Binomio pueblo-ciudad
27.03.08 @ 19:28:46. Archivado en Sobre el autor
Se dan casos raros. El otro día estuve en una ciudad que ha montando un vertedero de residuos industriales en una parcela que tenían medio abandonada junto a un campo de fútbol.
Bueno, la verdad es que iban a construir unas casitas molineras a precio de oro, pero se han tirado para atrás porque el personal anda con la soga al cuello por aquello de la recesión que no la crisis, de la que tiene la culpa, por supuesto, otros.
Se dan casos, ya te digo. El otro día estuve en un pueblo donde la banda ancha es ancha de verdad y las carreteras comarcales parecen autopistas. Además, los parques estaban llenos de chavales y los técnicos de desarrollo rural vivían en la localidad y todo. Es un caso tremendo, me comentó el cabo de la Guardia Civil.
Se dan muchos más casos, ya ves. El otro día estuve en una ciudad en la que, los que vienen de fuera a currar a la urbe, pueden sacar un bono trimestral para poder aparcar cerca de su lugar de trabajo sin tener que estar bajando cada dos horas a poner el papelito de marras.
Algo así como una discriminación positiva, y que no deja de ser una contraprestación por dejarles que hagan uso del patrimonio rural y medio ambiental durante los fines de semana.
Casos curiosos, como me oyes. El otro día estuve en un pueblo donde están poniendo puertas al campo para controlar que las cosas no se descontrolen, lo cual me ha parecido extraño porque no he entendido nada. Y un concejal me contó que son tantas las barreras que hay que sortear y superar en el mundo rural que lo mejor era poner alguna física y tangible para que los que quieran entrar se den cuenta de como está el panorama.
Se dan casos, por supuesto. El otro día estuve en una ciudad donde todos eran de pueblo y en el suyo no quedaba nadie. Una capital de provincia, ficticia claro, donde el nivel de vida era bueno y las posibilidades de trabajo mayores que en el agro. Quizás por ello la mayoría de lo jóvenes se estaban marchando a otras capitales más grandes y con más posibilidades y menor calidad de vida. Algunos, qué cosas, incluso estaban emigrando a trabajar a localidades de menos de cinco mil habitantes.
El mundo está al revés, he pensado. Seguro que se trata de pesadillas o de ilusiones ópticas. Vaya usted a saber. Pero el otro día estuve en un pueblo que ya no parecía un pueblo porque el casco antiguo había sucumbido ante una red enorme de urbanizaciones impersonales que no tienen ni santo patrón, ni plaza, ni nada. Tienen gente que va por la noche a casa y que traen el coche cargado hasta las patas del centro comercial. Y yo, de verdad, lo respeto, sobre todo porque lo que estoy contando es fruto de la imaginación y para nada nos basamos en datos reales.
Se dan casos y circunstancias en las que nunca resulta bueno llegar a los extremos, pues el equilibrio es la norma de la balanza. Lo que pasa es que ahora está muy inclinada, cada cual diga a qué lado.
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Julio César Izquierdo
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