¿Los pueblos en segunda?
21.04.09 @ 16:45:14. Archivado en Sobre el autor
Está claro que en las ciudades vive el gran volumen de población y resulta evidente que, cuando algo falta o no llega a la urbe, los colectivos y los partidos políticos saltan a la palestra para denunciar la injusticia de turno.
Y no digamos nada si se dan determinadas ayudas a los pueblos que no llegan a la ciudad. Pero está claro que, siendo iguales a todos los niveles, las diferencias entre el morador urbanita y el rural son infinitas, se pongan como se pongan algunos y digan lo que digan. Vamos, que, o jugamos todos o rompemos la baraja. Supongo también que algunos estarán pensando ya en las numerosas subvenciones que llegan a los pueblos, criticando incluso – y con cierta razón- que ahí están los dineros que reciben los labradores y que muchos ni siquiera viven donde tienen la producción.
Algo discutible si se quiere, pues también vienen muchos a trabajar a nuestras factorías de coches (por poner un ejemplo) y viven en la ciudad de al lado y también sus empresas reciben buenas cantidades monetarias. Algo que me parece bien, que todo el mundo tiene derecho a comer y a que el Estado invierta cuando las cosas están mal o regular. Que todos los sectores se necesitan y todos somos complementarios.
Pero la cuestión que nos ocupa es otra. Insisto. Al habitante de la villa las modernidades y los avances le llegan tarde o después que a otros, cuando los impuestos a pagar son los mismos. Cuestiones que se manifiestan en los pequeños detalles. Ahí está el tema de la TDT. Sí, la televisión digital terrestre, que si la quieres ver tienes que andar llamando al antenista (que también tiene derecho a tener curre extra), si es que no tienes la antena un poquito moderna. Te colocan un par de aparatos y andando y acoquinando, en cambio si vives en una comunidad de vecinos de la urbe pues tienes subvención. Es más, cuando ya puedes presumir de ser digital descubres que ves la mitad de los canales que un señor de la ciudad y, para más coña, no se ven los nuevos canales autonómicos que, a priori, pudieran ser los que más interés pudieran suscitar entre el respetable. Pero es que si te suscribes a una plataforma de pago tampoco se ven (bueno, en una sí, en el resto nada de nada). En fin, que se te queda cara de lelo y te dices: “bueno, cuando llegué el apagón analógico seguro que se ven todas”. Algo que nos recuerda lo del canal de La Sexta, teniendo muchos ayuntamientos que gastar un dinero de las arcas municipales para que el personal pudiera ver lo que otros ya veían desde hace tiempo.
Lógicamente, estamos hablando de cosas de ocio, pero sin olvidar la frase que decía que la “información os hará libres” o algo así, que tampoco nos vamos a poner a filosofar. Claro que también se podrían tocar otros palillos como la sanidad, que te mandan ir al hospital y luego –se dan casos- te dicen que lo que falta (análisis principalmente) te lo hagas en tu centro de salud. O vas al centro de salud y te dicen que vayas al hospital. O el tema de los horarios de los coches de línea, que dejan mucho que desear y no estaría mal que dieran mejor servicio o de lo contrario todo el mundo terminará marchándose a vivir al hormigón, que puede ser lo que desean algunos políticos y fin del problema rural. Ahora bien, que se sepa, las patatas, el trigo, la cebada, las lechugas y los repollos se dan muy mal entre los adoquines y no veo yo a los hipermercados sembrando en las jardineras. Y... las fiestas del verano, sin pueblos ni chorizo gratis, también se llevarían mal por parte del personal visitante.
Cuestiones que ponemos hoy sobre la mesa de lectura, pero hay muchas más que, casi seguro, habré enumerado ya en muchas ocasiones desde esta sección. Pero conviene ser pesado. Que aquí nadie quiere ser más que nadie. Lo que el ruraliano quiere es ser igual desde la diferencia que supone vivir hoy día en el agro. Nos necesitamos, es verdad, pero es que nos toman por el pito del sereno. Bueno, de serenos no hablo porque entonces me estaré metiendo en la política capitalina.
A lo que vamos, que en los pueblos hay todavía muchas carencias. Y no es que falten calles asfaltadas o farolas, faltan intenciones y más arranques para que algunos servicios y prestaciones lleguen con tanta velocidad como la que, dicen, tiene la banda ancha de Internet y que, curiosamente, funciona de pena hasta en algunas administraciones afincadas en los pueblos.
Ya saben, el que no llora no mama, obteniendo por respuesta oficial el afamado “estamos en ello pero es un proceso lento”. Tan lento como el arreglo de algunas carreteras de Tierra de Campos, cuyas obras están paradas.
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Julio César Izquierdo
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