Cuando el sol oculta por fin su sangrienta agonía, cuando la luz del crepúsculo se evapora y el cielo oscurecido preludia el brillo aún inexistente de la primera estrella, cuando el día ya muere pero la noche aún no ha nacido , es el silencio.
Se han ido callando las criaturas diurnas. Ha callado el cuclillo, han dejado de piar junto a la charca los pequeños pájaros, ya no viene a beber el arrendajo y ya hasta los mirlos han dejado de revolar vocingleros y escandalosos por los pies de los matones de encinas . Ha callado todo y la noche no quiere hacer oír aún sus voces. Es el silencio. Es la inmovilidad, es el suave paso entre la luz que ya no descubre ni penetra las formas y los cuerpos de la tierra y la oscuridad que aún no acaba de compactar las sombras y aun permite atisbar los contornos.
En el río el agua se aquieta, serena. Ni siquiera se deja mecer por el viento. Es el sereno que espera. Porque todo parece haberse quedado, tierra, aire, agua y cielo, esperando.
Luego se oirá la llamada del el autillo, pero ahora, por un instante que se alarga y pareciera que no iba a romperse nunca, es el silencio y nada se mueve. Nada.
Luego rebullirá un conejo, y el tamareo del jabalí y el regaño de dos turones en celo. Tardará aun más en elevarse del suelo la sinfonía de los grillos y habrá que esperar a que el gran duque se decida a hacerse oír en el gran pino donde ha dormido a salvo de cornejas molestas, de cuervos agresivos y hasta de osadas urracas que no tienen reverencia para el señor alado de la tiniebla.
Luego habrá luces en la oscuridad. Luces en el cielo y ojos brillantes en la tierra. Habrá sonidos, roces, caminar de pezuña hendida y el quedo acecho de las garras acolchadas. La noche sonará y cantará. Podrá, si hay luna, recuperar incluso formas y siluetas. Pero ahora es el silencio. Ahora se ha muerto el día y no ha empezado aun a vivir la noche.
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Comentario por Antonio Pérez Henares [Blogger] 21.08.10 | 22:11
En verdad me fije y ¡Divina de la muerte! en breve tenemos a Dracula dandonos mordiscos, y por si acaso Dracula es femenino a la calle, a ver que cae, la luna motiva, hoy se se deja.................. triunfo.
¿Qué pasa con el señor Alfonso R.ojo? Ya sabemos que el editorial se lo hace todos los días con la columna de Ignacio Camachio en ABC, pero que ya no le ponga link ni mencione su autoría no creo que le dé categoría suficiente ni para ser contertulio de La Noria.
Volvamos al silencio, sin duda lo mejor...
Comentario por Jeremias 20.08.10 | 20:30
¡Sí señor! Y las verónicas de Rafael de Paula, "Música callada", que dijera Bergamín.
Reconozco que cada vez soy más noctívago y lunático. Mirad al cielo, por un momento, que se está llenando la luna.
Ah! He borrado cagaditas de troll usurpador. No enten al trapo
ooooooh yeahhhhh.
Por cierto,para mi solo con hielo
Y en breve pasare del silencio al follón, estais invitados a lo que querais a eso de las 11 en Marchamalo, no es mi pueblo pero me viene a guevo. Me apreto las zapatillas y para el encierro, luego vuelta y ducha, pues se ve que va a hacer calor. Marcho "paya" un abrazo majos.
Como siempre: hermoso y magistral. Muchas gracias por hacernos estos regalos. Adelante Don Antonio que el que tiene derecho al fruto es el que siembra.
Tambien recuerdo el silencio en Viator (Almeria) era silencio militar, pero con el sol "desmayao" era divino, los contrates almerienses son iguales pero al reves que los gaditanos: ¡ A cual mejor! Ole país el nuestro.
SILENCIO era cuando en las Ventas Antoñete desmayaba la muleta antes del primer trincherazo. Ese, como el suyo, si que es un silencio sepulcral. En lo poetico no oso compararme con usted ya que lo borda, pero el silencio al menos creo que se lo he empatado.
../..En una de esas ocasiones, imagino que al pequeño le habían "comido el coco", o sencillamente otorgado la confianza necesaria para lanzarse al vacío (hablo de un quinto piso), el adulto se lanzó al aire, y el polluelo también lo hizo, tímidamente.
Aquel primer vuelo del polluelo fue un verdadero espectáculo de la naturaleza.
El adulto volaba por encima del jovencito, sin parar de animarle con sus trinos.
Poco a poco, el jovenzuelo se permitió el lujo de remontar vuelo, y se reunió con un grupo de adultos, que parecían estar esperándole.
Imposible describir mis emociones de entonces.
¿Vencejos?, ¿golondrinas?, ¿aviones?, no lo se aún.
Belleza y prodigio de la naturaleza.
Se me olvidaba: blogger, suelo tutear a todos en la red.
Quizás sea porque ya no tengo pelos, o porque para mí, todos sois mis hermanos.
¿Quién lo sabe?.
Un abrazo.
../..El motivo de mi sorpresa era que el pajarillo no estaba solo.
Encima de la balaustrada había otro adulto, que no cesaba de comunicarse con él, y si más piaba el pequeño, más fuerte le replicaba el grandote.
Llamé a mi esposa, y le dije, por señas, que no hiciese ruido alguno.
Allí observamos, admirados, que el adulto, padre, madre, o responsable de la educación del "jovencito" pretendía enseñarlo. a volar.
Imagínate un balcón de seis metros de longitud, con balaustrada de barrotes blancos, separados unos diez o quince centímetros entre ellos.
El adulto bajó al suelo, y se colocó en la base de los barrotes, próxima al suelo, y desde allí !llamó al polluelo! varias veces.
Muy torpemente, el polluelo llegó a la base de los barrotes, y observó atentamente a su monitor de vuelo.
Y aquí la maravilla: el pájaro adulto se lanzó por varias veces al aire, dando unos vuelos cortos, y volviendo junto al pequeñín, sin parar de piar.
../..
He preguntado a un buen amigo (estoy con esas aves que yo llamo vencejos, y tú me corriges diciendo que pueden ser golondrinas o aviones), y me comenta que esta colonia que habita por aquí está compuesta de golondrinas, primero, y de aviones después.
Los vencejos los vemos pasar (todo ello según mi docto amigo), en su periplo africano, unos cuantos días al año.
Gracias por sacarme del error.
Y ya puestos en faena, te voy a narrar un hermoso pasaje real sucedido hace cerca de veinte años, cuando mis dos hijos pequeños eran unos críos. Prometo no hacerme pesado.
Unas golondrinas habían construido un nido en un rincón de mi terraza, en contra de los deseos de mi mujer, como es lógico.
Una mañana, mientras me preparaba un café, escuché el canto/piar o protesta de un pequeñajo en el inetrior de mi terraza.
Andaba a saltitos, muy torpemente, y piaba mirando al cielo.
Me acerqué a la tarraza, y quedé sorprendido y admirado.
../..
Es fascinante el valor del silencio, hoy tan denostado, sobre todo en la serena nocturnidad. Escuchar el silencio ¿hay algo más sublime y placentero? Es un gran aliado para el goce y disfrute de las cosas más sencillas.¡Cuántos sonidos son imperceptibles de día y cuántos detectamos en la anochecida! Estridulan los grillos, croan las ranas, rumorean los pinos mecidos por la suave brisa, nuestro propio interior vibra. Todo se vuelve tan espiritual que sobran las palabras. Por ello guardamos el eco de esa voz que, no por escondida estaba muerta.
Me gusta recordar las palabras del abate Dinouart:"Hacer callar el lenguaje para hacer hablar al silencio".
Los lectores no necesitamos genios, sino claridad, ritmo, buen lenguaje y belleza. Este tipo de artículos contribuyen a ello.
Sotto voce.
Silencio. Eso es lo único que se me ocurre cuando su post se pasea por el territorio literario-poético. Pero no me gustaría que creyera que no lo leo.
Y “con mi ruido” decirle que asusta el silencio, que da miedo. En el campo o en la ciudad: algo pasa, algo incomprensible, cuando no hay ni siquiera un rumor de fondo, algo inusitado junto al mar, que no puede callar.
O el silencio del otro. O el propio, tan peligroso porque puede despertar al olvido, como dice una colega.
Sugerente el tema. Bueno el texto. Gracias.
Gracias, Liberche y gracias Saruce.
A usted no puedo reprimirme el decirle que si que cantará por allí el cuco, aunque ahora ya se estén yendo para sus "áfricas" después de haber logrado parasitamente que "otro" les saque adelenate el pollo. Ponen sus huevos en nidos de otros pájaros".
Pero está lo de los vencejos. Es mi ave favorita. Y lo es por su cualidad de vivir siempre en el aire. No se posan jamas en tierra y si cayeran al suelo no podrían , por sus mímas patas y largas alas, volver a levantar el vuelo. Duermen, incluso, suspendidos en el aire, elevandose a las alturas en los atardeceres. Anidan en aleros y roquedos. Es por ello que no pueden ser los que usted cita. Tal vez sean sus primas las golondrinas o sus primos los aviones.
Pero si que tiene razón en que olvidados los atardeceres del litorlal. Quizás porque yo sea demasiado mesetario y de muy tierra adentro. Pero si que es un olvido.
Gracias por leerme.
¡!Joderrr Bloger ¡!
La vena “romanticopoetapreludianadelsilencio” no ha podido quedar mejor reflejada, e incrustada como comunicación y descripción de lo abstracto de lo íntangente, de lo sublime... ¡! Hoy te has despertaoo sembraoo ¡! Pa que después diga algún palurdo,, que mister Henares, no es escritor, ni escribiente.
Te felicito por tu creación inteligente y espontánea. Las obras son hechos y amores.
¡Y qué hermoso es el silencio esperado!.
Lo pintas muy bien, mirando desde tierra adentro.
Es un puro gozo pensar que aún existe alguien capaz de sacar "sonidos agradables" al silencio, con la pluma, el ordenador, y hasta con el bolígrafo transparente.
Quizás te ha faltado (¿o no?) hablar del crepúsculo junto al litoral, sea playa o acantilado.
Pero no importa, otra vez será, espero.
Gracias, amable blogger, por haber expresado con tanta belleza, lo que es hermoso por naturaleza, pero que los superocupados de este mundo hemos acostumbrado a hacerlo/dejarlo pasar desapercibido.
Por aquí, por el sur del sur, no cantan los cuclillos, los vencejos ocupan las ramas de los árboles, y juegan con sus crías, mientras que las gaviotas esperan la llegada del nuevo día, en sus escondites nocturnos.
Y la brisa marina adormecerá a los niños, para que sus padres puedan disfrutar de la visión de la luna reflejada en el mar.
Un silencioso abrazo.
Jueves, 31 de mayo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo