Quiero ser nacionalizado
16.10.08 @ 19:47:35. Archivado en Sobre el autor
Ahora ya sabemos que la recesión se llama crisis y que la culpa, como de todo, la tienen los norteamericanos. Y así estamos, dándole vueltas al asunto, intentando entender las cábalas que hacen los expertos en macro economía para que los nos movemos en la micro seamos capaces de tirar para adelante, un sitio al que habría que ir de todas formas, pues no parece recomendable el quedarse estanco.
Las cosas, ya lo ven, parecen que están malamente y algunos ya apuntan que el año que viene será el del consumismo, es decir: “con su mismo coche, con su mismo sueldo y con su mismo vestuario”. Bromas aparte, se habla tanto de la dichosa crisis que ya no sabemos hasta dónde llega la gravedad del asunto, aunque sí nos damos cuenta cuando vemos que el dinero cunde menos y los gastos dan para más, afectando, como siempre, a los de siempre: a los curritos, a la gente normal de a pie, los que tienen que estirar un jornal que no siempre es mileurista, pues por estos lares hay mucha, pero que mucha gente, que gana menos de mil euros al mes y por supuesto las pasan canutas. No es de extrañar por tanto que muchos ciudadanos y ruralianos deseen ser nacionalizados por Papá Estado, inyectando en sus economías particulares un pequeño presupuesto que sirva para andar por la calle con la cabeza muy alta y muy europea. Porque ya que andamos dando dinero a la banca para que no se vaya al traste y podamos mantener a salvo nuestros ahorros (si acaso), amén de reflotar la solvencia financiera que mueve el mundo, bien estaría que se reflotase al respetable. Y soy consciente de que no son más que ocurrencias de uno que cursó letras y que no sabe nada de números, pero convendrán conmigo que nos hubiera parecido más interesante que el Estado nos hubiera ingresado una pasta gansa para poder afrontar la crisis, porque lo de los cuatrocientos euros vaya usted a saber dónde quedaron y si no habrá que devolverlos en la próxima declaración de la renta. Claro que a lo mejor nos veníamos obligados a dar explicaciones al ministro o al alcalde, o a un diputado: “Oiga, que si puedo ir el sábado a cenar... ya, que eso no entra. ¿Y si invito a su señora? ¡Ah! Tiene recargo”. La verdad, sería la monda, produciéndose situaciones jocosas, aunque bueno, a lo mejor nos daban la pasta y punto pelota, pero seguramente, tendríamos que pasar todos los meses un listado de gastos y a lo mejor si te pasas de lo estipulado te quitan puntos del carné de conducir, que es de donde se quita todo ahora. Y el colmo llegaría después con las competencias sobre la materia, que al final las comunidades querrían tener controlado el cotarro y así, en unas regiones estaríamos obligados a determinadas cosas y en otras a otras... y de no cumplir con la Ley de Dineros Sostenibles, sanción de aúpa por tolón y revolucionario.
Menos mal que nuestros dirigentes son gente respetable, con preparación y estudios y saben lo que hay que hacer en situaciones de emergencia y de crisis y no tienen en consideración las tonterías que decimos algunos para cumplir con la cuota quincenal de columnista. A ellos me encomiendo en cuerpo, pues el espíritu va camino de convertirse en el de la golosina.
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Julio César Izquierdo
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