sea la justicia quien ha de demostrar que es culpable. A lo que es la piedra angular del sistema democrático, de la ley y de los derechos humanos.

En estos últimos días asistimos a la normalización de la violación de esos principios. “Filtrar” significa simplemente hacer de la prensa el elemento primordial para dejar ya sentenciado un primer y definitivo juicio e influir en todo el proceso. “Filtrar” es cometer una grave falta y hasta un delito en el ejercicio de las funciones y obligaciones publicas y dejar indefenso al acusado aún antes de que lo sea. Los filtradores son, ¡que sarcasmo! Quienes han de custodiar el secreto, quienes están obligados a guardarlo. Pero resulta que ahora que hay jueces que en vez y antes de hablar en sus autos y sentencias ya la “colocan” en los medios, aunque sean tan solo los instructores. Porque ahora hay fiscales y policías que antes que dedicarse a serlo y a ejercer como tal y en exclusiva se han convertido en las gargantas profundas de este u otro conducto mediático para arrimar el ascua a su sardina, tribal o política.

El caso ya más alucinante y fuera de toda idea de lo que ha de ser la actuación judicial lo han dado algunos fiscales madrileños. Sin prueba alguna, a lo Gila “aquí alguien ha matado a alguien” señalan por escrito al secretario de estado de Interior acusándole, pues es una acusación en toda regla y algo peor ya que la hacen sin que señalen el delito siquiera del que se acusa, de haberse “chivado” a un imputado, que ni siquiera lo era entonces, y sin base alguna excepto la especulación y el prejuicio. El daño a la persona es tremendo pero lo es mayor a la institución y si me apuran a ellos mismos y la suya, pues nada es más impropio que un fiscal se permita ya no solo acusar sino prejuzgar por un “barrunto”, lo dicho, a lo Gila. Pero esto no es un chiste.

De lo sucedido solo podría y debería concluirse en dos posibilidades. Si se prueba que Nieto lo hizo, algo que el niega y que ha explicado con detalle y argumento, debería abandonar su cargo y la política de inmediato. Pero si los fiscales no tienen prueba ninguna, si lo que han hecho ha sido algo tan contrario a derecho y tan injustamente temerario, debían ser ellos los apartados no solo del caso sino de la carrera fiscal porque se demostrara su indignidad para ejercerla. ¿O es que jueces y fiscales son impunes? ¿O es que ellos no tiene que responder de sus actos?.

Porque esto también empieza a ser una cuestión que cada vez más vamos a tener que ir preguntando: ¿A ellos quien los controla, a ellos quien los juzga?. ¿A ellos quien les exige responsabilidades por sus errores o peor que errores que causan tremendos daños? ¿Gozan de impunidad acaso? ¿O es que están por encima de ley y se pueden permitir el retorcerla cuanto y como quieran?. Se que no, que las leyes dicen que no. Pero es que muchas veces empieza a parecerlo.


Sábado, 27 de mayo

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