Árbol Caído
03.01.12 @ 17:36:20. Archivado en Sobre el autor
Creemos saberlo todo de nuestros seres más cercanos y directos.
Afirmamos ser amigos de nuestros amigos y que sabemos cómo son. Tendemos a prejuzgar a los conocidos y nos tiramos a la piscina cuando hablamos de quienes no tenemos el gusto de conocer o padecer. Y por lo general, nos equivocamos.
En la víspera de Nochevieja me llamó la atención una situación a priori normal. Un hombre de mediana edad estaba sentado bajo un árbol. Quizás venía de hacer deporte y se estaba recuperando del esfuerzo. Es lo que dirían quienes le conocen bien, la familia, y que saben que todos los días sale a correr a la misma hora. Para los conocidos es posible que viniera de sacar a pasear un perro que no tiene. Si la respuesta proviniera de sus amigos posiblemente hubieran respondido cada uno de una forma diferente, aunque todas amables. Si el juicio de opinión llegara de quienes lo han tratado una vez o ninguna, el perfil de disparates sería infinito.
No tengo ni idea, es evidente, de qué hacía allí, pero ciertos indicadores apuntaban hacia la búsqueda de una soledad momentánea y quizás necesaria. Un señor, rodeado de hojas caídas, apoyado contra el tronco, abarcando las piernas con los brazos y con un tembleque de nervios generalizado.
No, no estaba ni borracho ni drogado. Estaba triste, preocupado y no tenía intención de compartir ni si tristeza ni su preocupación con nadie. Lo que fuera, mucho o poco, se lo estaba masticando para sus adentros.
Posiblemente, a saber, pues seguí mi camino, minutos después cejaría de su empeño. Se secaría las lágrimas de la impotencia o de la desesperación y se vestiría socialmente con la mejor de las sonrisas.
Alguien, casi seguro, le habrá preguntado de dónde vienes, qué haces, cómo estás. Le habrán deseado feliz año nuevo y habrá dicho que todo está bien. Y quienes le conocen, le quieren, le barruntan o simplemente le dan los buenos días al cruzarse en el portal, habrán pensado que la vida sigue igual y que cada loco siga con su tema. Está claro que todos tenemos varias vidas y muchas situaciones dentro de una misma existencia.
Creemos saberlo casi todo de los demás. Pero un servidor, un anónimo casual que presenció una milésima de su acto concreto, pudo descubrir más que otros. O nada.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Julio César Izquierdo
autor
Contacto


