Y hablando del tiempo
10.11.11 @ 17:52:13. Archivado en Sobre el autor
Estaba todo el mundo nervioso porque no llegaba el frío. O quizás, era el único tema de conversación: hablar del tiempo para no hablar de otras cosas. Pero el frío llega, como las lluvias. Antes o después. Y es que lo meteorológico marca nuestras vidas, horarios, costumbres y rutinas de temporada. Parece vital el cambiar. Cambiar de peinado, de ropa, de aficiones. Sí, se cambia hasta de edad, de trabajo, de aspecto, de humor, de gobernantes, de equipo de fútbol, de estado civil. Es la vida, dicen. O las modas o quizás las circunstancias, tal vez el propio engranaje social y cultural.
Cambian los días como las hojas del calendario, con santos que no caben en el papel y lunas que van de cuarto creciente a llena para ir menguando. ¡Vaya, si hasta el cambio es cíclico y repetitivo! Pero se nos olvida de un año para otro con las uvas y la serpentina. Bueno, la verdad es que se nos olvidan muchas cosas. Las llaves en la mesita, el móvil en el coche, devolver el libro que te prestaron... Cosas menores, pero también mayores. Sea el caso, refranero en mano, de ser agradecidos, defender a los tuyos, creer en tus amigos, apostar por lo que crees, rectificar, reconocer el error... Hay, cierto es, quienes no cambian, sea de día o de noche, caigan chuzos de punta o salpique un sol de justicia. Personajes que no se mueven ni un ápice de su discurso, los que valoran su palabra y la idolatran, los que dudan siempre del prójimo, los que desconocen la gama que se dibuja entre el blanco y el negro, los que consideran enemigos a quienes piensan o defienden posturas diferentes a las suyas, los que quieren ofender desde la clandestinidad. Sujetos, muchas veces sin predicado, que intentan que los demás comulguen con ruedas de molino. Ahora bien, ya se sabe, tiene que haber de todo. Lo importante es saber distinguirlos para no empecinarse y, llegado el momento, hablar del tiempo. Que si hace bueno, que si malo, que ya no quedan inviernos como los de antes... Mas, siempre en su justa medida, no sea que de una cosa se derive en otra y el calentamiento global llegue por anticipado. Porque hablar del tiempo puede parecer muy socorrido, aunque si termina siendo una repetición te arriesgas a caer en la querencia y querrás cambiar.
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Julio César Izquierdo
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