La hora de la verdad

La traidora (bis)

Madrid, 12 de noviembre de 1811. La capital, al igual que el resto de España, se desangra en un combate desesperado, agónico y expiatorio contra las todopoderosas tropas napoleónicas. En las afueras de la ciudad, en lo más hondo de un camino perdido, Mariana permanece agachada ante un soldado gabacho. Él, con gesto de victorioso desprecio, se mofa de la fulana a la que ha pagado. Ella, como cada día, llora por dentro.

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La primera vez de Sofía (bis)

24.04.10 | 16:48. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Princesas de la noche

En expresión sabiniana, mi "mala salud de hierro" me impide escribir en una temporada. Para no dejar morir de inanición a este blog que ya languidece de por sí, se me ha ocurrido recuperar algunos de los relatos o reflexiones que configuraron sus primeros tiempos de vida. Evidentemente, son escritos que han quedado ya sepultados en el baúl del olvido. Me apetece recuperarlos y que les dé la luz. Hablan por mí cuando no me puedo expresar. Éste es el primero de la serie. Valga la revundancia, 'La primera vez de Sofía', escrito el 25 de mayo de 2007:

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Esclavitud en el siglo XXI. ¿Denunciamos o pasamos?

08.10.08 | 19:13. Archivado en Sobre el autor, Reflexiones, Princesas de la noche

Acción: Acaba de hacerse público que 50 de los banqueros y empresarios más importantes de este país cuentan en sus hogares con personas negras, traídas directamente de Angola, que emplean como esclavos en sus hogares. Privados de toda libertad y sin ningún tipo de derecho, los negros limpian, cocinan y bañan a sus hijos. En caso de que alguno de ellos no cumpla apropiadamente con algunas de sus obligaciones... latigazos hasta decir basta. O hasta morir. Su remuneración: evidentemente, cero.

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Javi y Sandra

05.10.08 | 17:08. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Princesas de la noche

Javi no sabía muy bien qué hacía allí y cómo se había dejado convencer por sus compañeros de trabajo. Ese día se había hecho tarde por el inventario y él estaba realmente cansado. Pero cuando Juan y Sebas le dijeron que se fuera con ellos a tomar una copa “y lo que se terciara después”, se animó rápidamente, pues no quería acostarse y volverse a despertar para ir nuevamente al trabajo. Necesitaba “cambiar el chip”, y para ello nada mejor que algo de marcha, de las “emociones fuertes” prometidas por sus compañeros; de los que intuía por sus cuchicheos que tramaban “alguna” a sus espaldas. Aunque no le importaba lo más mínimo, pues presentía que le iba a gustar conociendo a ese par de golfos.

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¿Por qué escribo de putas?

Son varios de mis amigos-lectores los que me echan en cara que sólo escribo “de putas, drogadictos y alcohólicos”, reclamándome que preste más atención a la gente “normal”. Sin embargo, y aunque suene a tópico, yo no sé qué es eso de la normalidad. ¿Qué es lo normal? ¿Ser moreno? ¿En España o en Alemania? ¿Ser católico? ¿En Polonia o en Irán?

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La traidora

Madrid, 12 de noviembre de 1811. La capital, al igual que el resto de España, se desangra en un combate desesperado, agónico y expiatorio contra las todopoderosas tropas napoleónicas. En las afueras de la ciudad, en lo más hondo de un camino perdido, Mariana permanece agachada ante un soldado gabacho. Él, con gesto de victorioso desprecio, se mofa de la fulana a la que ha pagado. Ella, como cada día, llora por dentro.

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El putero

Acabo de ver una imagen patética. Estaba yo en el Mc Donald’s de Montera, esquina con Gran Vía, esperando en una cola para sucumbir ante mi gran vicio: el café con helado de nata. De repente observé cómo en la fila, delante mía, estaban un hombre mayor y una chica joven. El señor era viejo, gordo, tuerto, gangoso y no paraba de eructar para sus adentros. La chica era la prostituta que había alquilado para que en el siguiente rato sofocara sus apetitos sexuales. Esta es, indudablemente, una de las imágenes más repetidas en este microespacio madrileño. ¡Qué pena!

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La última noche de Ana

06.12.07 | 15:18. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Princesas de la noche

“Ha llegado la hora de poner fin a esta mierda”, se dijo Ana mientras las lágrimas desfilaban sobre sus mejillas. El último cliente de la noche se había ido hacía ya un rato y los efectos del gramo de cocaína que se acababa de tomar comenzaban a hacer sus efectos. Tirada sobre la cama, una chica de 20 años se quería morir. Ana se iba a suicidar.

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Paseando por Montera

12.09.07 | 00:13. Archivado en Sobre el autor, Princesas de la noche

Una de las cosas que más disfruto es recorrer las calles de Madrid. De día o de noche, por Sol, Gran Vía, Cibeles, Colón, Plaza Mayor... Madrid es historia, vida y un sinfín de almas que se entrecruzan por las calles a toda prisa. Paseando por sus aceras puedes sentir muchas cosas, buenas o malas, epopéyicas o infernales, según el micro universo que atravieses. Pero sin lugar a dudas, el barrio que más me impresiona es Montera. Para los que no conocen la capital, hay que decir que es una de las calles que comunican Sol con Gran Vía. Muchos serán los que al escuchar tal nombre identifiquen la zona con una actividad. Sí, lo que antes era uno de los barrios más elitistas es hoy el foco principal de prostitución de la ciudad.

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Amor en el silencio de dos vidas rotas

30.07.07 | 00:29. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Princesas de la noche

Eran las cinco y media de la madrugada. Arrastrando sus pesadas botas rojas de charol, Elsa sacó las llaves de su minúsculo bolso y abrió la puerta de su casa. Silenciosamente, avanzó hasta situarse delante del espejo del servicio. Cuando levantó la mirada, vio la imagen de una mujer de cuarenta y cinco años, con el pelo teñido de rubio y ostentosamente maquillada. Sin poder evitarlo, como todos los días a esa misma hora, rompió a llorar, en silencio.

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La primera vez de Sofía

25.05.07 | 17:00. Archivado en Sobre el autor, Relatos, Princesas de la noche

Sofía se encontraba tumbada en la cama, desnuda, temblando. Tenía mucho miedo. Estaba aterrada. Un sudor helado dominaba su cuerpo, en claro contraste con su corazón, que latía tan fuertemente que le parecía que se iba a desbocar. De pronto, empezó a rezar fervorosamente, desesperadamente. A pesar de su juventud (sólo tenía 15 años), siempre había sido muy devota y acudía con su padres a la iglesia ortodoxa que había cerca de su casa. Precisamente allí sus padres conocieron hace años a Vasile, un campesino soltero, que con el paso del tiempo se convertiría en un buen amigo de la familia.

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Lunes, 17 de diciembre

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