La Marea de Pérez Henares

La noche del cazador (en homenaje a Delibes)

13.03.10 | 11:46. Archivado en Oleaje verde
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Durante este fin de semana, y en homenaje a don Miguel Delibes, vamos a callar la algarabía política. Dejemos espacio a la literatura y abramos la puerta a la palabra verdadera. Lo considero el mejor escritor español del siglo XX, (era él, de su generación, el acreedor del Nobel) lo tuve por maestro de periodistas y , como buen y noble cazador, como uno de los grandes precursores de la conciencia ecológica en España.
Como torpe homenaje dejo estas líneas, aunque a don Miguel “la mayor” no le gustaba. El iba a sus perdices.

La noche del cazador

Echa a andar hacia el crepúsculo, buscando silenciosamente el silencio y el frescor de la oscuridad. Y todos sus silencios, y cada unos de sus roces y el sobresalto de todos sus sonidos. Porque nada suena como la noche del cazador ni nada tiene más silencios escudriñados como aquellos que suceden a un leve chasquido, a un mínimo tamareo y que, casi siempre, desaparecen y se diluyen en la nada.

La noche del cazador tiene en el preámbulo las voces previas al silencio que descorrerá la cortina de las voces nocturnas a los mirlos que unas veces suenan con toda la armonía del atardecer y otra con toda la algarabía de las alarmas y el sobresalto. Tiene también el zureo tardío, ya como más echado, de alguna paloma. Tiene pájaros cerca de la charca, si hay charca. Tiene insectos que zumban y puede tener muchos mosquitos vibrando peligrosamente cerca de nuestra oreja. Puede tener incluso a la última codorniz. Pero todos habrá un momento en que se detengan. Casi de golpe. Hasta el rebullir de los conejos parece haberse detenido.

Hasta que suena profunda la voz del autillo. La noche, calida, del verano ya está sobre el cazador y ahora suena la brisa de otra manera entre las encinas, y de otra manera siente agitarse las retamas. Entonces el cazador humano mira hacia arriba en busca de luna y de las tres estrellas juntas en la cintura del cielo. Entonces el lobo se para en un altozano y ventea los efluvios que le trae el aire. Y los dos se quedan inmóviles cuando rompe la noche el ladrido cercano de un corzo en celo o el inconfundible acercarse regruñendo de una piara. El hombre comprueba entonces, una vez más de donde sopla el viento, para ponerse a su favor y tenerlo siempre en la cara y el lobo se amaga y se pierde, sombra entre las sombras, en la oscuridad.
La luna más hermosa salió anoche. El crepúsculo se esfumaba tenue hacia el naciente, conservando todavía rescoldo de brasas por poniente, entre los gritos alborotados de los mirlos. El hombre acecha, inmóvil, sobre el manantial y la pequeña poza de agua, en un pequeño valle dando cara a una costera punteada en su viso por encinas de redondas copas. Tras una, empezó a brillar y de ella emergió con redondez perfecta hasta separarse del horizonte y alcanzar el cielo mientras de la tierra oscura subía acompañándola la armoniosa algarabía de los grillos.

Lentamente, y según se alzaba, comenzó a bañar los árboles, luego los matorrales y finalmente umbrías y oquedades del sombrío suelo para hacerles de nuevo perfilarse y tomar su individuales formas desligándolos de la amalgama de la tiniebla. Pero eran otras formas y otro color por esa su luz inusual que nos estremece y nos inquieta porque no es su luz, la luz bajo la que caminan los hombres .Es la luz que ama el lobo, bajo la que camina el lobo y a la que el lobo ama.
Pero esta noche no parece querer hablar. La noche clara se limpia aún más hasta hacerse casi traslúcida en un cielo donde a las estrellas les cuesta hacerse notar e insinuar su parpadeo. Solo algunas hilachas de nubes, como guedejas lanosas se atisban en algún costado del firmamento sin estorbar el paso del astro lleno.

Daban ya sombras las encinas en el monte cuando detrás de aquella de la costera, de la misma copa y por idéntico lugar, surgió, siguiendo a la luna, un lucero. Ninguna estrella lo igualaba porque no es ninguna de ellas sino un cascabel de luz, como un pequeño recental que sigue, sin intentar alcanzarla, respetuosamente, el paso de su madre.

El bosque alrededor de la fuente asoma sonidos que no acababan nunca de continuarse, amagaba chasquidos , el rebullir de un conejo o el atisbo de algún pájaro nocturno , cuando se rasga de pronto el velo del silencio con el ansioso guarrido de un zorro en celo escandalizando al monte . El grito del raposo se alarga a intervalos, haciéndose oír en los collados o aflautándose al transitar por cárcavas y hendiduras. Danzó su alarido durante un tiempo , ahora pareciera que acercándose , luego lejano y una vez ya no volvió a repetirse y parece que su voz nunca hubiera estado.

Y es entonces cuando se levanta la verdadera voz a la luna. Es entonces cuando el lobo detiene su trote, olvida al corzo que ha ladrado y responde al zorro enloquecido. El lobo está en la cuerda, dominando los valles. Se asoma al viso y el canto le brota de lo más profundo del pecho y lo lanza al espacio. Es un aullido largo, sostenido, que recorre todo el espacio y parece alargarse y extenderse por todo su cazadero. La noche es del lobo y el hombre lo sabe. El lobo se siente dueño y lo proclama. Y luego escucha, quiere que le contesten otros lobos.

20 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Jeremias 20.03.10 | 09:27

    No cai en su dia en este tema, pero ahí queda:
    Una verguenza la ausencia de la casa real. Van a partidos de futbol para ser abucheados por los nazzis de los nazzionalistas, a pasarelas o a actos de los de la ceja y faltan al entierro/funeral del más grande, me jode decirlo pero no tengo más remedio.

  • Comentario por zp traedor.... 14.03.10 | 10:08

    Por cierto CHani, es la segunda vez que veo en un texto tuyo la bellisima palabra "tamareo". Nunca la habia oido antes. Imagino que es lo mismo que el "jareo" que usamos por aquí, cuando una res hace ruido de jaras.....

  • Comentario por zp traedor...... 14.03.10 | 10:00

    Ni mi padre ni mi abuelo ni nadie de mi entorno era cazador. A mi, no se por que misterio de la vida, la caza siempre me apasionó. Con el primer dinero que gané me compre una sarasqueta paralela de segunda mano, pero tuve que esperar 6 meses a cumplir la edad minima para obtener el permiso de armas. Iba todos los dias a la armeria, a que me la sacaran y poder tenerla en mis manos un rato. Fue entonces cuando conocí la obra de Delibes. Un viejo cazador que iba por la armeria me regaló el libro "diario de un cazador".

    Puedo decir sin equivocarme que soy cazador y lector gracias a don Miguel.
    Me importan un carajo los premios que le hayan dado o los que le hayan negado. Eso no le quita ni le pone un apice de merito.

    Gracias Miguel y descansa en paz. Nunca te olvidaré. Y donde estés no dejes de cazar perdices ni de escribir novelas.

  • Comentario por Jeremias 14.03.10 | 08:25

    Anoche vi Los Santos Inocentes, pelicula genial y fiel al genial libro de Delibes. El campo, la dehesa y la caza en estado puro, y todos los actores geniales. Buen homenaje de TVE

  • Comentario por Javier Pérez 14.03.10 | 00:01

    Prosigo. Decía que tras el cáncer y el libro escrito a medias con su hijo, vino esa ausencia de noticias que suele preludiar el final.
    En fin, un escritor que ha sabido decir muchas cosas de muchas formas sin dejar por ello de ser fiel a sí mismo, a su tierra y a sus gentes. Su muerte me ha entristecido de una manera que no recordaba desde que hace diez años murió otra gran artesana de la palabra, Carmen Martín Gaite.

  • Comentario por Javier Pérez 13.03.10 | 23:46

    ¿Con qué impresión nos quedamos de las obras de Delibes? La dureza de la vida del campo en "Las ratas" y "Los santos inocentes", el compromiso de "Un mundo que agoniza", o quizás la sorpresa que me llevé con "Parábola del náufrago", que denunciaba la deshumanización del S. XX como "Un mundo feliz", "La guerra de las salamandras" o "1984", pero con esa ironía tan típicamente española, heredada de Cervantes y Quevedo. La misma ironía del "Diario de un jubilado", que cerraba la trilogía de Lorenzo de una forma un poco esperpéntica. Pero quizás mi favorita sea "El hereje", por la originalidad -su única novela histórica- y la reivindicación de la libertad religiosa. Cuando dijo que esta novela era su testamento literario, por un aldo sentí tristeza ante la idea de no leer más de él, pero luego consideré no ser poca suerte que alguien haya dicho todo lo que tenía que decir, y lo reconozca.
    Después vino el cáncer, el retomar el tema ecológico en aquel libro escrito a medias con su hijo...

  • Comentario por César 13.03.10 | 21:02

    Antonio:

    Te felicito. Eres un fajador en lo político y demuestras tener sensibilidad para lo cotidiano.
    Para ello,¡hay que valer!.

    Adelante

  • Comentario por antonio peláez rodríguez-sedano 13.03.10 | 20:59

    Precioso homenaje,fruto del respeto y la solidaridad con un emérito practicante del deporte de la caza. Me ha encantado el lenguaje que utiliza- conciso, elegante, castizo y propio de un gran disfrutador y conocedor de esta actividad deportiva- que me ha hecho recordar mis tiempos de aprendiz (nunca pasé de ese nivel) de estas artes, en Villarobledo. ¡Cómo se nota lo que ama la vida auténtica del campo!.Bonita lección.

  • Comentario por tmpd 13.03.10 | 16:54

    Me parece un bonito homenaje.

    Yo también pienso que Delibes se merecía el nobel

  • Comentario por Jeremias 13.03.10 | 08:48

    Claro que merecia el nobel, pero no metais a Cela por medio ¿O no lo merecia? Hay cien mil para nombrar y os acordais de Cela, todo un maestro. Hitchcock no tuvo ningun oscar y ha sido un grande del cine, son injusticias de la vida; si repasas los nobel de literetura y los comparas con Delibes, solo le llegan a la altura media docene y uno de ellos sin duda es Cela.

  • Comentario por Jeremias 13.03.10 | 08:37

    Se ha ido Miguel, pero nos deja al Azarias y a su dran amor, la niña chica; se quedan Paco el bajo, don Pedro, el Quirce, Regula y doña Pura, y el cabronazo del señorito Ivan (Juan Diego lo clava, de Paco Rabal y Alfredo Landa ni te cuento) el menos inocente. Y Cipriano seguira en Valladolid y gracias a Delibes en todo el mundo. A ver si con un poco de suerte la gente que no conoce su obra se lanza a leer a Miguel Delibes y se pasa por Castilla, por el campo, por la caza. Un dia escuche al maestro decir que era un pecado tirar a un urugallo (creo) en celo, el motivo es que en celo esta tan quieto que carecia de interes cinegetico, eso le define como un cazador de altura. Desde aqui mi más sentido pesame a su familia, a sus amigos y a todo el mundo de las letras.

  • Comentario por aranes en el exilio 13.03.10 | 02:57

    Los mossos en el Valle de Aran, hacen identificaciones nocturnas en los bares y cafeterias.

    En Les entraron en un bar como los hombres de Harrelson, la jefa era una mosso rubia de lo más impresentable, los otros iban con caretas.
    En Bossost también entraron rompiendo una puerta. En las discotecas de Vielha y Arties provocan peleas.

    Saben la razón?: Habia araneses.

    Por el sólo hecho de ser aranés, se arriesgan a ser molestados por la policia catalana y aguantar sus impertinencias y mala educación, cuanto no detenciones. Utilizan la forma prevaricadora del presunto desacato a la autoridad para intimidar.

    La gente les cantó : Viva España, La Marsellesa y viva la Guardia Civil. No me estraña. Las caras furiosas y amenazantes de los mossos eran ezpeluznantes. Recordaba la escena de Casablanca cuando entra la Gestapo en el Rick´s Cafe.

    Fuente: Cualquier aranés te lo puede explicar.

    Delibes un gran hombre...

  • Comentario por josé 13.03.10 | 01:09

    He sentido mucha pena por la muerte de Don Miguel pues era un hombre de la tierra, de las cosas pequeñas, amigo de aprender y fiel a los suyos.Inspiraba confianza y fortaleza.Entendió lo que es la mistica de lo rural y lo vivió sin espavientos. Una buena lección para todos.

    Como siempre Don Antonio ,gracias por lo que escribe.No deje de regalarnos de vez en vez de estas paginas que son un auténtico deleite.

  • Comentario por JORGE JIMENEZ HIDALGO 12.03.10 | 22:09

    Efectivamente es un día muy triste por la muerte de un gran escritor, de una persona que fue coherente con sus principios toda la vida y por un defensor de un pueblo y de un modo de vida que han perdido a su principal valedor.
    Miguel Delibes ha sido el abogado de una causa perdida: la del mundo rural castellano. Nadie mejor que él ha relatado la miserla de una Castilla despojada de todo por culpa de un centralismo que la devoró como sacrificio a ofrecer a la periferia. Esa vida mísera que sólo los castellanos y los hijos de castellanos hemos conocido tanto en cuerpo propio como por tradición oral. Reflejo de ello son dos grandes libros: Las ratas y Viejas historias de Castilla la Vieja.
    Por otra parte está el resto de su bibliografía que ahora será nuevamente leída por antiguos y nuevos lectores que espero descubran a ese gran humanista cristiano que ha sido Miguel Delibe.

    ¡Qué Dios le acoja en su seno y encuentre la felicidad eterna que aquí nunca pudo enco...

  • Comentario por Santiago García del Monte 12.03.10 | 21:10


    1. CAZADOR DE PERDICES ROJAS

    La caza que más le gustaba a Miguel Delibes era la de la perdiz roja, la brava perdiz española. Mi padre siempre le escribía después del primer y el último domingo de caza, para comentar como se presentaba la temporada y como había acabado. Miguel Delibes le contestaba en una ficha de su puño y letra. No sé los años que estuvieron así. Mi padre fue un cazador que desde su infancia hasta que murió no falló un sólo finde, lo que no quiere decir que entre semana no cazara también mucho, dependiendo del año.

    Un año antes de morir me comentó que un hijo de Delibes iba a ir al coto de La Mancha a hacerle un reportaje, pues debía ser uno de los cazadores más viejos de España. Murió antes de que le hicieran el reportaje, en la augusta canícula de agosto, con la escopeta al lado de la cama, pues a la mañana siguiente había quedado para cazar el perdigón.

  • Comentario por Santiago García del Monte 12.03.10 | 21:09


    2. CAZADOR DE PERDICES ROJAS

    Murió mi padre a los 89 años, a la misma edad que don Miguel, con las botas, la escopeta y el zurrón al pie de la cama para salir alba al monte. Yo le escribí a Delibes y le dije que si no recibía más cartas de mi padre era porque había muerto. Le conté cómo había sido. Me contestó también en una ficha de tamaño convencional.

    Mi padre era ávido lector de buena literatura. Me hablaba a menudo de las obras de Delibes, se las había leído todas, incluso sabía algunos párrafos de memoria. Me repetía con frecuencia que don Miguel era uno de los mejores prosistas en lengua española, con un gran dominio del Castellano.

    Miguel Delibes, por su obra de gran calidad, vivirá eternamente en el monte Parnaso, morada de los inmortales, y los amantes de la literatura revivirán sus experiencias. Él veía la muerte como algo natural y la afrontó con toda naturalidad ¡Qué más se puede pedir!

  • Comentario por geosssverigetillbaka 12.03.10 | 20:52

    No exagero si digo que una de las novelas que más me han impresionado en mi vida es "La sombra del ciprés es alargada". No sé si será ni siquiera una de sus mejores obras pero la historia que narra es de las que le llegan a uno al alma. Tanto pesimismo y sufrimiento, y cuando parecía que la vida sonreía al protagonista se produce aquel terribe accidente de coche en un lugar tan alejado de la Ávila de aquella España como Providence, Rhode Island.

    Es un libro que recomiendo a todos.

    Delibes es uno de los mejores escritores de todos los tiempos.

  • Comentario por Monsalud 12.03.10 | 20:50

    Sí creo que Delibes debió ser premiado con el Nobel, sí. Cela, también. Ambos parecían hacerse contrapeso. Uno, la secillez hecha persona. Otro, la genialidad en estado puro, por mal que cayera la soberbia inherente a ello. En esa dificultad para distinguir a la persona del escritor en artistas de tal categoría, Delibes sale ganando, empero, y dejará mucho mejor recuerdo que don Camilo. Creo que la figura de Delibes es de la pocas capaces de ponernos a todos de acuerdo, pensemos como pensemos. Un mérito que poseen poquísimos personajes de este país. Enseñó sencillez, templanza y bondad. Aunque me temo que hemos tomado poca nota.

  • Comentario por carmenn 12.03.10 | 18:49

    ¡Ya ves Antonio! ¡Un cazador ecologista!

    Su "Diario de un cazador" es una delicia. El resto de su obra un verdadero discurso ético para ejemplo de cualquier persona. Entendió y proclamó la exigencia ética del escritor.

    Que descanse en paz y que las genereaciones que nos sigan, sepan encontrar en sus obras la esecia del hombre bueno.

  • Comentario por Entrenubes 12.03.10 | 18:24

    Coincido plenamente con Vd. D. Antonio. D. Miguel Delibes, en mi modesta opinión, mereció el Nobel, muy por encima de Camilo José Cela. Pero, Cela hacía más ruido. Cosas de esta España nuestra.

Jueves, 31 de mayo

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