Hay pueblos
19.02.07 @ 19:17:12. Archivado en Sobre el autor
Hay pueblos que huelen a silencio y que venden silencio. Silencios de huellas calladas que gritan en los arañazos invisibles que se marcan, transparentes, en las paredes que fueron y que ya no son.
Hay pueblos que derraman cultura a borbotones por los cuatro costados y se sientan recostados por las esquinas para lamerse las heridas que ya cicatrizaron pero que siguen lanzando sangre que dejó de ser roja hace mucho tiempo.
Hay pueblos que se miran en el espejo del pasado para esbozar una sonrisa que les pueda iluminar en el futuro, pero el mañana se ve maniatado por las prédicas confusas del desarrollo sostenible.
Hay pueblos que lo siguen siendo, aunque sus entornos no puedan divisarse desde improvisados miradores afincados en altozanos de raigambre y sabiduría popular zambullida por hormigones infieles de urbanizaciones imposibles pero reales.
Hay pueblos que van a la merma porque no pueden ir a otro sitio, sintiéndose condenados por pecados que desconocen haber cometido y porque alguien omitió la penitencia.
Hay pueblos que esbozan lances para salir airosos, pero algunos queman el aire para conseguir que la inanición se traduzca en desfallecimiento, abandono, astenia y lasitud, consiguiendo así, la victoria de un enemigo que se sospecha, aunque no se le pueda poner un único nombre.
Hay pueblos que se empeñan en seguir en su sitio aunque les sitien, que puede sea la mejor fórmula de resistencia y la única manera de que nadie pueda abandonar el barco sin sufrir las consecuencias.
Hay pueblos que ya dejaron de serlo en cuanto al calor humano, si bien otros trasmiten tanto o más por la cercanía de su pronosticada combustión, retornándose para la eternidad en una constante hoguera de San Juan que no tendrá saltarines que puedan purificar alma y cuerpo.
Hay pueblos que seguirán dando la talla porque pondrán todo su esmero en crear nuevas figuras que puedan ser admiradas por los que ya están y por los que vendrán para contemplar cómo obró el milagro.
Hay pueblos que sabrán escuchar su fuero interno y que valorarán en su justa medida las bienaventuranzas que lleguen de allende sus pagos. En definitiva, quienes no confundan las churras con las merinas, seguirán teniendo pueblo para que otros puedan venir también.
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Julio César Izquierdo
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