La hora de la verdad

La Revolución Ilustrada estalla en Segovia y Medina del Campo

Sin previo aviso, Max Estrella huye de la muerte, abre su ataúd e, ipso facto, de Madrid pasa a Segovia. Tiene que cumplir la última misión que le marcó Valle-Inclán: encender la mecha de la Revolución Ilustrada en el albor del siglo XXI, en esta España nuestra que se cree moderna y continúa siendo rancia. Sabe que, en su compleja misión, la Historia, netamente reaccionaria, tratará de despistarle al mezclar a sus ojos el pasado con el presente. Mas no teme a nadie. “¡Se trata de una gloria nacional! ¡El Víctor Hugo de España!”, le anima desde la ultratumba Don Latino de Híspalis, este sí cubierto por el sudario y la mortaja.

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Paz en Peñíscola

09.08.13 | 11:01. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Viajando voy

Frente a la línea de chiringos y tiendoletas, culminando un islote unido a la barra brava, se erige esbelto y bello el castillo de Peñíscola, sede de un pontífice que acabó siendo tachado de hereje y cabezón. Ilegítimo o no, Benedicto XIII, el Papa Luna, continúa enrocado en sus dependencias palaciegas, donde en esta noche resuena un recital de música barroca y renacentista. Entre los visores, hay uno especialmente bisoño, que trata de desentrañar los armoniosos pero complejos ecos musicales. Sin embargo, los elementos se lo impiden: a un lado cuenta con un señor cargado de tinto hasta el punto de que sus ojos son ya rojo-pasión; al otro, un niño de cuatro años no deja de pegar patadas mientras no deja de visionar su minúscula videoconsola.

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París es una fiesta

29.04.13 | 22:50. Archivado en Relatos, Viajando voy, Páginas de luto

‘París era una fiesta’, tengo entendido que se titulaba un libro póstumo de usted, señor Hemingway. Perdone la osadía, pero quiero transmitirle lo que he comprobado estos últimos cuatro días: París sigue siendo una fiesta. Sí, y como sé que le gustará saberlo, ahí donde está, le voy a contar lo que he visto con mi mirada alucinada, esa que algunos ignorantes llaman imaginación. Como si usted y yo no supiéramos que es la verdad que, aunque no se ve, resplandece con la autenticidad de las cosas que merece la pena que existan. Pero, para continuar, creo que es necesario que nos tuteemos. Y que nos sirvamos un buen tinto. ¡Camarero, dos copas para don Ernesto y un servidor!

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Y la luz se hizo con Nueva York

22.06.12 | 20:32. Archivado en Sobre el autor, Viajando voy

¡Blog moribundo, yergue la bandera y levántate otra vez cual gloria del surrealismo cañí! ¡Que te espabiles, hombre, que llevas ya tres semanas dormitando bajo el eslogan del ‘Cerrado por boda’! Habrá su momento especial para comentar ésta, pero tienes ahora el deber de abrir el espacio para la luz que lucha por salir desde su interior. Nueva York ha cautivado a tu escriba alucinado, que viene empujando borracho de ímpetu y pasión. Tu autor, ese petardo, no aguanta más sin cantar, cual Frank Sinatra, a New York…

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Tenerife y La Gomera, del cielo al cielo

05.08.11 | 18:26. Archivado en Sobre el autor, Viajando voy

Dicen que de Madrid se va al cielo. ¿Y desde el Teide, que está más alto? Hace unos años, junto a buenos amigos de la Universidad, comprobé que Lanzarote era diferente. Imaginaba que las Canarias eran unas islas especiales. Ahora, que conozco a dos más, adelanto mi veredicto definitivo: la volcánica tierra de los canes es el paraíso terrenal. Y dos de sus embajadas, Tenerife y La Gomera, el cielo sobre el cielo.

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Corpus Christi, el alma de Toledo

24.06.11 | 18:27. Archivado en Sobre el autor, Religión, Viajando voy

Muchos amigos me recuerdan con sorna una frase que dije asomándome a la noche de Jerusalén, desde una ventana que me acercaba un poco más al cielo de lo que ya lo estaba: “Jerusalén huele a fe”. La coña viene porque, solo un segundo después de pronunciar esas palabras con tono susurrante y el rostro impregnado de beatitud, me lancé a alabar a grito alzado los alucinantes atributos hembriles de la dependienta del hotel... Soy así, cambiante al instante y apasionado en todo, ya sea celeste o carnal, blanco o negro. Contradictorio siempre. Tronadas las entendederas.

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Miguel Hernández apura su pinta en la noche de Dublín. Brinda por Saramago

18.06.10 | 18:59. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Viajando voy

Miguel Hernández apura su pinta en la noche de Dublín. Acurrucado en la esquina más oscura del Gogarty, la mítica taberna yellow anclada en The Temple Bar, el barrio crápula, devora con avidez las páginas del Times. Dos noticias, activadas en la portada digital del gacetón, llaman especialmente su atención. La primera acusa a Sara Carbonero, esa musa, de haber jodido el debut español en el Mundial distrayendo a su Casillas. “Vaya sopla gaitas están hechos estos periodistillas”, musita para el cuello de su camisola, recordando los tiempos en que compaginaba pluma y fusil en sus días de miliciano-cronista mientras España se mataba entre sí. Fuma un cigarro francés. La segunda noticia es la que le cambia la cara: “Ha muerto Saramago”. Pálido, con los labios sellados, perdida la mirada en el horizonte del garito, coincidiendo con las tetas de una odalisca rubia que se hincha de chupitos. Concluido el ritual habitual entre poetas muertos, brinda con su jarra al frente. “Nos vemos, compañero”.

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Y Morante cantó ‘I love Dublín’

08.06.10 | 00:02. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Tauromaquia, Viajando voy

Tras presenciar, como invitado de honor, el I Encuentro Internacional por el Abrazo de la Copla y el Fado, acaecido en Estambul, el 2 de junio, abonado a la tele de un bar, presencié in situ la Cumbre Celestial del Toreo a Capote. La Universidad de Las Ventas, con motivo de la Jornada de la Beneficencia, se vio envuelta por la esencia de tres ponentes de la verdad: Cayetano, Luque y Morante de la Puebla. Tras lo sentido, supe que mis ojos jamás olvidarían el duelo de quites que, en el tercero de la tarde, protagonizaron Luque y Morante: verónicas, chicuelinas, gaoneras, delantales..., todo ello, susurrado. Cayetano, en el cuarto, rememoró (me cuentan) el toreo hondo de su abuelo, diciendo con fuerza: “Aquí estoy yo, soy un Ordóñez”. Ante tal cúmulo de éxtasis taurino, con el fin de evitar un acelerón de la pasión que ahogara mi corazón, no pude menos que exiliarme en busca de necesitados remansos de paz. Dublín, me decían, era un buen sanatorio. “Irlanda es silencio de tumba”.

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Lisboa triste

07.09.09 | 17:55. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Viajando voy

Las zapatillas se desgastan. Hace calor. O frío. La callejuela te marca el camino del empedrado. El destino es sólo uno: pasear por la magia. Fachadas roídas, paredes sucias, cerámica descolorida: encanto. Lisboa, Lisboa de cuestas, subidas y bajadas, Lisboa de la tristeza que te sumerge en el embrujo. Lisboa que te enamora.

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Una peregrinación en imágenes

Como ya conocen mis amigos, mi ineptitud a la hora de colgar fotos propias en el blog es total. De ahí que estos días haya ido intercalando algunas de las que hice en Tierra Santa con imágenes de Google. Aunque, gracias a Mari, que las está colgando en su blog, ya voy teniendo algunas de las que más me gustan. Aquí están algunas de ellas. Para los que disfrutamos de la aventura y para los que, pendientes de ir en un futuro, quieran ver detalles de Belén, Cafarnaúm, el desierto de Judá, Jerusalén... Tierra Santa.

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Y un cuento jerosolomitano

Eloira escrutaba el terreno poco a poco, aferrándose a una realidad que desconocía. Ciega desde los diez años, cumplía el sueño de su vida peregrinando hasta Jerusalén. Y los sueños se cumplen a la edad exacta: los 40 años. A Inés, su hermana mayor, se le encogió el alma cuando la dejó sola en la sexta estación de la Vía Dolorosa, dominada por una piedra que rinde recuerdo imperecedero a la Verónica y su paño tatuado con una sonrisa de lágrimas. Pero ése era el acuerdo: “Quiero estar tres horas sola en medio de Jerusalén. Guiándome por mi alma y nadie más. Si pasara algo, tengo el móvil. Pero hasta que me llames para recogerme, nada de nada, por favor. Tampoco me sigas. Tranquila, todo saldrá bien. Él me protegerá”.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo IX: Amén

Ciertamente, no morí en la oscuridad de Getsemaní. De hecho, esa noche de 5 de agosto la terminamos unos cuantos en busca de una cachimba. No hubo tal, pero sí puritos de la victoria. Y definitiva quema de todas las naves al albur de unas cervezas. Pero tocaba madrugar. A primera hora de la mañana nos retaba una magna aventura: el desierto de Judá.

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Viernes, 24 de noviembre

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