Mucha gente me ha preguntado por este romance. Es anónimo, del siglo XV. Yo lo se desde niño porque me lo recitaba junto a la lumbre mi abuelo Valentín Gomez. Era de trasmisión oral, que fue la mia, y hay por ello muchas versiones. Mi abuelo me escribió la suya que en lo substancial coincide. Guadalajara siempre fue tierra de lobos y vuelve a serlo. Han vuelto a su Pico, el del Lobo, techo de nuestra tierra aunque parezca más alto nuestro emblemático Ocejón. Tambien campean por el Hayedo y la Sierra Pela. Bueno va, pero que no sean los ganaderos quienes paguen sus daños, que los lobos no comen maní. Entre todos hemos de pagarlos y mantenerlos.
Ante todo es una cuestión de mínimo sentido común. O sea, de no hacer un patético ridículo. Porque otra cosa no es que dos personas que se entienden perfectamente en su lengua común utilicen un traductor y un pinganillo para hablar entre ellas. El esperpento queda retratado en ese Chaves y ese Montilla, el uno sevillano, de Córdoba el otro, haciendo el memo. Porque eso es hacer el memo aquí, en el Senado y en un bar de Triana. Vamos, para que en los tres te llamen gilipollas y no sea un insulto sino una exacta definición del asunto.
Jueves, 31 de mayo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo