Julio César Izquierdo, pregonero del Día del Pastor en Villaumbrales
12.05.08 @ 18:53:23. Archivado en Sobre el autor
A continuación reproducimos el pregón ofrecido el sábado en Villumbrales por el escritor Julio César Izquierdo. El autor quiere agradecer las numerosas felicitaciones recibidas por el mismo y anima a todos los ganaderos de Tierra de Campos a que no pierdan la esperanza ante el desalentador panorama que vive el sector en estos momentos.
Muy buenos días a toda la concurrencia que aquí se da cita. Le toca a un servidor anunciar el evento que tenemos hoy en esta localidad de Villaumbrales, al cobijo de las fiestas patronales y con el beneplácito de los anfitriones y los organizadores y, sin dejar de lado, a todas aquellas instituciones y colectivos que aportan apoyo logístico y monetario, algo necesario si queremos que las fiestas tengan un comienzo digno y un final feliz.
Porque me consta, que el mover aventuras y encuentros como el que hoy nos congrega no es tarea fácil. Que todos sabemos que cada día es más costoso y complicado el llevar a la práctica tangible lo de la promoción turística y la recuperación de nuestras costumbres y tradiciones. Que, dicho sea de paso, son muchas y algunas están cayendo en el desuso y duermen el sueño de los justos por la injusticia de no poder contar con los recursos necesarios para su mantenimiento. Recursos que no tienen que ser, exclusivamente, los crematísticos, que aprendida nos tenemos la lección y sabemos que también empiezan a flaquear los recursos humanos. Vamos, que nos estamos quedando sin gente y cada año que pasa es una proeza que muchas de nuestras manifestaciones culturales se mantengan en pie. Por fortuna, siguen quedando los últimos de filipinas, los aguerridos defensores del mundo rural que son capaces de todo para que nuestras raíces sigan creciendo bajo tierra para asomarse después a la luz. Y ahí están también los componentes del centro de iniciativas turísticas de Palencia, dando en el clavo y evidenciando que el movimiento se demuestra andando y que la provincia existe más allá de las puertas urbanitas. Desde aquí mis felicitaciones a ellos y al propio pueblo de Villaumbrales por seguir apostando por todo lo que tenga que ver con nuestro pasado y nuestras costumbres, que son, y deben ser, señas de identidad que no podemos negarnos ni a nosotros ni a las generaciones venideras. De lo contrario algo estaremos haciendo mal.
Y aquí estamos, dispuestos a la diversión, al entretenimiento y a la puesta en escena de elementos didácticos que nos hablan de un oficio arraigado en lo más profundo de la realidad de la comarca de Tierra de Campos. Hoy, nos juntamos al toque soñado de las campanas para anunciar, entre pitos y flautas, que se festeja día de función, de asueto y divertimento. Hoy, hacemos reunión de pastores, pero no buscamos oveja muerta. Qué va. Bailamos en redondilla y ritmo binario para ensalzar el Día del Pastor en su segunda y joven edición. Nos abrigamos al calor templado de mayo sin quitarnos el sayo para entonar salmos de cachaba y monterilla. Para decir alto y claro, sin tapujos ni zarandajas, que el noble oficio de pastor bien merece un homenaje y un reconocimiento, sobre todo en unos tiempos en los que ser ganadero se complica a marchas forzadas. Porque hay que ir más allá de la estampa bucólica del pastor con sus ovejas, sus perros y el burro. Hay que ir más allá del hombre cuajado a las cencelladas más irreverentes del invierno. Hay que ir más allá del silbido que aparta y recoge al ganado. Hay que ir, a la cruda realidad, ésa que nos dice que hay que conseguir precios dignos en la explotación, pues de lo contrario será mejor tirar la leche, recoger los bártulos y dedicarnos a otra cosa. Que son muchos los males que afectan a la ganadería y al mundo rural y a veces da la sensación de que quieren que cojamos el morral y emigremos por la mesta en busca de otras cañadas y cordeles. Por eso está bien recordar a nuestros pastores, hombres y mujeres, familias enteras que han dado lo mejor de sí para que los demás tuviéramos el calcio suficiente para no dar con nuestros huesos en el suelo.
Y al recordar a los pastores debemos hacerlo sin confundir las churras con las merinas porque sino, luego, se confunde la velocidad con el tocino y ya no sabemos si nos la quieren dar con queso... algo, improbable, que en estos lares de queso puro y de mezcla sabemos bastante y andamos ya bastante escarmentados. Es decir, que a nosotros, los ruralianos y terracampinos, lo de que viene el lobo, ya no nos pilla de susto y tenemos los machos atados a la verja en el quicio del bar.
Por lo tanto, está bien celebrar el Día del Pastor, recordando a quienes se dedican y dedicaron a la cría, guía y cuidado del ganado al aire libre, principalmente el ovino, pero también el caprino y bovino y, por norma general, en ganadería extensiva, aunque los tiempos han cambiado y también ha sabido el sector adaptarse a la modernidad y los nuevos usos, que los cortés no quita lo valiente.
Y es que el pastor y sus circunstancias, nos ha dejado un acerbo cultural enorme, empezando por un lenguaje que empieza a desaparecer y que los chavales debieran estudiar en los colegios. Recordemos algunas, sea el caso de acollar, alenguar, bangón, abrevadero, burdalla, caloyo, cañadero, cardoso, collejas, chotina y así cientos de palabras que están cayendo en el olvido porque el oficio tradicional también está desapareciendo. Claro que también podíamos hablar del legado artesano, que todos sabemos de la habilidad que han tenido siempre para tallar con sus navajas todo tipo de utensilios. O quién no ha llamado a un pastor para quitar el moquillo a su perro. O quién no recuerda los chozos de pastor, evidenciándose su contribución a la arquitectura popular de nuestros campos. Y qué chiguito no se ha puesto el zurrón y el traje de pastorcillo para las representaciones del colegio en Navidad. Es más, todos sabemos que las vírgenes siempre se aparecen a los pastores y ellos son protagonistas de cientos de leyendas que ahora nos sirven para rendir tributo a los santos patrones y a las numerosas advocaciones marianas.
...El pastor, los pastores y todo lo que les rodea. Son parte de la idiosincrasia del mundo rural y del castellano en particular. Intrépidos vaqueros que ya iban al oeste antes que los americanos de las películas. Valientes costureros que inventaron la zamarra como antesala del pret á porter y que trajeron los chiflos mucho antes de que nacieran para la redención dominical los árbitros del fútbol. Restauradores que nos brindaron la new cousine con las cuajadas que mataban el hambre y que hoy se codician, cuando son naturales, en los mejores restaurantes del sector. Queseros de toma pan y moja que bregaron un producto que se paladea en las catas más exigentes. Artífices y creadores de la boina bien calada, sin complejos y con orgullo de ser lo que eran: pastores con mayúsculas que nos divertían con sus barcos nacidos de las cortezas de los árboles. Señores y señoras... que lo uno iba con lo otro, que destaparon el tarro de la esencias, del tomillo y del romero y que lo hicieron soberbio en forma de lechazo churro.
A todo ello, y a todos ellos, cantamos hoy, con el rabel si hace falta, entonando las mejores tonadillas y cultivando las mejores calderetas, que el buen provecho es el que buscamos hoy en este Día del Pastor. Y ya me callo para que no nos entre la modorra, que no es plan. Feliz jornada y a disfrutar de la fiesta.
© julio césar izquierdo
www.erarural.com
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