La corza con el recental pegado a ella brotó de la linde del monte al navazo, entre dos luces, en la aún difusa claridad que precede al alba, como una sombra del propio bosque del que provenía. Bajé el rifle y me quedé absorto viendo a la madre, inquieta, y al cabrito atravesar el espacio descubierto en medio del monte alcarreño donde en los inviernos lluviosos se forma una pequeña y efímera laguna. Ahora aparecía, junto a ciertos restos de reciente humedad, tupido de hierba fresca y de vino color y pespunteado de algún majuelo en el que blanquean las rosas silvestres.
Los vi trasponer a ambos por detrás de uno de ellos y perderse de nuevo en la espesura de chaparros, en este monte dominado por los quejigos y alguna que otra carrasca. Los brotes tiernos y el mejor pasto abundan por doquier y los corzos no se ven obligados a salir a campo abierto. Están a salvo en su recién inaugurado paraíso donde cada árbol es un cántico al renacimiento de la vida.
Luego estuve en el viso y desde allí tendí la mirada hacia los horizontes abiertos. Y no se si se me concederá en mi existencia otro amanecer como este, de primeros de junio, que me ofreció mi tierra de Castilla.
Limpio el aire, limpio el cielo. Lavado el verde de las mieses entre los más oscuros robles, alineados en formación de gigantes, ladera abajo, hasta el llano, hasta donde, más allá, la serpiente de los chopos hace presentir un río. Y más lejos aún, hasta donde la vista rebota contra el circo de las viejas montañas, el alomado mar de cereal en continuo y sosegado movimiento en el que las espigas que ya comienzan a granar son la espuma de las olas.
No sé si la existencia me concederá otro amanecer como el que me otorgó, este día de primeros de junio de este año de gracia del 2008, pero sólo por él hubiera merecido la pena el vivir, el ver apagarse la vida en un invierno y sentirse resucitar con la resurrección de esta primavera.
Por la sierra norte de Guadalajara, las jaras habían comenzado a florecer y a cubrir de blanco las laderas del Alto Rey. Pero aquí, en las faldas de los chatos montes alcarreños, de la Alcarria alta, por tierras de Bujalaro, en una mañana de gloriosa y madura primavera, lo que ha florecido son los espinos albares, y sus delicadas flores proponen a los sentidos su trémula belleza y sus tenues olores.
He venido a cazar el corzo, pero estas primeras luces del día me están dando ya mucho más. Hasta donde se extiende la vista -que transita por despejados y alomados espacios presididos aún por los verdes de las mieses ya encañadas y granadas, que no tardarán en amarillear- hasta ir a rebotar sobre la sierra por la que vine ayer, la naturaleza es una explosión de vida en todo su conjunto. Lo es en cada uno de sus átomos, en cualquier rincón, en cualquier vallejo, en sembrados y baldíos, por viñas, trigales, olivares, cerezos y nogueras, en el mismo cielo, limpio y fresco, en el aire que llega cargado de efluvios y reclamos de todos los pájaros elevándose y parpadeando en la atmósfera al paso callado del cazador. Cuando éste pone el pie donde no ha llegado la reja y la labor, en la zona de claros, montecillos y aliagares que preceden a la linde del monte donde cierran filas chaparros, carrascas y las siembras, el espliego, el tomillo y la ajedrea levantan oleadas de intensos olores a cada pisada. 
He visto alguna perdiz alzarse apresurada, a otras más las oigo cantar ocultas. Me alegra más que nada la frecuencia con que se eleva la voz, como una sonora campanilla, de las codornices, antes tan frecuentes ahora tan escasas, pero que parecen haber venido en mayor número este año de lluvias abundantes. En una fuentecilla, cerca de la casa derruida que algún día lejano cobijó sueños de humanos, sale de entre las zarzas hacia el espesar del monte bajo un conejo como un rayo. No voy a ver ninguno más en la mañana, pero éste ya es mucho.
He contado torcaces, alguna tórtola y hacia el soto de El Calzarizo veo bajar una oropéndola macho y, luego la oigo cantar en la chopera, lo mismo que insistente y muy cercano suena el canto del cuclillo.
Al otear con los prismáticos los rebordes de las cebadas en busca de algún movimiento que delate a mi presa, aparece la grácil silueta de un aguilucho cenizo que como una pardela jugando con las olas del mar, va jugando casi a flor de estas olas de cereal mecido por el viento.
Es misión imposible detectar a los corzos. Todo está a su favor, hierba y mieses tienen tal altura que les basta y sobra para desaparecer. Es uno el que me detecta a mí y me “ladra” mientras se aleja ascendiendo por la falda del monte. Va a ser toda la señal que me den, aparte de sus huellas, de su presencia. Pero no importa, sobra para la felicidad con la mañana y cuando ya remonto hacia el viso del monte, desde el que me ofrece las faldas y hondonadas de robledales alineados de Henarejos, bajando hacia la serpiente de los chopos que delatan al río atravesando su valle, no hay nada que me falte. Y si algo me faltaba entonces salta, casi bajo mi pie, un poderosa y robusta codorniz que, con un vigoroso y corto aleteo, se va a dejar caer entre la mies, en el mar de mieses que fue la Alcarria alta de Guadalajara cuando la madura primavera del año de gracia de 2008 estuvo allí en todo su esplendor para quien quiso ir a verla.
Admitidas tus disculpas, Iker. Seguro que se evitarían muchos problemas con más gente que supiera criticar así. Saludos.
AUPA!!
Nose porque se ha repetido el mensaje, no tengo ni idea. Esa gente que tu dices son escopeteros y furtivos; enemigos absolutos de la caza. Como lo es ETA para los euskaldunes.
Iker, no tienes más razón por decirlo tres veces, más bien parece que no estás demasiado seguro y necesitas repetirlo. Y a lo mejor tú no disparas a todo lo que se mueva, pero muchos colegas tuyos sí. Y es que el gran problema de los cazadores es que muchas veces tendéis a hacer piña en lugar de reconocer que entre vosotros hay gente que no juega limpio.
Si no te gusta no vienes y listo; no pasa nada.
No disparamos a todo lo que se mueve, no digas bobadas.
Si no te gusta no vienes y listo; no pasa nada.
No disparamos a todo lo que se mueve, no digas bobadas.
Si no te gusta no vienes y listo; no pasa nada.
No disparamos a todo lo que se mueve, no digas bobadas.
Muy bien dicho, Iker. Seguid disparando a todo lo que se mueva y llenando el campo de cartuchos, que así conseguiréis que algunos a los que no nos atrae demasiado el País Vasco ya no nos atraiga lo más mínimo.
Un abrazo desde Euskadi. Te leo en las revistas y te admiro como cazador; en verano me leere tu nuevo libro.
Aunque a muchos nos les guste la idea, seguiremos defendiendo la caza en Madrid, en Dima o en Bruseles.
Viva la caza!!! Aupa ADECAP!!!
Si a la contrapasa/ kontrapasa bai!!
www.ehizabai.tk
Como dice un buen amigo (de mi quinta, que se decía antes): Yo por lo único que ya estoy dispuesto a madrugar, por devoción, es por cazar.
...y mejores. No lo dudo. Que conste que mi ofrecimiento es "exclusivamente" cinegético...
;-)
Peores ofertas he tenido.
adsorta,NO
absorta,SÍ
Dices:"...Luego estuve en el viso y desde allí tendí la mirada hacia los horizontes abiertos. Y no se si se me concederá en mi existencia otro amanecer como este..."
Amaneceres como el que describes me han dado mi humana medida. Acechar a la presa mientras rompe el alba y quedarte adsorta y plena ante la irrupción del día...un nuevo día que te es concedido allí donde nadie más habita. Un día más en el que, lo más parecido a la felicidad, compartes, en comunión perfecta,con la NATURALEZA...y tú, pequeño animal "acechante" estás ahí...
Oye, Pérez Henares, si alguna vez quieres romper el amanecer en los Campos de Hernan Perea, dímelo...será un placer compartirlo.
Estimado Antonio,
No me atrevería yo a contradecirlo, pero en cádiz también se caza el pequeño corzo morisco en batidas, sólo en aquellas fincas que tienen una densidad alta.
Me encanta leer sus articulos de oleaje verde y viajero, no así tanto los de política, ya que esta me asquea, pero a pesar de ello los leo.
Darle la enhorabuena por su marea, por su ultimo libro editado y por volver a Trofeo, aunque esta enhorabuena es mas bien para sus lectores.
por último, comentar que aunque los no cazadores no puedan comprenderlo, si se ve el paisaje de forma distinta y se ven distintas cosas según los ojos que miren, y los ojos cinegéticos miran de distinta manera cada rama, cada movimiento producido por el viento. Hay cosas que los cazadores ven y los no cazadores no son capaces de ver.
Un saludo.
El corzo ha tenido una espectacular expansión en los últimos años en España. Era una especie desconocida en muchas de las zonas que ahora ha colonizado y en las que medra de manera espectacular. Guadalajara, por ejemplo, es paradigmatica. tan sólo quedaban algunos ejemplares en la reserva nacional de Sonsaz. Se apoyo con repoblaciones y ahora hay corzo, y no exagero, hasta en la misma capital. Llegaron a penetrar en los terrenos del Fuerte de San Francisco y son habitualesvisitantes de la FGuente de la Niña y otros parques de la capital.
Son el "duende del bosque" , en efecto, pero se han convertido en una de las especies más caracteristas y populares de lugares donde ante no se tenía noticia de su existencia.
Es una especie cinégetica y muy codiciada pero ello no ha supuesto, sino al contrario, retroceso alguno de la especie. La buena gestión y el control de su caza son causas de esa irresistible expansión de la especie. Se caza sólo en rececho o pequeñas batidas (en Asturias y zonas del Norte) y casi siempre la unica autorización es para abatir machos.
Releyendo este texto me vienen a la mente algunas anécdotas sobre la relación entre fauna y toponimia. Porque la primera vez que vi una cierva en el monte fue cerca de Cervera del Río Alhama (La Rioja) y la segunda en Peña Cervera (Burgos), pero, como digo en mi anterior comentario, en Cervera de Pisuerga no he visto ciervos sino corzos.
Una paradoja similar me ocurrió la primera vez que vi un conejo en Soria, que fue precisamente en Matalebreras; y aunque posteriormente he llegado a encontrarme con muchas liebres en tierras sorianas, nunca ha sido en el susodicho pueblo. ¿Será que la fauna del lugar ha cambiado desde que se le puso nombre?
Lo cierto, y con esto termino, es que en España no parece haber muchos topónimos relacionados con el corzo. ¿No era en otros tiempos tan abundante, o bien su carácter furtivo hacía difícil verlo?
Pues sí. Cada cosa tiene su aquel y cada post su afan.
Buena observación la de "alcarreño", que sera paisano, sobre las crias de corzo. De hecho hay en marcha desde hace años una "operación corcino" que señala precisamente esto para que , sobre todo las gentes del campo, no caigan en ese error creyéndolos abandonados.
La madre siempre se queda cerca. Hace unos años en mi pueblo se recogió uno, porque había sufrido una pequeña herida con una máquina de labor, se le curó de la pata delantera lesionada por un corte y avisados de la situación se volvió con el recental al lugar del accidente. A los balidos del choto no tardó en comparecer la madre y despejado el campo de humanos se produjo el reencuentro.
Tiene razón ejpañol. Hay post para debatir y otros para leer. Creo que esa es la voluntad de Henares. Hay demasiado por aquí que se hace portavoz de la voluntad del blogger sin tener ninguna patente para ello.
Es normal que estos post tengan menos comentarios pues no se prestan a la polémica, ni creo que se pretende buscarla.
observador 09.06.08 @ 11:38, con todo mi respeto, no confunda la falta de comentario con la ausencia de lectura, simplemente que uno le queda un poco lejos la capacidad poética, como para hacerse merecedor de figurar en el tema. Y para darle vaselina al blogger, mejor no salir, que ya parece un poco sospechoso tanto halago; que ahora a la mínima entras en sospecha de perdida oleícola; como está tan de moda uno acaba un poco obseso. De hecho, me estoy pensando si quitar la mención a la vaselina, no sea que....
Buenas fotos, y buenos "apuntes de campo", blogger.
¡Enhorabuena!
Un consejo muy importante. Si por una casualidad alguien encuentra un corcino en el campo (sucede con más frecuencia de lo que se cree) no hay que recogerlo. No está en absoluto abandonado. Las corzas lo dejan, camuflado entre el pasto, pero no están lejos. El que lo recoge cree estar haciendo una buena acción pero en realidad es malísimo, pues es condenarlo a muerte (no sobreviven casi ninguno) o la cautividad de por vida.
Resulta ejemplar: un trabajo del blogger de esta categoría apenas si produce reacción alguna. Y luego pedimos que no se haga monotema de política. Pues yo quiero darle la enhorabuena por su esfuerzo y pedirle quesiga sacando estos temas.
Sólo una vez he visto a una corza con su cría, y fue hace tres años entre rebollares y prados de la montaña palentina, desde el autobús que a las siete AM sale de Cervera de Pisuerga en dirección a Palencia capital. Fue una visión breve, poco más que momentánea, pero las dos manchas blancas y los dos pares de orejas marchando en perfecta simetría resultaban inconfundibles bajo el cielo del amanecer.
Eso sí, de cinco o seis años a esta parte me he llevado muchas sorpresas con los corzos, animal que yo asociaba siempre con clima atlántico, robledales, hayedos, abetares, alisedas y otros bosques frondosos y húmedos, hora del amanecer y anochecer, y sin embargo en Segovia, Guadalajara, Zaragoza, Toledo y, especialmente en Soria, los veo a plena luz del día entre quejigos, almeces, encinas, pinos carrascos,o sabinas, cuando no en pleno páramo.
Ya se ve que van reconquistando terreno.
No están los tiempos para la lírica, Antonio, pero no va mal como reducto para las horas bajas, los pocos estímulos y la melancolía. Es usted un gran descriptor de su naturaleza comarcana, y no creo que haga falta para tal fin ser cazador sino observador minucioso de todo su esplendor. Ante este espectáculo del Mundo, yo admiraría un hermoso mosaico de color, vida y texturas; usted, además, sería capaz de deslindar sus teselas, repintarlas y contarlas. Los que nos quedamos anclados al arquetipo “pájaro”, se nos da mal discernir entre torcas, perdices y cuclillos. Y así con todo. En fin, si lo que nos es exterior es reflejo de nuestro interior, sólo puedo añadir que en mi Alicante llueve con tristeza y que la ciudad se humedece mansamente.
Ya sabe que no soy aficionado a la caza y por tanto no tenía ni idea que esta fuera la temporada del corzo.
Que quiere que le diga, me alegro por el corzo, pero no se preocupe, habrá otros. Tal vez una muerte hubiese desentonado con la mañana.
Me encanta saber que aún quedan sitios donde suceden esas cosas que cuenta o tal vez sea cómo las cuenta. Pero me hacen soñar.
Para poder disfrutar algo así tengo que recorrer muchos km y claro, como eso se da una vez en la vida, no es cosa.
Viernes, 9 de enero
ADIÓS AYER
Manuel Molares do Val
Doctor Shelanu
JUAN JULIO ALFAYA
José Javier Solabre Heras
Juan José Coronado
José Luis Palomera Ruiz
Carlos Ruiz Miguel
Emilio Castellote Madrid.
Vicente Torres