La huida de la crisis está llenando los pueblos. A reventar están este verano. Los que no son “paletos”, ni siquiera de ascendencia, se muerden las uñas de envidia. En realidad se las muerden desde siempre, porque no tener pueblo de origen es una pena, penita, pena. Ser de pueblo es tener raíz y paisaje propio más allá de los asfaltos. Eso ha sido siempre así por mucho que se haya intentado aplastar a los paletos con chulerías capitalinas. Puro complejo.
Los pueblos de toda España emergen como la mejor y más apetecida trinchera para una retirada. Desde hace mucho, aunque no quiera ni estudiarse, así viene siendo y su calidad de vida ha mejorado hasta hacerlos deseables no sólo para unas vacaciones sino para establecerse de continuo. El paso cuesta pero cada vez son y serán más quienes lo están dando. Con el paro al acecho en los extrarradios de las grandes ciudades, la vida rural ya no es precisamente aquella de la que se salía corriendo y en cuanto había la más mínima oportunidad. Claro, que volver no es nada fácil y hacerse allí ahora un hueco bastante más difícil de lo que parece. Regresar a las labores resulta una aventura difícilmente asequible para casi todos y lo de la casa rural tiene ya el cupo muy cubierto.
Pero al menos como refugio veraniego está siendo el mejor clavo al que se están agarrando muchas familias. Para muchos, y desde hace mucho, el mejor por gusto y por principios y ahora para otros por economía. Más barato y hasta con tomates de la mata. Con un poco de suerte, hasta un pariente o un amigo te regala un sobrante de acelgas y pepinos.
No significa que la crisis no golpee a los que allí perseveran en los inviernos. A los ganaderos los tiene machacados y muchos están abandonando explotaciones. Los agricultores están a parecidas con el gasoil pero este año las cosechas de cereal están siendo, y cuanto más tardías mejor, bastante buenas y los precios de cebada y trigo han subido un algo. Una migaja si se siete en cuenta lo que a ellos les pagan y lo que se paga luego en los supermercados y las galerías de alimentación urbanitas. Pero un algo, y tras decenios de congelación-los labradores han tenido congelados los precios de sus productos muchos años- la subida supone un respiro.
Un respiro también para quienes este verano es el paréntesis entre un tiempo que ya está difícil y un futuro por septiembre que se presume aún peor. Así que entre gastarse lo que ya no se tiene en un apartamento playero y andar a ramal y media manta para pagar una paella en el chiringuito, nada de extraño ni particular tiene, el que sea legión quienes se hayan decidido por volver al solar de los antepasados a poco que se tenga una puerta allí que pueda abrirse. Más barato va a salir, pero además casi con seguridad les será más placentero. Mas de uno va a “arregostarse” a esta moda. Porque que quieren que les diga, es difícil de entender, como las multitudes les pueden sacar el jugo a esa inmensa concentración de carnes apretujadas achicharrándose en las arenas costeras. Claro que algo tendrá el asunto cuando tantos lo bendicen. Y ojalá que sigan bendiciéndolo tanto autóctonos como extranjeros. En el turismo está el alivio mayor a nuestros actuales males económicos. Si este se constipa, aviados vamos ya definitivamente.
Pero mientras, no está nada mal que se pongan de moda los paletos.
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Tomo nota, Marian. La verdad es que no conozco mucho de Andalucía, sólo Córdoba y Jaén, pero con el tiempo espero conocerla toda, o casi. Y a lo mejor me paso por su pueblo, quién sabe.
Saludos.
Comentario por Javier Pérez 30.07.08 | 23:23
Ni lo uni ni lo otro. "Mi" pueblo es andaluz y serrano y se ubica en el ecorazón de lo que hoy se denomina "Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche". Norte de Huelva. Pegadito a Extremadura. Tierra del jabugo entre otras linduras...
Continúo: le estaba diciendo a Marlibre que en "Hot Line" Luis Sepúlveda también ajusta cuentas con la dictadura. Es una novela con el tópico del policía honrado frente al político corrupto, en la que el autor, como Baroja o Tolstoi, admira a los que luchan, se compadece de los débiles y desprecia a los tiranos.
Y para terminar, le quería decir a Bardenario que de los muchos lugares de gran belleza que Navarra tiene desde los desiertos bardeneros hasta las selvas pirenaicas, me resultan especialmente entrañables los montes de la Cuenca de Pamplona (San Cristóbal, Sierra de Aranguren, El Perdón) y algunos enclaves prepirenaicos como la Foz de Arbayún, que hasta el nombre tiene bonito.
Lissa: el chiste es muy gracioso, pero yo lo sabía con uno que va a Álava y ve el cartel de "Aceros de Llodio." Y seguramente habrá más variantes, tantas como aceros.
Marian: alcornoques, castaños, pata negra... ¿Será ud. por casualidad de tierras extremeñas o salmantinas? De ambas regiones conservo muchas imágenes: el Monasterio de Guadalupe que se llama Monasterio pero podría perfectamente llamarse Catedral y en el extremo opuesto el de las Batuecas, oculto entre canchales, el rojo vivo de los alcornoques descorchados y el pardo dorado de un águila imperial, el aroma de la madera de castaño, todo el conjunto de La Alberca a los pies de la Peña de Francia, un bosquete de loros en las Villuercas, etc., etc.
Marlibre: sí he leído "Patagonía Express", libro del que me quedo, sobre todo, con la ironía con que narra su estancia en las cárceles de Pinochet. Ironía que demuestra que, por mucho que lo torturaran, no pudieron con él. ¿Ha leído "Hot LIne"?
También los hay que siendo de pueblos, “reniegan” de su origen, por infaustas situaciones vividas. Marcados por algún acontecimiento social, familiar, económico o político. Son el prototipo de personas que más me acongoja. Conocí en mi juvenil-adolescencia a personas marcadas por las ideas, que desaparecieron sin más noticias que la de su exilio voluntario.
En algún reencuentro posterior, subyacía aún en sus rostros el sufrimiento padecido, y la irrenunciable nobleza de seguir manteniendo los mismos principios de antaño que le llevaron a poner tierra por medio en sus vidas. Sin embargo las efímeras circunstancias en su día, no quebraron jamás su origen y ese estilo original e inconfundible de sus propias raíces. Son realmente los olvidados, pero los que aún en el tiempo, son recordados como los avanzados de su época, con o sin razón, que pagaron injustamente un precio demasiado alto, por su osado sentido de libertad.
Lissa:
Hablamos mañana, me has cogido plantando un abedul. La anécdota mediterránea es gloriosa y me juego uno a que es real. En mi oca particular, salí del pozo y voy de puentes. Un beso.
Marian:
Qué hermoso comentario, caramba. ¿Usted gris? Venga, venga, no me chupe la energía.
Saludos a todos desde La La Land.
4) Prosperan, lo dicho. Los jóvenes estudian en la capital. El Hospital mas cercano a 90 km en la sierra (antes no había). El coche para hacer trayectos de medio kilómetro… o para ir al Corte Ingles más cercano. Hay Radio y Televisión local.
Está considerado como un pueblo virgen y representativo. Entre los viejos se mantienen las costumbres de los rieletes o las mañanitas o la feria de ganao. Entre los jóvenes prosperan, tiendas de informática elemental, de móviles, boîtes de sofisticada música, alcohol y droga. Eso si, ellas con el ombligo al aire y ellos con los calzones a media pierna y el zapato naútico correspondiente. Los muy ricos, siguen a lo suyo qua nunca fué lo nuestro.
El paisaje, bellísimo: con sus tierras rojas, sus castaños, alcornoques, encinas y robles, sus riberas pespunteadas de adelfas y, en algún caso, con los patanegra hozando entre el castañar y los toritos bravos en la dehesa. Todo precioso. Así me lo parece
3) Y si el capitalino no tiene tiempo de admirar la ciudad, (cierto, que pocos madrileños disfrutan del bello Madrid), ellos no aprecian de su entorno más que “su campo”, al que ahora van motorizados, y se desparraman entre las fiestas, siempre iguales, de otros pueblos, o la novedad de cualquier comercio que Fulanito ha abierto. Siempre hay el mismo bareto, con los mismos pinchos y la misma gente. Todos sabemos que papel va a representar cada uno. Hay gente interesante a la que no le interesa hablar de nada. Salvo interlocutor novedoso. O novedad en el pecio.
Mi pueblo prospera, no crean: han destrozado unos prados de inundación para construir adosados de resurgimiento. Han puesto un trenecito hortera para pasear a los forasteros. Han construido una casa de la Justicia y un Auditórium que de dan de tortas con el entorno. Están encantados. Su alcalde es guay.
2) Los que vuelven a la casa que es de los que fueron suyos, gustan de la recuperación fantasmal de un pasado que les emociona más por exótico que por propio.
No me quiero confundir campo con vida en el pueblo. El campo me gusta, mucho. Y tengo en mi haber un buen conocimiento de casi todo el campo español, incluido Iratí, aunque sea a gruesas pinceladas. Y el campo francés, italiano y marroquí. Cosas del trabajo. Ninguno desmerece, cada cual con su belleza a cuestas. Pero eso no es vivir en el campo ni del campo (en mi caso, acaso). Como no lo es, en mi modelo, tener residencia campestre, que no campesina, convertida en sede oficial, de una vida profesional que transcurre lejos de ella. Puro decorado maravilloso.
Conozco bien mi pueblo, un bello pueblo serrano y andaluz. Conozco a sus gentes, anteriores y coetáneas incluidos su descendencia. Su vida es bastante gris, como la mía, pero no menos.
1) Más que alabanza de aldea, la mayoría parece reflejar una cierta nostalgia de aldea. Y es que parece que añoremos, no el pueblo, sino esa infancia juventud que allí quedó alojada. Esa misma que, en determinado momento, decidió irse a la capital a riesgo de morir de inanición pastoril. Y si no ¿Qué pintan todas esas generaciones de emigrantes interiores que han ido poblando las ciudades?. Los que dejaron su casa, se resienten como se resiente un gato. Algunos no suelen dejar propiedad que les vuelva a llamar con cantos de sirena.
Hay otros que dejan la ciudad por el campo, pero una vez que ya han obtenido lo que buscaban. Retirada bucólica, siempre que no lleve aparejada la renuncia a quienes son: desde las comodidades domésticas, da igual como sea el pueblo, hasta el acceso a la información urbana. Hace falta haber terminado un proyecto de vida que se ha hecho en la ciudad. Estar muy de vuelta de todo.
Pues sí, Rigo, pero para mí, para paleto gracioso, ese que se cuenta por nuestra tierra, que llegando a Alicante con su amigo de la España profunda a conocer el mar y viendo el enorme cartel que anuncia la empresa: "Aceros del Mediterráneo", exclamó emocionado: ¡Eh! ¿Nos acemos?
Para paleto con gracia, el de Orihuela del Tremedal, -Lozanitos en la sentencia- aldeano culto, natural de ese villorrio agreste y perdido por las crestas de la sierra turolense. Hijo de zapatero, Lozanitos, -coña tiene la cosa-, si no existiera habría que inventarlo. Al menos para llevar el contrapunto a este nauseabundo conglomerado mediático que abduce a los desavisados y que viene servido por mercenarios con carné profesional. No sé si es obsceno manifestarse en las ondas desde el exceso torrencial. Más me lo parece el que, en plena tragedia histórica, una emisora invente la historia de un moro kamikaze en calzoncillos para reventar la opinión pública, y aquí no pase nada. Lozanitos se equivoca; no necesita de voz iracunda para lo que lleva entre manos. Será su paletismo caborro-aragonés lo que le pierda por las formas, pues no le faltan recursos intelectuales para manejarse con el fondo. En fin, hagamos bulto…
Ay, ay, Libertché, ¿Cómo no agradecerte encarecidamente ese gesto tan tuyo, amable, generoso, entrañable, invitándonos a la tropa que somos a compartir las delicias de tu villa rural?
Si tuviera que definirte con una sola palabra diría: Libertché = Magnánimo.
Lo dicho, mil gracias.
· Comentario por marlibre 30.07.08 | 08:41 “Desde ese entonces Luis Sepúlveda se hizo izquierdista. Sus padres, según él mismo relata, se sintieron felices porque eso representaba que el muchacho sería un gran estudioso y un monumento de responsabilidad y al trabajo”
Como han cambiado las cosas, si bien es verdad que siguen viviendo de las rentas, sintiéndolo mucho, ya no cuela. A la izquierda ya no le queda ni el aura romántica de la lucha de clases o esa pobreza solidaria que tenia, no hay mas que ver la nueva izquierda, de ropa de diseño, casas de decorador , joyas personalizadas y abrigos de pieles, lo dicho, ya no cuela.
Aun les queda algún romántico, pero ya son piezas de museo, no se empeñe.
pues todo el libro se trata de ese viaje imaginario en el tren de Patagonia Express que el autor se dio durante toda su vida, cumpliendo de esa manera con las palabras de su abuelo. Su abuelo, un rebelde, un hombre anticlerical, un anarquista le inculcó unas ideas que iban a marcar su destino durante toda su vida. Luego de esto, el camino de Sepúlveda no fue nada fácil.
"La lectura de Así se templó el acero, lectura por cierto lenta y llena de consultas, se encargó de conducirme por primera vez a la región donde los sueños se llaman ninguna parte" (Sepúlveda).
Desde ese entonces Luis Sepúlveda se hizo izquierdista. Sus padres, según él mismo relata, se sintieron felices porque eso representaba que el muchacho sería un gran estudioso y un monumento de responsabilidad y al trabajo. "En cada joven comunista germinaba el ser social colectivo y solidario que caracterizaría la nueva sociedad
"Lo vi salir con un libro de formato pequeño. Me llamó a su lado, y mientras lo escuchaba leí la portada del libro: Así se templó el acero. Nicolai Ostrowski.
- Bueno, mi niño. Este libro lo tienes que leer tú mismo, pero antes de entregártelo quiero de ti dos promesas.
- Las que quiera, Tata.
-Este libro será una invitación para un gran viaje. Prométeme que lo harás.
- Lo prometo. Pero, ¿a dónde viajaré, Tata?
- Posiblemente a ninguna parte, más te aseguro que vale la pena.
-¿Y la segunda promesa?
- Que un día irás a Martos.
-¿Martos? ¿Dónde queda Martos?
- Aquí -dijo golpeándose el pecho con una mano". (Sepúlveda).
La parte más bella de este libro la representa este precioso diálogo entre el abuelo y el nieto. Las palabras fueron como si fueran palabras proféticas, pues todo el libro se trata de ese viaje imaginario en el tren de Patagonia Express que el ...
Como no existe el tren de la Patagonia, ni mucho menos tal expreso, Sepúlveda explica que quien le otorgó el pasaje para viajar en este tren fue su abuelo. Cuando cumplió los once años de edad, el abuelo lo llevaba a comer helados y beber muchos refrescos, con la idea sañosa de ponerlo a orinar frente a las iglesias católicas. Su abuelo había sido un refugiado español que se fue a vivir a Chile. Parece que fue de aquéllos quienes tuvieron que huir de España después de la guerra civil española. Este fue un anarquista o un comunista, enemigo de Francisco Franco, y como tuvo que abandonar su patria porque su vida podía estar en peligro, fue a parar a Chile. Uno de sus nietos fue Luis Sepúlveda. La forma de ser de su abuelo influyó mucho en la vida de Sepúlveda.
El abuelo lo ingresó en la ideología de izquierda cuando le entregó un libro bien famoso en aquellos tiempos:
"Lo vi salir con un libro de formato pequeño. Me llamó a su lado, y mientras lo escuchaba leí la portada
Y me fui feliz, sabiendo que esos dos tenían mucho de qué hablar."
Javier Pérez, s i no lo has leído te recomiendo Patagonia Express .
"Se presenta como una "serie de apuntes" que el autor tomó a lo largo de sus peregrinaciones y de diversos episodios de su vida (su encarcelamiento por los militares chilenos, la tortura, los encuentros con diversos personajes, los viajes, descripciones de paisajes, las fronteras, etc.)
En realidad, lo que podría parecer como la sencilla reunión de textos muy diferentes (y hasta sin relación) entre sí es una verdadera historia que va de la infancia del autor al cumplimiento de una promesa hecha al abuelo español : ir a Martos, pueblo de Andalucía, del que se exilió el viejo anarquista por la guerra civil y la dictadura de Franco (¡otro dictador !). Casi 60 años después de la terrible represión franquista de los primeros meses de guerra, el nieto, también víctima de otra dictadura militar, visita el pueblo de Martos donde descubr...
Entrevista a Luis Sepulveda:
"Cuando tuve la ocasión de ir a Martos en 1980 —por mandato de mi abuelo ningún Sepúlveda pisaba España mientras el cabrón de Franco estuviera vivo—, el viejo anarquista ya había muerto y siempre sentí que volvía en su nombre, con él, a cerrar un círculo que cuando se abrió quiso derrotarlo, vencerlo, humillarlo, hacer de él un infeliz. Pero mi abuelo era una anarquista y no se dejó derrotar, ni humillar, y fue intensamente feliz porque nunca se sintió despojado de su lar. Tenía un lema —que desde luego es también mío—: «Uno es de donde mejor se siente». Tuve la inmensa fortuna de conocer a su hermano menor, un ancianito que, al citarle el nombre de Gerardo me preguntó si era yo, y esa es una de las emociones más fuertes que he tenido. Estuve tres días en Martos. Al salir de ahí, sentí que algo mío se quedaba, y supe que era mi abuelo el que permanecía, junto a su hermano, en una conversación interrumpida en 1897 y reanudada en 1980. Y me fui feliz, s...
Junto al río Genil y en los llanos de Alborox a una altura de 845 mts sobre nivel del mar se encuentra mi villa, cerca del casco urbano del pueblo, y de donde se divisa la cuenca del mismo río entre montañas viejas, con pinos bajos. Quedan todos invitados, cabemos todos. Aquí el verano, es fresco con temperaturas medias debido a la altura. Los cantos del gallo, y de los pájaros negros, que nuestro Bloger sabría definir es el despertad de cada día. Por cierto, hoy estuve en Torremolinos, en el lugar de los hechos pero no se sabe aún con certeza si la bomba fue de Eta. Algo se oculta. La costa del Sol este año da un poco de pena.
Saludos a todos.
Errata en recuento aritmético de caracteres.
En el número (1) de mi entradaa "Ahora soy de pueblo", se cortó la frase:
Avanzada la mañana, y preguntando por sus bostezos interminables, me confesó que, ¡el ruido de los pájaros le había impedido descansar!.
NOTA. La verdad es que para los urbanitas matritenses, el brusco descenso de las alturas de la meseta, a la bajura de la Ribera, en el lecho del antiguo mar de la depresión del Ebro, provoca tremenda somnolencia los dos primeros días.
Ahora soy de pueblo (9)
El pueblo, aunque suponga una vulgaridad, permite disfrutar, sin apresuramiento, de la naturaleza, y nos incita a hacer un esfuerzo para entender la muda invitación de la naturaleza, a que realicemos un esfuerzo individual por conservarla.
¿Qué mayor riqueza se puede alcanzar que, en las largas horas del invierno, con la compañía humilde de nuestros animales preferidos, y, siempre atenta a satisfacer nuestros deseos, aún los expresados con mínimos gestos, para, en la proximidad de la chimenea, recrearnos en recorrer los pequeños, o, grandes tesoros de nuestra biblioteca?
Todo esto, y mucho más, sólo se puede hacer en el pueblo.
PS
Si el hilo “no se corta”, en las sucesivas entradas comentaré algunas rutas de interés
... importante de Europa - la “selva de Irati”, y sus prolongaciones.
De pueblo soy y en pueblo vivo. También he vivido media vida en diferentes capitales
pero nunca me sentí atraído ni a gusto porque no va conmigo ni con mi espíritu rural y mucho menos con el sentido familiar como se vive en los pueblos.
Y no renuncio a ser pueblerino y paleto al estilo caprichoso que no cateto. Lo más paradójico es que mi destino actual es un pequeño pueblo en la falda de Sierra Nevada, muy diferente del pueblo de origen en la campiña Sevillana donde nací, y del que salí a los 16 años para instalarme en la capital.
Mis ancestros aún viven allá en la campiña Sevillana, a los que visito cada cierto tiempo. Y ya puesto hablar de Fútbol soy Bético de los del “man que pierda”. Lo siento por los urbanitas, pero ser de pueblo, es hoy en día tener “Caché” “Madera” en el sentido filosófico del término. Es algo consustancial con las formas, con los estilos de concebir la vida, las costumbres, el lenguaje y otras actitudes que no digo que sean mejores...
Ahora soy de pueblo (8)
Navarra, es un paradigma de la biodiversidad y pacífica convivencia multicultural, con una importante riqueza arquitectónica. No es solo el bullicio episódico y alborotado de San Fermín. Son quizá escasos los pueblecitos en los cuales no nos llame la atención la gracia de un campanario, un retablo, una ermita, o el escudo blasonado de una casa solariega, y, en la montaña, la soledad sencilla de las bordas, las acrobacias del ganado en las malloas, o el cabrilleo de las regatas cristalinas en foces y valles, o las imponentes formaciones kársticas.
Aunque no cuenta con salida al mar, en su historia se registra que llegó a disponer de ella. Su limitada extensión permite, en relativamente pocos minutos, recorrer variados ecosistemas, y culturas. Así, pasar de la estepa de las Bardenas Reales, no por ello menos llena de vida diversa (declarada “Reserva de la Biosfera”) al húmedo colorido pirenaico, con la mancha verde de hayedo abetal más...
Ahora soy de pueblo (7)
También cabe solazarse con el canto, a veces ensordecedor, de las ranas, en verano, y los acordes variables del ruiseñor, el mirlo, o los jilgueros, y al caer la noche, el escalofriante grito de caza de la lechuza que nos sorprende con la velocidad de su vuelo imperceptible, o, alternativamente, el contrapunto sedante de su canto territorial, que evoca la precisión de un metrónomo. Esta maravillosa orquesta natural, es la mejor música ambiental posible.
Ahora soy de pueblo (6)
Vivir en el pueblo, implica disfrutar con el horizonte de una fértil llanura aluvial, recuerdo indeleble de la última glaciación pirenaica, enmarcado por una terraza cuaternaria, a cuyos pies discurren los testigos del bosque de ribera, luchando por recuperar, frente a la acción del hombre, su antigua condición de bosque-galería y algo de su perdida fauna.
También significa escuchar el gemido de los pocos árboles ancianos, que todavía quedan, y poder ensimismarse con los diferentes colores del horizonte a lo largo del lento discurrir de las horas.
La luz, en una atmósfera despejada, y, habitualmente, levemente húmeda, con ocasión de la primavera, y en el otoño, se asemeja, bastante, a la luz dorada de la Toscana. En las fechas de la migración de las aves, significa poder sentarse, durante horas en el porche, acompañando con la vista, y el oído, la disciplinada carrera de relevos, de las grullas viajeras.
Ahora soy de pueblo (5)
Mi pueblo adoptivo, donde ya resido habitualmente, es feo, y mucho más en los últimos años, pero tiene una ventaja, su privilegiada localización geográfica, y una aceptable red de comunicaciones terrestres, lo que unido a poder disfrutar de un parquecillo que estoy rehabilitando, conjuntamente con la vieja casa, me permite disfrutar de un entorno impensable en una ciudad, para mi modesta economía.
Ahora soy de pueblo (4)
Si estamos libres de compromisos sociales, si podemos prescindir del zumbido de conversaciones banales, sin que ello signifique ser anacoretas. Si nos conformamos con una economía modesta, no ambicionando desesperadamente ser más que nuestro vecino. Si nos gusta la naturaleza, tanto, que día a día nos entrenamos para respetarla, sin por ello renunciar, necesariamente, a las comodidades elementales, entonces, podremos vivir en un pueblo.
Ahora soy de pueblo (3)
Hay pueblos y pueblos, es evidente. Los hay maravillosos, con cuidada arquitectura y artísticamente restauradas las llagas del tiempo. Hay otros en que, durante siglos se ha declarado la guerra a la naturaleza, considerada como competidora que trata de arañar unos metros de cultivo al campesino, también sin distinguir entre la minifauna, los predadores de los auxiliares. La macrofauna, todos enemigos.
El daño más terrible ha sido la pandemia del ladrillo, no sólo ha arrasado la costa, sino que también ha invadido el antiguo encanto de algunos pueblos, eliminando la armonía de las vetustas construcciones asomadas a callejuelas estrechas, abrigadas del frío y del viento, para sustituirse por fachadas detonantes, y, en ocasiones, de delirante mal gusto, acordes con la incultura rampante.
Ahora soy de pueblo (2)
Casi toda mi vida he sido urbanita, quizá un poco privilegiado, porque, afortunadamente, algún ex - cazador furtivo, me enseñó a conocer el campo y practicar el deporte de la caza respetuosa con la fauna y el monte. También he “viajado” algo, pero como una maleta, alcanzando el grado de “experto turista” en aeropuertos, hoteles, y edificios de oficinas.
En la ciudad, por muy isonorizada que esté nuestra vivienda, siempre nos llegará el rumor de la música (no siempre amable) de nuestro vecino, empeñado en que los altavoces revienten, o, a estresarnos con el ulular de las patrullas de la policía, o de las ambulancias, avivándose el sobresalto, porque todavía sigue vivo el recuerdo del espantoso crujido, demasiado cercano, en el espacio y en el tiempo, de aquel oprobioso día de marzo.
Ahora soy de pueblo (1)
¿Nos hemos parado a pensar alguna vez, que el urbanita ni siquiera conoce su propia ciudad?
Un ejemplo simple: ¿Cuántos aleros, azoteas, y parte alta de las fachadas de su ciudad conoce, y ha contemplado, con detenimiento, desde la calzada?
Normalmente se traslada, estresado, pendiente del tráfico, y si es una ciudad grande, su caminar, se limita a su barrio de residencia, el inmueble donde trabaja, y aquellos en los que se toma una copa, o bien restaura el equilibrio de su apetito. Camina con los ojos mirando al suelo, o, todo lo más, está pendiente, de la marea humana, informe y sin rostro, que pueda estorbar su meta de alcanzar, apresuradamente, su destino.
Una anécdota curiosa. Invité a un urbanita recalcitrante, y lo aposenté en una habitación con fachada a mi modesto parquecillo. Avanzada la mañana, y preguntando por sus bostezos interminables, me confesó que, el ruido de los pájaros le había impedi...
Y por seguir con el tema, soy de ciudad y suelo ir por pueblos en vacaciones, pues me gusta, entre otras muchas cosas, alejarme del mundanal ruido y practicar senderismo. Alcalá de la Selva, Guadalupe, Riaza, Burgo de Osma, Hornachuelos o, por citar la tierra del Blogger, Peralejos de las Truchas, son algunos de los muchos lugares por los que he estado en los últimos años. Y voy a contar una anécdota: el 80% o más de mis conciudadanos -para situarse, soy de Pamplona-, cuando uno les dice que se va de vacaciones a un sitio que no sea Zarauz ni Salou, invariablemente prtegunta: "¿Eres de...?" o "¿Tienes casa en...?" Es decir, les cuesta aceptar que uno visite tierras con las que no tiene vínculos. O a lo mejor no entienden que los vínculos más estrechos son los que uno elige, no los que vienen impuestos.
Verá, Marlibre, tengo entendido que Luis Sepúlveda -que, dicho sea de paso, es uno de mis escritores favoritos de los últimos XVI años- ahora vive en Asturias, y no sé si echará o no de menos la Andalucía de sus ancestros, pero sí que ha tomado como emblema un dicho de la región que reza: "O se ye de los nuestros o se ye de los otros.", entendiendo que "los nuestros" son los que han luchado y sufrido y "los otros" los que se lo han encontrado todo hecho. Me parece, sinceramente, mejor división que la de haber nacido en pueblo o en ciudad.
Por otra parte, discrepo de los que al nombrar su lugar de origen añaden "y a mucha honra". La honra, como la deshonra, viene de lo que uno mismo haya hecho o dejado de hacer, y no de la herencia ni de la tierra. Las hazañas y fechorías de mis antepasados me parecerán motivo de admiración o de desprecio pero nunca de orgullo ni de vergüenza.
por kafurz 29.07.08 | 16:59
así se entendió, no se preocupe.
Una amiga, una de esas rara avis que tiene todos los abuelos de Madrid, decía cuando era más joven: "que rabia, yo no tengo pueblo donde ir en verano o los puentes". Pues eso, y la mayoría de los que sí lo tienen lo están o han "perdido" ya y lo han cambiado por el apartamento de 60 metros en Torrevieja. Las pocas veces que he ido al mio en los últimos años no veía a ningún amigo de la juventud, era difícil encontrarse uno a la hora de la partida o en las cañas del domingo. Ojala regresara a los pueblos la vida que tenían en los ochenta.
Pues debo seguir siendo paleto en la más pura acepción de ese vocablo porque de mi pueblo lo añoro todo. Las empanadillas de mi tía Jesusa. Las milhojas del Angel y las tartas de las monjas de la Trinidad; los pasteles de carne de Mafren y además los domingos echo de menos el aroma a arroz con costra, plato secular de fiesta de Orihuelica, pero sobre todo, lo que más añoro son los años mozos en que vivía con mis padres en aquél hogar feliz y en los que paleto o cateto, según se mire, pataleaba en el gallinero del Teatro Circo a aquella magnífica hipotenusa que era la vedette Virginia de Matos cantando lo del “tropezón”.
Pues he de reconocer que soy de pueblo, y a mucha honra, razones laborables me obligan a estar emigrado en Madrid, pero cuando necesito desconectar vuelvo a mi Galicia, y sí, hay que soportar a las viejas cotilllas(en mi aldea se las conoce como "radiofalaqueteescoito"), pero que bien se vive.
Con respecto a mis comentarios sobre el atleti del post anterior, no eran ofensivos ni nada por el estilo(me cae muy bien ese equipo, una de las mejores aficiones de España, solo superada por la del Cai), era más bien un comentario jocoso, hay que recordar la frase de un anuncio del propio equipo:¿papa, por que somos del atleti?
Saludos.
Menuda leña que nos están dando a los urbanitas!! Pues miren que yo tambien tengo ancestros y tengo entendido que con hidalguía incluida y casa en la plaza y me conozco lo apellidos de mis tatarabuelos, pero no cambio mi ciudad por nada del mundo (o casi) soy lo que se dice un paleto de ciudad, que no quita con que me guste el campo mas que comer con los dedos y la mar ya ni le cuento. Buena apreciación la de Rigoletto entre paleto y cateto, que no es lo mismo. Le tomo la sugerencia al señor blogger (me encanta esta expresión tan “bolivariana”) y le echo una pensada a la taxonomía paletera a ver si se me ocurre algo.
P.S: magnifica idea lo del "cuenta letra"
Ajajá, por su casa de pueblo le conocerás. El cateto burgués en sus raíces coloca una mesa de ping pong en el antiguo patio y le agencia una barbacoa. Si anda escaso de posibles, los muebles de la cocina –de los 70- llevan cortinillas. Las del toilet son de mohoso plástico. El suelo es de terrazo, de cuando el abuelo aún no cobraba paga. Los cabezales de hierro, comprados a un gitano de ocasión. Los sillones exportados de la capital en la última reforma que quedaron viejos. Varios revisteros y dos cuadros del rastro para adecentar el salón. Los dormitorios con roperos como ataúdes junto a la vieja cómoda de pino de suecia. La casa de pueblo conserva un aroma singular, a humedad, despensa y mortero fresco. El cateto veraniego se acuesta tarde, tras ponerse a la fresca en la calle, con su camisa abierta sentado sobre playeras. El pudiente es de de otro estilo: compró una revista de Casa Hogar, escogió vitrocerámica y con tanto gusto enterró en el pueblo todo su dinero negro.
el que sea legión quienes se hayan decidido por volver al solar de los antepasados....
Esto "to la vida" ha tenido nombre: ir a la COSTA. A costa de madre, a costa de suegra, tia, abuela etc.etc...
Ahora, yo soy de pueblo, y a mucha honra, pero de paleto nada.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez