La Marea de Pérez Henares

Arcada y vómito de la política

28.04.17 | 23:00. Archivado en Oleaje político

Desde muy joven me ha apasionado la política. He sufrido por ella. No estoy dispuesto a seguir haciéndolo ni un segundo más. No lo merece. Me ha defraudado de tal forma, me ha engañado de tal manera y me ha dañado tan hondamente, que no me queda otra salida que detestarla. A sabiendas que no es por su “maldad intrínseca”, que no es tal, sino por la inmensa mentira en que está envuelta y en la que se envuelven no pocos de quienes viven de y por ella.

A día de hoy, en este preciso y actual momento procesal, no queda ni raspas de sus proclamados principios esenciales de servicio y otras declamaciones tan rimbombantes como vacuas. No hay ideología ni idealismo que valga. Lo único que existe, lo sustancial y sustantivo, su pulsión verdadera, es la más fiera y embarrada de las pasiones humanas: EL PODER.

A él y por él se apuesta todo, a su obtención y a su mantenimiento. En todas sus formas y maneras, en todos los anillos que en el fondo son todos uno mismo. Nada más importa que el poder y ese, y no otro, es el objetivo primordial. Lo demás son añadidos, excusas, formulas y caminos para lograrlo. Que quizás no sean mentiras totales pero que desde luego no son verdades en absoluto. La supuesta tramoya de las siglas y los presuntos cuerpos de doctrina se quedan en cueros ante la simple mirada de los hechos y un rayo de razón crítica.

No es sino su culpa que hoy se perciba a lo que se hace llamar derecha como corrupta, cobarde y dispuesta a acomodarse a lo que sea con tal de mantenerse. Son los repetidos hechos de quienes la han representado en cargos relevantes y se han dedicado a robarnos a todos. Porque es a todos a quienes nos roban esos saqueadores de las arcas públicas, a quienes y como toda medida, salvo excepciones que confirman la generalidad de la conducta, los demás como mucho se limitan a mirar para otro lado y medrosamente callan o pretenden sellar para que no huela la fosa séptica. Que acaba siempre por estallar, por cierto.

No esta, para nada, la presunta izquierda, libre de tales pecados. Cuando tuvo el poder, y donde lo tiene, se refociló con alegría en ellos. En los mismos y con idéntica respuesta colectiva. Añade a ello el rencor y la demagogia como verdaderas, aunque ocultas, señas de identidad y sus autoproclamadas y pregonadas superioridades éticas, morales y su bondad universal no son más que una inmensa y colosal mentira.

Pero aún me cuenten menos cuentos de los redentores mesiánicos que han aparecido vendiéndose como puros, limpios y nuevos cuando son más viejos y oscuros que el hilo negro. Ahí el rencor es odio hirviente y toda su proclama solo es un atajo, con aún mayor fraude y engaño, hacia la tentación totalitaria y liberticida. De algunos otros adanes estupendos y oportunistas ya he tenido también bastante.

Así que me borro. Me han echado no de su ejercicio directo, en el que tan solo estuve ingenuamente durante un tiempo, sino de su creencia. Me han echado quienes la hacen, la ejercen, la mecen, la consumen, la aprovechan y la corrompen. Me gustaron siempre poco, y cada vez me gustan menos, quienes la hicieron, y ahora en muchos casos, única, exclusiva y ascendente profesión. En esa corrupción de su concepto esta el origen de todas las corrupciones derivadas. La representación de los demás no puede ser oficio eterno y carrera privilegiada. Por eso fue mas limpia y digna cuando quien en aquello se metía no tenía, para nada, al alcance el poder y no era ese su objetivo. Y hoy el Poder, retorno a la piedra angular del edificio, es la meta, el anhelo y la esencia de la política. No lo fue en un pasado cuando era la libertad el sueño.

Por esta profesión de periodista uno lleva años en el rebufo de todo ello, en el oleaje de esos poderes y de sus protagonistas. Tanto tiempo en esas cercanías que casi, por fortuna casi, ha podido llegar a ver como “normales” prácticas que no lo eran en absoluto y como hábitos comprensibles las indecencias más obscenas. Se acabó. Me declaro en guerra completa contra ningún pretendido patriotismo de sigla que no es sino conveniencia de partido de poder o de bolsillo. O a la vez de las tres cosas.

Serán y son necesarios los políticos. No lo pongo en duda. Pero solo me comprometo a soportarlos por mandamiento constitucional y democrático. Porque a pesar de bastantes de ellos, creo en la Democracia y me siento amparado y libre por mi Constitución. Eso todavía no han logrado arrebatármelo.

PD. Por si alguien pretende arrimar ascua a sardina. He mantenido y mantengo, y hoy más con el huracán desatado desde todos los puntos cardinales, que Rajoy es un honrado, prudente y eficaz gobernante que ha librado a España de los peores abismos. Que las sucesivas bandas de golfos que afloran en su partido han sido en multitud de veces sus más encarnizados enemigos. Que su error fue pretender apartar con sordina y enterrar en el sótano la pestilencia. Ese ha sido su pecado y esta su penitencia. Por eso aplaudo a Cristina Cifuentes, en su denuncia y su aportación de pruebas sin importarle que fueran de los “suyos” en lo que marca un ejemplo para su partido y para todos los partidos.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Miércoles, 26 de julio

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Julio 2017
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
         12
    3456789
    10111213141516
    17181920212223
    24252627282930
    31