Veo que te comen los huevos
09.12.09 @ 20:48:32. Archivado en Sobre el autor
Sí. Ponga huevos en su vida. O mejor dicho, ponga una gallina ponedora. Es el último invento de un empresario navarro que se está haciendo de oro gracias a la "gallina de los huevos" de siempre.
Y dirán ustedes "me parece muy bien". Pues vale. El caso es que el señor de marras oferta las susodichas como si fueran animales de compañía, que ya se sabe que el roce hace el cariño y un piquito amoroso se lo puede dar cada uno con quien tenga a bien, siempre y cuando sea de mutuo acuerdo. Pero la cosa tiene su enjundia. Porque, realmente, el producto plumífero está dirigido a todas aquellas personas de la gran ciudad que desean comerse los huevos como Dios manda. Y así, nada mejor que comprar una gallinita con su jaula y todo. Te venden hasta el pienso, supongo, aplicando la oferta del tres por uno y todos tan contentos. De este modo, numerosos urbanitas han apostado ya por su Caponata particular, relegando a un segundo plano al canario y al loro, que lo único que hacen es cantar y molestar al respetable, respectivamente. Ahora, aleluya, cuentan con una nueva amiga que también se la puede colocar en la terraza, con la ventaja de ser un adorno vivo productivo porque pone huevos de pueblo de verdad, con su yemita amarilla y toma pan y moja.
Garantiza el promotor del invento que los bienaventurados dueños podrán degustar, al menos, cuatro huevitos frescos a la semana y ya me imagino al personal de la familia robando los mismos con premeditación y alevosía, aplicando aquello del que primero llega, primero muele. "¿Quién me ha comido los huevos?", preguntará el padre con mala leche. Y más de uno en casa sonreirá con malicia, como diciendo, "los huevos te los comieron hace mucho, pero que hace mucho tiempo".
Claro que puede darse el caso de que algunos apuesten por comprar media docena de ponedoras, habilitando un hueco entre la lavadora y el inodoro. Se creará así un nuevo mercado de comunidad de vecinos, vendiendo el excedente al del cuarto y al del primero por un precio acorde con la naturalidad del producto casero.
Y quien sabe, quizás dentro de poco se puedan comprar marranos enanos que se puedan criar sobre la encimera de la cocina. O sembrar garbanzos en la azotea, aunque sea por huevos.
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Julio César Izquierdo
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