
Este próximo martes presento, y con ello cierro ese capítulo, en Guadalajara "La mirada del lobo". Como pueden imaginarse, es algo de especial significación para mí. Será en la sala Tragaluz del Buero Vallejo a las 20 horas del día 1 de marzo. Están, por supuesto, todos invitados y en especial, claro, los alcarreños
Me acompañarán Antonio Miguel Carmona, mi rival en las tertulias y buen amigo tanto en el plató como fuera de él. Apasionado por Sthendal, como el que suscribe, gran lector y uno de los pocos politicos con los que hablo de cosas importantes, incluso de política. Tambien estará Fernando López Herencia, pasiano, uno de los colaboradores más directos de Felix Rodríguez de la Fuente, que como saben filmo mucho de "El hombre y la tierra" en el Rio Dulce, a un tiro de piedra de mi Bujalaro natal y donde he pasado y paso mas de una tarde y una noche pues "El Cerrillar", que da a sus cantiles ha sido mi refugio desde que la tuvo Jesus Villaverde, mi amigo tristemente desaparecido siendo aún joven y ahora su hijo, con su mismo nombre. En muchas de mis novelas respiran sus paisajes y en "El diario del perro Lord" se convierte en escenario continuo de nuestras andanzas.
López Herencia es ahora el director del Zoo de Guadalajara y fue el halconero de cabecera de Felix. El dirigió las primeras estaciones de cetrería en los aeropuertos para ahuyentar a las aves que podían provocar accidentes en los aviones y en aquellos nuestros años mozos me enseñó a mí a llevar en el puno a un "peregrino".
Tendré pues buenos padrinos y espero que la compañia de todos los paisanos que quieran acercarse al Buero para un libro que debe tambien un mucho a Felix, como toda mi generación y algunas más el haber despertado a la necesidad de preservar la Naturaleza. Más de uno ha capatado que esa primera escena de los hombres atacando la lobera tiene un mucho de homenaje al verdadero patriarca de la ecologia española.
De todo él he querido hoy traerles una página, que es mi favorita, que he pulido hasta dejarla en lo que finalmente aparece publicado y cuyos ecos, como un texto de referencia, sonaran de aquí mismo a más de uno. Representa para mi en muchos aspecto la esencia de lo que aspiro y siento cuando estoy en el bosque y me sumerjo en la naturaleza.
EL OJO EFÍMERO
Todo en el monte es efímero. Cruza el corzo y ya ha pasado, ya no está, ya parece no haber estado nunca, ni ahí entre la leña de los quejigos, ni en el ribazo del arroyo, ni en la tierra húmeda donde tal vez aún quede una huella, ni entre las aliagas por donde se ha perdido en la costera. Llega el ruido del jabalí a la hojarasca y ya se ha apagado, ya parece no haberse producido nunca. Se concreta, tal vez, y atraviesa negreando el mínimo claro, o no. O se desvanece como si jamás hubiera llegado a nuestro oído. Como el jadear de los lobos que le perseguían, como el grito áspero del arrendajo, como el vuelo rasgando el aire de la torcaz. Estaban hace un instante, han pasado y ya no están. Y cree el hombre que hasta el recuerdo le engaña y siente la tentación de comprobar, de fijar, al menos la pisada.
Cuatro veces oyó las grullas que bajaban. Quiso verlas pero hasta perdió sus gritos y dudó .Sólo al quinto clamoreo divisó la bandada, muy alta , que pronto se esfumó también y luego hasta volvió a dudar de que en algún instante hubieran estado suspendidas en aquel cielo.
Todo es pasar en el monte, sólo el ojo del hombre parece ser el que permanece, el que quiere poseer su movimiento. Pero ni siquiera puede retener la huella. Quizás tan solo pueda retener la vida en movimiento con la muerte y el manchón oscuro del animal abatido e inmóvil.
Pero también se va el hombre, se va su ojo. Queda únicamente el paisaje y tampoco. Los chaparrales mas luminosos con sus hojas que ya amarillean y este sol calido, que no hiere y sí acaricia la tierra y besa a los árboles y a los cielos, no estarán cuando regrese. Tampoco la trémula y tibia llamarada de los álamos en la atardecida de este otoño que es todo él un atardecer de la Naturaleza. Y por efímero, porque lo siente como sustancia de la vida que se le escurre del cesto del alma, porque lo ansía detener, lo conmueve más en su belleza. Por imposeible, por pasajero, lo ama.
Se va el hombre. Se va el aullido del lobo. Arriba quedan los buitres . Queda su ojo parsimonioso explorando alguna inmovilidad mortal que el cazador no haya encontrado. Queda el ojo hambriento. También se ira cuando “tardée” la tarde . La huella de mañana en la tierra húmeda será ya de otro corzo.
El hombre ha estado, ha visto , ha creído ser quien retenía las imágenes, ha querido poseer el paisaje, a sus colores, olores, sonidos y bestias. y se ha ido. El ha pasado también. Donde estaba su ojo ya no hay nadie. Su ojo es tan pasajero como el paso del corzo, como el ruido del jabalí, como el rasgar de las alas de la torcaz, como la hoja del quejigo y que donde estuvo a nada no habrá tampoco huella alguna. Y ni el ojo del buitre detectará su falta donde estuvo.
P.D. El viernes algunas bandadas de grullas sobrevolaron Madrid. Las oí y las vi sobre la Plaza de castilla dirigiendose hacia el Norte.
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Comentario por Javierati 27.02.11 | 12:16
No se de q será usted profesor, pero su peregrina afirmación de q el paso de la caza, las raíces y las danzas alrededor del fuego a la agricultura nos hizo infelices me parece de una osadía oceánica:
¿Es utd un Yamomani reciclado, recién contactado en el Amazonas, mi querido indito?
Enhorabuena si sí, xq su esperanza de vida es de unos 30 años, eso sí muy felices en su selva, cazando monos con cerbatana y esperando q tu tribu te reciba desdentada y con la cena presta...
¡Ah! y el alcarreño de la portada no ha ido a la pelu: se está secando el pelo.
Prosigo: la mitología nos lo cuenta de otra manera, al hacer que Rómulo y Caín, sedentarios, mataran a Remo y Abel, nómadas, pero en lo esencial es lo mismo. Ahora parece que estamos en una situación opuesta, pues si una catástrofe eliminara a la mayor parte de la humanidad, serían precisamente los pueblos primitivos los que sobrevivirían.
En cualquier caso, no hay que olvidar que si echamos de menos una forma de vida que desapareció, es porque la vemos de lejos. La fascinación de lo ido.
Qué bonito. Precisamente ayer, tras muchos meses de letargo urbano, me di un paseo por la Sierra del Madero, entre las localidades sorianas de Matalebreras y Ólvega. Bajo un cielo azulísimo y con la cumbre nevada del Moncayo de fondo, la encina, la sabina y la gayuba pintaban verdes diversos mientras los quejigos desnudos aún mostraban alguna hoja de color naranja. Y aunque no tuve la suerte de ver fauna viva, las huellas del corzo llenaban las trochas y, a juzgar por las hozaduras, el número de jabalíes debía ser impresionante. Claro, no es la misma sensación que verlos vivos, pero alegra saber que ahí están.
En cuanto a la felicidad del hombre paleolítico, se suele decir que la naturaleza da unas necesidades concretas y los medios de satisfacerlas, mientras que la civilización aumenta las necesidades pero sin dar medios. El hecho es que cuando la caza empezó a escasear, los pueblos que habían aprendido a cultivar la tierra salieron adelante.
Viaje a Citera: me gusta mucho la portada de "La mirada del lobo". Ya veo que a usted no. Ya nos hemos enterado, gracias
Comentario por viaje a Citera 27.02.11 | 00:08
Sí, Citera, el hombre Paleolitico era más feliz que el civilizado por la misma razón de que yo era más feliz cuando cazaba que cuando me destrozaba los riñones cavando o labrando la tierra, recogiendo almendra, algarrobas, aceitunas o vendimiando. Si usted hubiera realizado estas dos actividades lo comprendería mejor.
¿Usted no ha visto en los documentales de National Geographic la alegría de los chimpances cuando cazan una presa? Pues la misma sienten los cazadores y sus perros cuando cobran un conejo o un jabalí.
Con la civilización llegó la esclavitud, las guerras por cuenta ajena, la carne de cañon, la poligamia y el trabajo asalariado, cosas que no son divertidas para quiénes las sufren.
El hombre del Paleolítico salía por la mañana a cazar, se comía un rico asado en el campo, y regresaba por al tarde a la cueva o choza, donde era recibido por su mujer con alborozo.
Comentario por viaje a Citera 27.02.11 | 00:08
¿No se da cuenta caballero que el hombre del Paleolítico era feliz porque ya llegó a Citera hace 10.000 años?
Uno se pregunta por qué Afrodita, la diosa del amor, nació en Citera. No importa. Una cosa está clara y es que Citera no es sólo para los enamorados sino para la personas en busca del amor.
Transbordadores a Citera desde Corfú, pregunte for Cruceros Dyonisos y buena suerte. Espero que llegue pronto.
tampoco yo sé, Löwe
la afirmación de Javier Ati "el hombre del Paleolítico, el de “La Mirada del Lobo”, era un hombre más feliz, entre sus miserias, que el hombre civilizado, el hombre actual, que todo lo tiene" asombra: está hablando de hasta hace unos 10.000 años, pero es Profesor y sabrá
Blogger, sería bueno que le cambiaran la portada a "La Mirada del Lobo" en la siguiente edición porque la que lleva ahora es de peluquería
No suelo comentar estos artículos porque no sé.
Por lo tanto me referiré al tal Losada para preguntarle: Lo tuyo, ¿se nace o se hace?
Por lo que dices, pareces un viejo que añora aquellos "tiempos de placidez".
Por el tono en que lo dices, pareces un imberbe que le han metido eso en la cabeza a machamartillo.
Y por cómo lo escribes, es para echarse a llorar. Pero supongo que estás aprendiendo español a marchas forzadas, lo cual también es meritorio.
Un saludo, hombre.
PD: ¿Tú cuál de los tres vinos del hilo anterior has bebido? ¿O eres de los que tienen prohibido beber vino? Pregunto.
estaba a punto de escribir "y si ni siquiera la bondadosa Marian está, tampoco el reloj-Nietzsche de la conferencia de Javier Ati, ¿qué hago yo aquí, bajo esta mirada del lobo?"
pero menos mal: no estoy solo
y me permito sin solicitar permiso: no "Sthendal" sino Stendhal, aunque también yo siempre me paro cinco segundos antes de recordar dónde, c***, se coloca la p*** "h" de sorel entre rojo y negro
de losada, otro jinete de los espacios de López Ibor...
las grullas, sí, es fin de semana,
pero ¿qué es lo que lleva en las manos el culturista Robert Mitchum de la portada? una rama de encina, un objeto ritual (lo sujeta con cariño), algún instrumento prehistórico? y también: ¿qué le pasa a su antebrazo?, parece una enfermedad,
aunque supongo que la explicación está en el texto
..nota bloger. está usted utilizando otro nick pero acabo de comprobar que tiene uste desde hace mucho prohibida la entrada a este blog. Sus salidas de pata de banco de esta entrada me han hecho investigarlo y comprobarlo...
Jueves, 31 de mayo
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