El alcohol, ese que nos acompaña en diversas circunstancias y actos a lo largo de nuestra vida, suele estar más presente en la época estival, a veces sin darnos cuenta.
Si durante el resto del año se limita, en la mayoría de las ocasiones, en las salidas nocturnas y los 'botellones' de los jóvenes -sin mencionar las discretas alcoholizaciones en restaurantes-, ahora con la llegada de las calores nos relajamos y aumenta ligeramente su consumo. Desde abril aproximadamente empieza a celebrarse las fiestas y celebraciones de cada rincón y pueblo de España y comienza el desmadre. Es razonable hasta cierto punto la celebración, la deshinibición y la alegría como contrapunto a la rutina del resto del año, pero no los excesos que se cometen en estos determinados momentos.
Somos muchas las culturas que tenemos arraigado el consumo de alcohol como elemento de celebración pero cuesta, y va a seguir costando, tener consciencia de lo que ello comporta a nuestro organismo. A día de hoy, son muy pocas personas -y reconozco que yo, hasta hace bien poco- las que tienen conocimiento que el alcohol mata, provoca cáncer. Así de contundente hay que decirlo, porque tal como manifestaba un informe de OMS, la gente no percibe una relación directa entre el consumo de alcohol y el cáncer.
No quiero ni pensar cómo estaran todos esos jóvenes que ahora se alcoholizan los fines de semana, cuando tengan 50 tacos, a no ser que me sorprendan porque vienen con una buena genética de "fábrica".
Por eso, ahora empezamos que si el tintito de verano, que si un güisquicito, las copas de fines de semana, que si nos 'colocamos' todos los días en feria, y al final resulta que menuda vacaciones le hemos dado a nuestro hígado, a costa de nuestra efímera felicidad.
En fín, que no se trata de ser aguafiestas, que como siempre todo se puede compatibilizar y sólo es necesario mostrar una actitud de verdadera moderación, y sobre todo, control de las emociones: no dejarnos llevar por la emoción intimidatoria del grupo.
La verdad es que es una pena ver como miles de jóvenes ya no se divierten si primero no hacen botellón.Lo peor de todo está en que beben tanta cantidad de alcohol, que aunque solo sea los fines de semana esto influye negativamente a la hora de concentrarse en los estudios. Sus neuronas se van deteriorando poco a poco.
Quizás cuando se den cuenta ya sea demasiado tarde. Un saludo y hasta pronto.
Lunes, 9 de noviembre
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Carlos Blanco
Julián Moreno Mestre
Juan Luis Recio
Juan Granados
Ángel Sáez García
Antonio García Fuentes
Siro López
Marie-José Martin Delic Karavelic
Alicia Antolín de la Hoz