Verano. Para la mayoria deseado por las vacaciones, pero también tiene sus detractores por las calores. Época de la pasión y la plenitud. Todo se vive con mayor intensidad. Los recuerdos de verano aparecen en nuestra mente con viveza y claridad: es nuestro principal anfitrión, el sol.
Es la época para vivir, y evocar momentos de nuestra niñez de momentos plenos. Podemos recordar con total nitidez sabores, aromas, colores, y todos ellos elementos de un escenario de máxima autenticidad ideal que se puede confundir con un ensueño.
Para vivir, porque podemos siempre volver, año tras año, a reencontrarnos con esas sensaciones, con situaciones y circunstancias posiblemente diferentes, pero que podemos volver a sentirlas con plenitud.
Una época donde la intensidad cobra un enorme valor, quizás una intensidad especial, que nos da una saciedad emocional. No sobra ni falta nada, porque nuestros deseos se van concediendo uno detrás de otro.
Y creo que es un ejemplo donde se puede percibir más cerca el mundo de las Ideas a través de este mágico mundo sensible -En un atasco de circulación en pleno verano seguro que no-.
Concretizar con palabras algunas sensaciones puede ser mala idea para las personales que puedes estar evocando, pero aquellos días de campo en plena naturaleza, o aquel atardecer con el mar como testigo pueden ser escenarios que tengamos en nuestras mentes, con una larga cadena de adjetivos que seguro que nos faltan para representar lo sentido y lo vivido.
No sé cuantos días de vacaciones tendrás, o si ya las has tenido, pero sino es así, intenta disfrutar cada segundo con la máxima sensibilidad dejándote influenciar por el sol que las endorfinas ya harán su trabajo.
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Jueves, 26 de noviembre
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