Palencia: ¿vertederos sin industrias?
12.12.07 @ 20:52:18. Archivado en Sobre el autor
Hay cosas por las que podemos pasar en el mundo rural. Hay veces que se hace de tripas corazón y con la boca cerrada asentimos como diciendo, “bueno, hágase”.
Pero por lo menos te deja algún rendimiento, se generan algunos puestos de trabajo y se da cierta vidilla al pueblo. Porque, no nos engañemos, las empresas que aquí llegan –salvo honrosas excepciones- lo hacen subvencionadas porque tienen muy claro que contarán con el beneplácito de las fuerzas institucionales. Que ya saben los que vienen que por aquí quedamos cuatro gatos sin poderío. Saben que somos zonas deprimidas que ya hemos sacado casi todo el jugo a los recursos propios, lo cual no es del todo cierto porque todavía queda mucho por hacer en el mundo rural y creo, sinceramente, que debiéramos poner más empeño en fortalecer lo que es genuino: desarrollo del turismo rural, potenciación y puesta en valor del patrimonio, apuesta por lo gastronómico y apoyo sin reservas a los pequeños emprendedores autónomos y profesionales liberales. Con ello no quiero decir que tengamos que descartar a las empresas fuertes que decidan asentarse en los pagos de nuestras localidades y villas, pero sí estaría bien mirar con lupa qué traen y qué nos aportan. Sean bienvenidas las fábricas que hacen queso, las que transforman, las que se dedican a componer eólicos incluso, las que hacen galletas, las que embotellan, las que hacen manteles y servilletas, las que hacen ruedas, las que ustedes pueden recordar y enumerar. Unas serán más ecológicas, otras menos, todas, efectivamente, dentro de lo que marque la ley y el sentido común.
Pero lo que ya no resulta tan llamativo es el afán constante de los últimos años, en los que observamos con preocupación que nuestros entornos rurales son pasto y sugerencia para convertirse en depósitos de residuos. Desconozco qué aportan a los lugares y pueblos en los que desean asentarse, aunque es curioso que un alto porcentaje de las propuestas que llueven en nuestras comarcas siempre tengan que ver con vertederos de basura industrial. Parece que somos la reserva espiritual y callada, con marcado acento castellano. Vienen aquí porque no nos quejamos, porque tragamos con todo. Que digo yo que si tienen que venir que se deje sentir. Que no parece muy loable que los ruralianos nos tengamos que comer crudos los sobrantes de las industrias afincadas en periferias prósperas y ricas. Que no parece de recibo que aquí llegue lo que las gentes de allí (donde están las empresas que tiran humo pero dan de comer) no desean ni por recomendación divina.
Ya sabemos también que el progreso tiene un coste social y medio ambiental, que a todos nos gusta tener y disfrutar de los avances tecnológicos, lo cual genera mierda y residuos. Que a todos nos gusta vivir bien y saborear las comodidades y, tristemente, nos hacemos los locos y nunca nos preguntamos qué se hace con los sobrantes no biodegradables. Pues está muy claro: llevarlos a un vertedero y tirar tierra encima. Ahora, de ahí a que siempre nos los quieran endosar a los mismos hay un abismo. Primero que vengan las empresas creando empleo, riqueza y asentando población joven en el ámbito rural y luego hablamos de lo otro. No empecemos siempre al revés que ya no cuela. ¿O sí?
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Julio César Izquierdo
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