En Navidades se estableció tregua. Ahora es tiempo de limpieza, de depuración de los perversos humores que nos enturbian la sangre y
purificar nuestras neuronas de tanta toxina consignada. La política, pues, queda prohibida de manera terminante durante toda la Semana Santa en "La marea". En homenaje a la primavera, en tiempo de renacimiento de la vida , de hogueras que consumen lo viejo, de muerte y resurreción, de la diosa madre rediviva y de las virgenes del Mediterráneo entre las flores, no se consentiran post ni partidistas, ni partidarios, políticos o politizados, que mienten o desmientan a Z a Rajoy, a Llamazares, a la Díez o a quien sea. Serán implacablemente borrados.
A cambio, esta es la oferta.
Por mi lado, cuelgo un cuento inédito, que algún día, formará parte de un libro en el que llevo años trabajando. Por el suyo, les aliento al microrelato, o al cuento (tendrán que pegarlo en varios post, lo siento) o a contarnos desde un rincon que estén disfrutando o hasta un viaje o un sucedido. Lo que deseen . Cualquier cosa excepto meter de por medio a la politica. Por los clavos de Cristo o por las ojeras de la Magdalena, por lo que a ustedes quieran, de politica durante estos dias y hasta el lunes próximo no hablemos.
BARAKA
Al lanzar la vista por la llanura adelante, vi al fondo, erguido sobre un farallón de piedra, el altanero castillo de La Riba, orgullo de los cristianos, ante el que iba a morir antes de que finalizara el día.
Al volver hacia atrás mis ojos vi a mis jinetes. El castillo de los infieles desafiaba al cielo con su soberbia belleza, pero no había sobre la tierra nada mas hermoso que los corceles en los que cabalgaban mis tropas, la vanguardia de la caballería del califa, los jinetes bereberes de Galib.
Y yo era Galib.
Veníamos de tres en fondo , con el sol ya nacido, y Alá me había concedido una limpia mañana para morir . Los cielos vestían azules recién lavados y las tierras el ropaje verde y fresco de los trigos a medio crecer. Verdes eran también los gallardetes de mis lanzas y de azul índigo estaban teñidos las capas y turbantes de mis jinetes.
Yo, Galib, tenía que morir aquel día porque había visto mi sentencia en los ojos de Al-Mansur cuando partíamos de Córdoba . Sus ojos me dijeron que jamás regresaría a la ciudad de los califas. Estaba en mi elegir el modo y el día. Tenía tiempo mientras durara la aceifa. Mientras atravesáramos Castilla cortando su llanura como a un queso fresco con el afilado alfanje de nuestro ejercito; al cruzar las montañas y llegar al oscuro mar del norte, tan bravío; al regreso cargados de botín y esclavos hasta el refugio amurallado de nuestra Marca Media. Pero más no. Nunca mas debían volver a posarse mis ojos en Córdoba. Ni en Fátima.
Porque Al-Mansur me hubiera dado todo. Una campana de las que descolgamos del gran templo de Compostela y colgamos como lámpara en la gran mezquita a mí me la hubiera dado. Diez corceles, cien cristianas cautivas y hasta una de sus hijas me hubiera dado. Pero yo le tomé a Fátima y a Fátima mi viejo general jamas me la hubiera dado . Pero ella se me entregó y yo la tomé. Al-Mansur se encargaría de que le llegara prestamente la noticia de mi muerte.
Me dio el mando de sus vanguardias, me confió lo mejor de sus tropas, puso en mis manos el orgullo del islam. Y me mandó morir. Pues bien. Que tuviera mi muerte aquella mañana ante el castillo de La Riba. Que no se demorara su venganza. Que no tuviera su mensajero que esperar para cabalgar hacia Córdoba.
Ahora hacía dos jornadas, cuando acampados bajo la protección de las murallas de Guad- al-Hachara, Al-Mansur me había dado la orden de adentrarme en tierra infiel. Debía subir con rapidez el valle del Henares arriba , al amparo de nuestras fortalezas de Fita, Xadraque y Castrejón , hasta Sigüenza la Bermeja y , desde allí, comenzar a asolar el campo castellano, sin tocar , dejándola a la izquierda, la Peña Fort de Atienza.
Las barbacanas, los bastiones, las abadías , las iglesias y el castillo de la bien guardada Atienza se las reservaba para sí mismo el viejo Al-Mansur. No había olvidado que años atrás hubo de detenerse mucho mas de lo que gustara y sufrir innumerables bajas ante sus muros antes de conseguir asaltarla. No lo tenía aquello en el olvido y ahora , de nuevo villa cristiana, iba a recordarles, por si ellos habían quizá olvidado, cual era el color de su furia.
Yo, Galib, había salido en este día y antes de despuntar el alba de Sigüenza la Bermeja , al mando de mis 500 jinetes. Al amanecer había contemplado, ya en la distancia, desde un altozano, a la ciudad que dejaba atrás e hirió casi mis pupilas el resplandor de sus piedras rojizas al ser lamidas por el primer sol. Y fue aquel cobrizo centelleo el que me dio señal de que mi hora era llegada.
Habíamos llegado nosotros a menos de media legua de los muros de La Riba sin delatar nuestra presencia a los castellanos . Ordene a las tropas que se ocultaran en un pequeño bosque de carrascas y chaparros desde el que podíamos acechar a los habitantes del castillo . Mas cerca en los sotos del río que corría bajo sus defensas también hubiéramos podido encontrar escondrijo , y mas cercano, pero también con mayor riesgo de ser descubiertos.
Al-Mansur me había ordenado razzia: incendiar campos y aldeas, degollar y capturar ganados y víveres y no hacer , ya habría tiempo mas al norte, cautivos que nos retardaran la marcha. Para ello bastaría con saquear el poblado a los pies de la fortaleza y coger desprevenidos a los castellanos que salieran de ella hacia las labores. No era necesario intentar asaltar el bastión.
Pero yo, Galib, tenía que morir aquella mañana contra sus muros.
El castillo roquero iba despertando al igual que los habitantes del poblado a sus pies. Nada les turbaba. Bajaron el rastrillo y se abrió el portón. Un pequeño trasiego de gentes y bestias comenzó en el sendero que unía las casuchas de adobe y paja con la puerta almenada. Descendían mujeres hacia el río y subían aldeanos con viandas por el escarpado sendero. Semejaban hacendosas y jorobadas hormigas. Espere muchas horas . Hasta que el sol estuvo alto y la senda abarrotada. Volvía un tropel de mujeres con agua y ropa lavada, ascendían unos labriegos con sus mulas , descendían otros con sus asnos y hasta un par de soldados con algunos caballos de la rienda se dirigían a abrevar al riachuelo. Era llegado mi tiempo .
Hablé a mis lugartenientes :
.- Cabalgaré solo. No lancéis vuestros caballos hasta que no haya llegado al pie del sendero que sube al castillo. Entonces sí. Id hacia los infieles como un huracán. Arrasarlo todo, dadlo al fuego y enviar un jinete a decirle a Al-Mansur como combatió su general Galib ante los muros de La Riba.
Enmudecieron. Y´aqub, el mas joven, intentó un gesto. Otro de Abdelaziz, mi segundo, lo detuvo. Cambié un beso con cada uno de mis cinco jefes de escuadrón y subí en mi corcel. Cogí firme las riendas con la mano izquierda , taloneé levemente los ijares de mi montura y salí a campo abierto. Con un alegre trote, casi un caracoleo, con las sedas dejándose cantar por el viento , con la cimitarra en la vaina y la pica con el gallardete verde en la diestra mano.
Debieron de verme al romper al campo, pero no me vieron. Creí que me había divisado al remontar un pequeño otero - me pareció hasta percibir alguna mano señalándome- pero estaban ciegos . Crucé, escuchando tan solo el compás de los cascos de mi corcel, una pequeña vaguada. Seguí sin oír gritos de alarma cuando ya mi caballo llegaba a las lindes del ultimo trigal junto al río. Pero ya sentí su pánico , sus miradas extraviadas y sus alaridos de miedo cuando, al galope tendido, pasé entre espumas el vado y cuando todavía mas desbocado aún , como un torbellino negro, mi caballo se lanzó camino arriba.
Y a mi espalda sentí entonces también el “Ala al kadar” de mis jinetes y un estremecedor ulular de sus quinientas gargantas que venía hacia mí.
La lanza la hundí en la espalda de un soldado sorprendido que intentaba correr cuesta arriba. Al otro , entorpecido por las riendas de sus animales, lo pisoteo mi corcel . Desenvainé el alfanje y continué el ascenso. Todo era tumulto. Pocas manos se levantaban contra mí. Las corté . Los mas huían, se amontonaban y caían. Y mi caballo pisando cuerpos, hortalizas, cestas con ropas, cántaros rotos, siguió trepando. Estábamos llegando al portillo . Estaba abierto y la sorpresa les había impedido izar el puente levadizo. Cargué contra los dos castellanos , custodios de la puerta , que se afanaban en hacerlo en aquel preciso momento y los derribé. Estaba dentro.
Divisé en el patio a dos caballeros montados y una silla de manos que portaban entre cuatro siervos. Trabé con ellos combate. Alguna saeta habría de penetrar en mi carne disparada desde los muros , pero antes descabalgué al primero de mis enemigos. Iba a cazar y portaba en su puño un halcón. El fue una presa fácil. Lo desarzoné de un golpe donde el cuello se junta al tronco. Su “peregrino”, sujeto por las vihuelas al puño de su amo y ciego por la caperuza quedó aleteando lastimosamente contra las piedras del suelo.
El segundo cristiano presentó mejor lid. Era hábil con su montura y me hizo errar varios golpes. Hasta llegó a herirme en la pierna en una pasada , justo antes que un tajo mío de abajo arriba le hiciera salir su alma infiel por el costado. Entonces vi el palanquín caído y el rostro aterrorizado de una joven cristiana asomándose. Oí el silbido de las flechas pero no sentí ninguna de sus afiladas mordeduras. Y en un instante el griterío intenso que subía hacia mí estuvo dentro del castillo y Y´quub y Abdelaziz ya cubrían mis flancos . Cientos de mis jinetes penetraban como un turbión en la fortaleza. Después fue la matanza.
.- No es el hombre a quien le es dado fijar su destino.- dijo Abdelaziz
.- Las estrellas no tenían escrita hoy tu muerte ,Galib. Ala es grande y misericordioso. Las estrellas tienen fijado otro destino para tí- dijo Y´quub, con sonrisa.
.- Has insultado los designios de Ala.- dijo con oscura seriedad en su rostro Abdelaziz.- Pero sí , Ala ha sido misericordioso para ti , Galib.
Yo me reí y dije.
.- No te entristezcas por mi pecado Abdelaziz. Y si, Y´quub , tienes razón . Estaría escrito otro destino en mi estrella. También en la de esta cristiana. Sacadla de ahí y no la toquéis. La quiero para mí. Saquead el castillo. Podéis apoderaos de todo aquello que os plazca , pero no disputéis entre vosotros, y , ante todo, no sobrecargeis vuestros caballos . Usad de las mujeres lo que se os antoje pero no podréis conservarlas . Queda mucho camino hacia el norte. Tiempo habrá de capturar otras. Pero si debéis de coger toda caballería que nos sea útil y toda bestia que no sea inmunda . Reservad los caballos mas ligeros para nosotros y algunos víveres. El resto que un escuadrón se lo entregue a Al-Mansur en Atienza. Llévaselo tu Abdelaziz. Dile también que Galib quiso hoy cumplir sus ordenes, pero que los designios de Ala son inescrutables
Reemprendimos la marcha al atardecer . Mi médico me había curado prestamente el rasguño de la pierna , pues temo mas que nada a la infección en estos malolientes pueblos cristianos. Odio su hedor. No se lavan. Son tan sucios como los puercos que crían y se comen.
Partí victorioso de La Riba. Al volver hacia ella la vista vi en el cielo el resplandor de los incendios contra el rojizo atardecer y el humo subiendo , desde las torres del castillo hacia el sol que se apagaba. También contemple la silueta de mi jinetes . Y, de nuevo, me estremecí de dicha ante el paisaje. Era el momento de orar. Desmontamos y lo hicimos en silencio, cada uno en su oración , como se hace en el desierto. Yo di gracias a Alá por su misericordia. Y borré a Fátima de mi recuerdo.
Anochecía . Brillaba ya Venus junto a la luna creciente, cuando llegamos a una pequeña ermita en medio de un prado . Las iglesias y ermitas cristianas me agradan. Son el único lugar de estas tierras limpio y cuyo olor -a veces hasta queman incienso –me resulta soportable. Además del pequeño templo, había pasto y una fuente.
.- Montad aquí las tiendas. Cuidad de los caballos. Cubrid los fuegos. Traedme a la cristiana.
Pero no había hecho mas que poner el pie en el postigo de la puerta de la ermita cuando un hombre brotó de las sombras de su interior y se abalanzó ,chillando, contra mi. Era un monje viejo y seco e iba a cercenarle la mano que con algo me amenazaba , cuando vi que no era arma alguna la que blandía, sino que era el símbolo de su dios, una cruz, con lo que pretendía amedrentarme.
He estudiado la lengua latina y por ello puedo entender bastante de la lengua de los castellanos y de lo que me decía.
.- ¡No te temo! Ni a ti ni a las inmundas bestias de Mahoma. ¡Atrás!. Marchaos de este lugar sagrado o la tierra se abrirá bajo vuestros pies y pereceréis entre las llamas el averno.
Mis hombres miraban al viejo con ironía, dudando entre reírse o hacerle rodar la cabeza . esperaban mi gesto, cuando el monje fijo sus ojos en la cristiana que en ese momento acercaban dos jinetes. Ella venía sumisa, pero el clérigo ardió de ira.
.- ¡Suéltala infiel. No oses mancillarla. Te conjuro, Satán! - aulló y enarbolando su cruz se precipitó contra mí.
Le derribé de un golpe en la cabeza dado con la empuñadura de mi cimitarra. Pero tendido en el suelo no cejaba en su griterío.
.-¡No te temo! Puedes acabar con mi cuerpo pero no con mi alma inmortal. ¡Martirio, martirio!.- clamaba-
.- ¿Que dice, Galib?.- preguntó Y´quub.
.- Desea que lo matemos. Quiere el martirio. Algunos en Córdoba, fanáticos como el, también lo buscan insultando a Alá, a Mahoma y a sus fieles.
.- ¿Y porque hacen tal cosa?
.- Les garantiza su paraíso, Y´quub. Al igual que a nosotros morir en la guerra santa nos conduce directamente a las huries.
.- Pero no es igual , verdad general Galib. El suyo es falso.
.- Claro , joven Y´quub . Solo hay un dios y un jardín del Edén verdadero, el nuestro. Pero dadle su martirio al viejo, si. Se lo ha merecido. Pero no del todo. Creo que le bastará como servicio a su dios que le cortéis las orejas.
Se lo llevaron. Lo oí gritar, rezar y luego chillar de dolor como un cerdo. Luego aun distinguí su extraña silueta alejándose por los campos seguida por las carcajadas de mis hombres.
Entré por fin en la ermita arrastrando conmigo a la cautiva. Lucían en su interior algunos cirios. Era agradable aquel olor a cera y quedaba algún rastro de incienso. Penetré en una pequeña estancia a la derecha del altar y en un arcón encontré unos grandes lienzos blancos y limpios que tendí en el suelo. Miré a la cristiana Era joven e incluso hermosa , aunque delgada en exceso . Sus cabellos eran rubios. Por los negros ojos de Fátima había llegado a morir ante los muros de La Riba y Alá me había entregado a aquella cristiana de ojos claros.
Permanecía muda. La atraje hacia mí. La desnudé y me sacié en ella. Al alba le hice contarme quien era. Su marido fue el caballero del halcón a quien abatí el primero. El otro era el alcaide de La Riba. Iban a haber salido de madrugada hacía Atienza pero se habían demorado . Me reí. Aquella cautiva también parecía destinada a Al-Mansur pero había caído en mis manos. Era mi “baraka”. Y la de mi viejo general no parecía contener buenos presagios. Tal vez yo, Galib, aún regresara a Córdoba después de aquella aceifa. Tal vez el aire quisiera aun oír mi nombre después de haber casi olvidado al que antes lo llevó y fue grande antes que yo naciera y antes de que Muhammad ibn Abu Amir fuera llamado “Al Mansur bi-llah”. Aquel viejo Galib, el generalísimo de la frontera y de las tropas de las marcas, del que todo lo aprendió , el que le dio a su hija y al que dio muerte con sus manos. A ella fue a quien le hizo llegar su cabeza, pero la mía aun estaba sobre mi cuello y no en un saco de arpillera a los pies de Fátima.
Hasta el norte habría muchas lanzas cristianas y el regreso , cargados de botín y cansados, sería mas peligroso todavía. Sobre todo ya al final , por el paso de Catalañazor , buscando ya nuestras murallas de Medinaceli. Pero sin duda lo sería tanto para el gran Al-Mansur como para el general de su caballería .
Al día siguiente , de nuevo al frente de mis jinetes beréberes, antes de emprender el camino, miré por última vez hacia La Riba. Aun humeaba en la alborada.
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Estimado José Antonio : muchas gracias por sus amables palabras. Hasta febrero escribí en La Razón , medio que abandoné para irme de Director de Publicaciones de "Negocio". En esemedio escribo de manera habitaul y el artículo , amen de la publicación, se encarta en la totalidad de periódicos de grupo Promecal (16 en total entre Castilla y León y Castilla-La Mancha) asi como el Faro de Murcia, el de cartagena y Crónica. Semanalmente escribo tambien una columna para Europa Pressque aparece luego publicada en una treintena larga de medios.Y ejerzo desde hace años como comentarista político en RNE y recietemente he fichado como contertulio de La Mirada Crítica de Tele 5 , un espacio que resulta muy de mi agrado, por su tono y rigor.
El descrubrimiento del mundo "blog" me apasionó y , a pesar de los riesgos que conlleva, me resulta una aventura fascinante.
Le reitero mi agradecimiento y el ánimo que trasmiten sus palabras, que a veces buena falta nos hace. Un cordial saludo...
PARA DON ANTONIO PÉREZ HENARES.
Los artículos que habría que tirar a la basura sobre el 70 %. En los medios de Internet más del 85 %. De usted en particular menos del 3 %. Y de los tratados de política un 15 %. Saludos cordiales don Antonio y como le dije en otro post, no sé que coñ.o hacen los grandes medios de papel que no le contratan a usted de articulista cuando es mucho mejor que la mayoría de los que escriben en ellos.
¿Fue por falta de población con la que ocupar? ¿Fue por hedonismo? ¿Fue porque los del norte no eran tan indefensos y salvajes como nos dicen? ¿Acaso la sociedad califal no era más que un cascarón vacío?
No sé si alguen ha respondido a estas preguntas, que no pretendo que sean inocentes. Se nos ha vendido y ahora más, que el califato fue el sumun de la civilización en contraposición de los atrasados y salvajes reinos del norte. Se nos ha dicho, desde siempre, que Almanzor fue un genio militar, pero no se ha explicado por qué el genio militar se llevó las campanas en lugar de quedarse a contemplarlas todos los días.
D. Antonio, leyendo su relato se me ha ocurrido que tal vez el Califato tuviera asumido desde el principio, es decir desde el primer califa, que un día llegaría su fin.
La política de las azeifas, desde el punto de vista táctico era buena, producía buenas rentas, elevaba la moral de la población y mantenía un ejército activo y a los posibles conspiradores en él y bien lejos.
Desde el punto de vista estratégico era un desastre. Conforme iban dejando a los cristianos más míseros a estos les importaba poco la muerte con lo que los ejércitos aumentaban. Desde el punto de vista de la población debían resultar poco reductoras, con lo que la población seguía creciendo y avanzando.
Con este razonamiento no descubro nada. Al morir Almanzor cesaron las azeifas y poco después eran los cristianos los que hacían correrías.
Pero los califas no eran tontos ¿como no se lanzaron a la conquista y ocupación del Norte? ¿Fue por falta de población con la ...
Para "ilustrar" el texto he colgado una foto del viaje a Zakouma, un nómada del lago Gara, en Chad. Sigue llevando lanza en el arzón.
He dejado, para que les salte a las pantallas mañana, un nuevo cuento , en este caso inspirado en la prehistoria y los neandertales, y, sin más, me escapo al monte.
Creo que en el chiringuito de los cazadores de Bujalaro hay festín de jabalí. El que mató el Luismi en la última batida.
No andaré lejos.
Que descansen.
Nota del Blogger: el último intruso o troll o lo que sea que he borrado hoy , amen de los habituales, era "pornográfico". Como les cuento: un enlace a una página "porno". No nos privamos aquí de nada, desde luego.
CUENTO CHINO
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Érase una vez una gran Comunidad de Propietarios, de vecinos, que se regían por unas normas de convivencia obsoletas, redactadas por anteriores e inexpertos miembros de la comunidad. Entre las Normas de Comportamiento vecinal habían algunas que por su sabio contenido, entre sus predicados contemplaban la solidaridad, como el primer deber de cada uno de sus componentes y otras que estimulaba el orgullo de pertenecer a aquélla agrupación.
Sin embargo, en la redacción de los estatutos de la Comunidad, se habían dejado unos párrafos o colado unos conceptos que filtrando un supuesto derecho de libertad, se
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entrometía en la libertad de los que se sentían más fuertes y seguros manteniéndose unidos y pagando proporcionalmente las cuotas que les correspondían de gastos de los gastos sistema de mantenimiento de todos los servicios, de las contraprestaciones recibidas.
Unos pocos vecinos "listillos" de una de las plantas del gran edificio comunitario, aprovechando el vacío existente en los párrafos mencionados, antepusieron su personal e insolidaria ambición a los intereses del conjunto, a los principios de la colectividad, beneficiándose económicamente de ello. El desbarajuste y exigencias que fueron desplegando ponían en peligro la existencia de aquélla congregación, de aquella “piña”.
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¿Cómo terminar con ese cáncer que iba corroyendo y descoyuntando la unidad de la hasta entonces perfecta Comunidad?
Algunos vecinos se percataron de que la única solución para evitar el “libertinaje” de los convecinos residentes en aquélla planta era terminar con los privilegios que les otorgaban aquéllas deficientes Normas, corrigiendo e instituyendo otras que prohibían taxativamente cualquier interés creado fuera de los intereses generales de la Comunidad.
Cuando se puso en vigor esa rectificación, se terminaron los oportunistas listillos abusadores.
“Y Colorín, colorao, este cuento se ha acabao”.
Qué raro.
Aseguraría que ayer mandé el texto que viene a continuación y que no trata de política sino de procedimientos lógicos que deberían ser contemplados por nuestra Constitución:
"En su último párrafo menciona el “Estado de Derecho” alegando, con buen criterio y mucho fundamento, que no se debe consentir que nadie lo infrinja poniendo en marcha medidas preventivas,(vigilancia policial...etc.) para que el que lo haga pague las consecuencias de su delito.
Por la misma razón, ese Estado de Derecho, no debería dar cancha de juego ni financiación ¡eso es el colmo! a quienes intentan destruirlo con ideas separatistas contrarias a la Constitución, que deberían ser interpretadas como delitos, puesto que atentan contra las Normas aceptadas por la inmensa mayoría de españoles y ponen en peligro el poder que aglutina la Unidad de la Nación".
D. Antonio... ¡que cruz! El simple hecho de intentar pergeñar algo poético me sume en la depresión ¡qué más quisiera yo!.
Así que, con licencia de un antepasado, les regalo una coplilla que dedicó a su enamorada en tiempos de Semana Santa
"Qué quieres preguntarme?
¿que si me gustas?
No se por qué me haces
la tal pregunta
Bien sabes, niña,
que hasta un cartel de cultos
te adoraría".
Eran otros tiempos, claro...
Antonio, qué poco espacio nos deja
este angosto y traidor posteador
que como dueño ávido la testa seca;
veneno es la política para su adorador.
Ningún talento tengo para la creación
y su reto me niega la dosis de droga
que arrastra y me quema cual maldición;
si no escribo la angustia me ahoga.
Sin genio, ni chispa, ni memorias
mis torpes coplas hacen de mal remedo
y me evitan sus exigentes historias;
borremé si quiere, que sé que mal quedo.
¿Y de los artículos y tratado políticos cuantos se salvarían, José Antonio?
D. Antonio, me ha pillado por sorpresa. Veré que puedo hacer, pero la musa me abandonó hace más de un año, conforme me envicié en la política.
Y es que la política no trae nada bueno.
Es más interesante un buen post de política que un ladrillo de literatura.
De todos los libros que se escriben y que se han escrito de literatura habría que tirar a la basura más del noventa por cien.
Dicen que en las cumbres más altas de la Tierra, oculta a los ojos de los hombres, tiene su morada el Jardinero de Sueños. Cuenta la leyenda que se trata de un hombre por el que no pasan los años, ya que en un momento de su vida, cuando su situación era insostenible, juró servir al Gran Dios si éste le proporcionaba la paz que su alma necesitaba.
Dios le escuchó, y acordó que él se encargaría de plantar, regar y cuidar de los sueños de la gente por siempre jamás, y que a cambio, él recibiría la paz que tanto ansiaba y vida eterna, de manera que puediese desempeñar siempre su trabajo con total perfección, sin el agotamiento propio de edades más avanzadas.
En su primer día, el Gran Dios le mostró el que sería su hogar y lugar de trabajo. Le dijo que debería escalar a la cima más alta de la cordillera sagrada y una vez allí, cerrar los ojos en busca de la paz que su alma reclamaba. De esa manera, se mostraría ante él la puerta que debía llevarlo a su morada. (sigue)
Una vez consiguió abrir la puerta, que se elevaba sobre el terreno y daba a unas escaleras de un brillante mármol blanco, el Jardinero de Sueños comenzó a descenderlas poco a poco, con pasos lentos pero firmes.
Cuando llegó al final de la escalera, sus ojos quedaron absortos ante el paisaje que tenía enfrente: un inmenso campo, lleno de flores, plantas y arbustos.
- "Bienvenido" - le dijo en Gran Dios - "éste es tu hogar a partir de ahora".
- "Pero, ¿qué es lo que debo hacer aquí? Yo no soy jardinero, seguro que todas estas plantas se me morirán, nunca tuve maña para estos menesteres..."
- "Tranquilo" - contestó el Gran Dios - "No son plantas, son los sueños de la gente. Si te fijas, en sus flores y hojas se reflejan los pensamientos que pasan por sus mentes mientras duermen".
- "¿Y cuál es mi función aquí?
(sigue)
- "Deberás encargarte de regarlos para que crezcan, podar los que estén secos y plantar otros nuevos, a medida que se vayan secando las plantas más ancianas. Proporcionarás paz a las mentes atormentadas y desasosiego a las almas que se alejen del camino del Bien. Pero ten cuidado, si las riegas en exceso, o las dejas sin regar, pueden marchitarse, y entonces las personas dejarán de soñar..."
- "¿Y qué hay de mí, yo seguiré soñando?" - Se apresuró el hombre a preguntar, temeroso de perder esos viajes fantásticos a lugares recónditos, a ver rostros hermosos y paisajes de colores vivos.
- "Tú tienes tu propia planta, en tu cabaña, junto a tu cama, hay plantado un bonsai, al que deberás ir dando formas y cuidando a diario, de manera que dependiendo de la forma en que lo podes, podrás escoger tus sueños".
(sigue)
Y el Jardinero de Sueños se puso manos a la obra, plantando sueños, regando pesadillas y arrancando las flores muertas. Así que si un día tienes pesadillas, acuérdate de regar el bonsái de tu memoria, para que mañana vengan sueños mejores...
== FIN ==
"El Jardinero de Sueños"
Jueves, 31 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo