La hora de la verdad

Al poeta Don Quijote

24.01.15 | 20:45. Archivado en Sobre el autor, Literatura, Escribas del arte

Viviste en una España decadente, donde, como hoy, triunfaban los pícaros. Mas tú te rebelaste, oh Don Quijote, y decidiste que valía la pena calzar lanza, escudo y armadura para hacer estallar el reino de la fraternidad y la justicia entre los semejantes. Grandioso testimonio de la paradoja que ensalza: mientras hacías el bien, los beneficiados se reían de tu divina locura. Incluso tu gran estímulo carnal, la musa Dulcinea, no era sino la pobre labriega Aldonza. ¿Alucinación? ¡Quiá! ¡Lo real es que tú luchabas por ella y que, por ganarte su favor, en campaña de utopías benéficas te embarcaste hasta el final!

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San Gabo y su último servicio a la causa madridista

Puede que Gabriel García Márquez no creyera en Dios, pero Él siempre creyó en el gran escriba colombiano. Hasta el punto de que, una vez cerrados aquí los ojos para siempre el pasado Jueves Santo, el Viernes de Luz le sorprendió allí a san Gabo con toda la eternidad por delante para ser feliz. En estas profundidades andaba yo sumergido esta mañana mientras caía en la cuenta del peso del tiempo sobre mi propia existencia: treinta y un años muy mal llevados ya.

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Paco de Lucía, la guitarra que no cesa

26.02.14 | 19:54. Archivado en Sobre el autor, Música, Páginas de luto, Escribas del arte

Al igual que Miguel Hernández lanzó un rayo que no cesa, sino que truena tronante pese a su muerte, hoy, apagado Paco de Lucía, tan temprano, su guitarra no cesa ni lo hará jamás. Seguirá como siempre, sonando alegre o ajada, estremecida o adormecida, revolucionaria o entregada a la mortaja y el luto. Como hoy. Aunque viva; porque vive, exultante de vida. Porque cantará sin cantar, exaltará epopeyas y derrotas sin valerse de una letra, sin una voz que ahonde en el desgarro o el éxtasis.

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Agujetas en el alma, con los santos literatos

Hoy es uno de esos días en los que arrastro las piernas, pero ante todo porque me pesa el cerebro. O más bien la niebla que por él ronda, también a medio camino hacia un corazón amenazado por las entrañas. Sí, eso que los poetas y soñadores llaman alma.

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Johnny Cash crucificado

02.12.13 | 20:28. Archivado en Sobre el autor, Música, Páginas de luto, Escribas del arte

La soldadesca presa aúlla, aunque solo sea en tu cabeza, Johnny Cash. En tu último suspiro, justo antes de morir, tú, la voz del country más profundamente americano, te sientes en uno de tus míticos conciertos en la cárcel. Sin embargo, esta vez, aunque sigas oyendo con toda claridad el rugido de los reclusos, que patean el suelo con furia, no puedes sino entregarte a tu canción más desgarrada y auténtica, que resbala de tus labios añejos a modo de balada espiritual. Así, tras un silencio en el que quieres buscar a June, ya musa entre la niebla, te rajas por dentro y entonas tu ‘Hurt’ (‘Roto’): “Me hice daño a mí mismo hoy, / para averiguar si todavía sentía algo. / Me centré en el dolor, / la única cosa que es real. / La aguja hizo un agujero, / el viejo y conocido pinchazo. / Intenté matarlo, / pero siempre lo recuerdo todo”.

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La última obra de arte de Almodóvar

01.10.11 | 18:24. Archivado en Sobre el autor, Crítica, Cine, Escribas del arte

Si quieres ver desfilar ante ti un sinfín de almas humanas, debes ir a verla. Si quieres sumergirte en los matices y contrastes de la pasión enfermiza, el amor sin reservas, la fidelidad ciega, la sospecha fría, la traición inesperada, el chantaje indecente, la venganza cruel, el odio macabro, la inseguridad que paraliza, el miedo que infarta, la obcecación de granito, la vida y la muerte, debes ir a verla.

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San Unamuno, por los toros hacia Dios

San Unamuno, el alma hecha contradicción, nunca fue demasiado aficionado a los toros. Decía que distraían demasiado a la gente y no la dejaban pensar en otras cosas más importantes. Los veía algo así como el pan y circo de la plebe. Pero, en realidad, yo creo que no fue taurino porque no le dio tiempo. Y eso que murió a los 72 años.

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San Ramiro de Maeztu: ¿pensar es cosa de locos?

01.09.11 | 23:51. Archivado en Sobre el autor, Reflexiones, Literatura, Escribas del arte

San Ramiro de Maeztu ya lo avisó en ‘Hacia otra España’, en 1899. Frente a lo que algunos creen, pensar no es cosa de locos: “La labor intelectual –i-n-t-e-l-e-c-t-u-a-l, entiéndase bien– de los enamorados de la vida por la vida requiere algo más que entusiasmo; requiere una pasión desbordadora. (...) Es común, efectivamente, vivir ajeno a tales entelequias. Los hombres sanos siguen naturalmente su camino sin cuidarse de otros códigos que de aquellos en cuya sanción interviene la Benemérita Guardia Civil. No es que sean inmorales, ni morales: son amorales simplemente. (...) Grandes amarguras íntimas le costó su intento a Malthus. A Federico Nietzsche, el Redentor, el poeta que ha alcanzado en sus días de vislumbre la identificación de su pensamiento con su instinto, de su vida con la vida universal, le ha costado la empresa la pérdida de su razón, ¡la pérdida de su entendimiento prodigioso! No me diga, con el señor Sanz Escartín, que tales ideas sólo pueden conducir a la locura. Las ideas a nadie vuelven loco, sino la presión a la que someten sus cerebros los intelectuales creadores. ¡Oh!... De seguro que no corren tal peligro el señor Escartín ni ninguno de los escritores que han dejado al Espíritu Santo el cuidado de pensar por ellos. No será, al menos, el esfuerzo de producir ideas nuevas causa que altere el regular funcionamiento de sus órganos vitales”.

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San Unamuno y la lucha con Dios

Lo dejó escrito San Unamuno en ‘Mi religión y otros ensayos’, de 1910: “Mi religión es buscar la verdad en la vida y en la vida la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarla mientras viva; mi religión es luchar incesantemente e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob. No puedo transigir con aquello del Inconocible –o Inconognoscible, como escriben los pedantes– ni con aquello otro de “de aquí no pasarás”. Rechazo el eterno ‘ignorabimus’. Y, en todo caso, quiero trepar a lo inaccesible. (...) Yo quiero pelear mi pelea, sin cuidarme de la victoria. ¿No hay ejércitos y aún pueblos que van a una derrota segura? ¿No elogiamos a los que se dejaron matar antes que rendirse? Pues ésa es mi religión”.

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Isabel Allende pinta el catolicismo más rancio

Isabel Allende, una de mis escritoras favoritas, refleja en muchas de sus obras las hipocresías del alma humana. En Inés del alma mía, que ando ahora leyendo, pinta un episodio dantesco. En plena batalla entre los ejércitos de los españoles Pizarro y Pizarro, antiguos aliados en la conquista de Perú y luego enfrentados por la codicia del poder único, Isabel Allende describe con maestría la corrupción de la fe:

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Hemingway torea esta medianoche en París

02.07.11 | 17:17. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Literatura, Escribas del arte

Muchos creen que moriste hace hoy cincuenta años, en otro 2 de julio, cuando te descerrajaste un tiro en la cabeza. Se equivocan. Como se confunden los que piensan que la maravillosa película de Woody Allen, Medianoche en París, es simplemente eso, el título de una aventura en la gran pantalla. No, es mucho más, es el guiño de artista a artista. Es la forma en que el alucinado y disparatado newyorkino, sin que nadie se perciba de ello (de ahí la coña), anuncia tu faena de esta medianoche bajo la iluminada Torre Eiffel. Porque la única realidad es que cuando Notre Dame dé las doce campanadas, los espíritus y las almas atentas de los vivos podrán presenciar la faena de Hemingway ante un miura.

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¡Maldita seas, Bernarda Alba!

¡Maldita seas, Bernarda Alba! El cuerpo de tu hija pequeña, Adela, cuelga del techo. La soga ha partido su cuello, marcando el compás del resto de su cuerpo, que oscila de un lado a otro. Frente a ella, Bernarda Alba, manteniendo la rigidez, ni siquiera mueves los ojos, anclados en sus pies. Tu corazón tiene fijo el pulso. ¡Ni una lágrima! Te rodean el espanto y los lloros nerviosos de tus otras cuatro hijas, pero tú solo tienes una respuesta: “¡Silencio!”. Ni una lágrima por la criada en tu panza, por la parida desde tu dolor, por la amamantada con tus pechos.

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Sábado, 18 de noviembre

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