
Nuestra ingesta de sal es muy considerable en nuestra dieta, y sobre todo en productos elaborados donde suele venir bien condimentados para que nuestro paladar esté contento. Esto conlleva darle más trabajo a nuestro hígado y riñones y con los años problemas en ellos, como hipertensión y otros problemas.
Hemos acostumbrado a nuestro paladar, por la cultura gastronómica a sabores salados pero realmente no es necesario ese aporte de sal, ya que la mayoría de los alimentos, frutas, verduras y demás contienen suficientes sales minerales como para añadirle más.
Realmente lo salado está únicamente justificado en épocas de calor, cuando sudamos considerablemente perdiendo muchas sales minerales en el sudor, como es el caso de los deportistas.
Si somos esclavos del salero, una vez tenemos un plato listo para comer, podemos disminuir esa sensación de necesitar lo salado con un sencillo y simple truco. Se trata de cuando vayamos a tomarnos una ensalada, a la hora de aliñar, no incluir la sal. De esta forma apreciaremos el salado natural de las verduras y hortalizas y al cabo de un tiempo apreciaremos que nuestra debilidad por lo salado habrá disminuido. Con esta medida tan fácil conseguiremos con los años evitar posibles problemas y enfermedades de salud.
Jueves, 16 de octubre
Marie-José Martin Delic Karavelic
Juan Luis Recio
Pedro Antonio Martín
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Gonzalo Sol
Tierras del Olivo
Rosana Fuentes
Pilar Carrizosa
Periodista Digital
Raulet el Artillero