La hora de la verdad

Una peregrinación en imágenes

Como ya conocen mis amigos, mi ineptitud a la hora de colgar fotos propias en el blog es total. De ahí que estos días haya ido intercalando algunas de las que hice en Tierra Santa con imágenes de Google. Aunque, gracias a Mari, que las está colgando en su blog, ya voy teniendo algunas de las que más me gustan. Aquí están algunas de ellas. Para los que disfrutamos de la aventura y para los que, pendientes de ir en un futuro, quieran ver detalles de Belén, Cafarnaúm, el desierto de Judá, Jerusalén... Tierra Santa.

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Y un cuento jerosolomitano

Eloira escrutaba el terreno poco a poco, aferrándose a una realidad que desconocía. Ciega desde los diez años, cumplía el sueño de su vida peregrinando hasta Jerusalén. Y los sueños se cumplen a la edad exacta: los 40 años. A Inés, su hermana mayor, se le encogió el alma cuando la dejó sola en la sexta estación de la Vía Dolorosa, dominada por una piedra que rinde recuerdo imperecedero a la Verónica y su paño tatuado con una sonrisa de lágrimas. Pero ése era el acuerdo: “Quiero estar tres horas sola en medio de Jerusalén. Guiándome por mi alma y nadie más. Si pasara algo, tengo el móvil. Pero hasta que me llames para recogerme, nada de nada, por favor. Tampoco me sigas. Tranquila, todo saldrá bien. Él me protegerá”.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo IX: Amén

Ciertamente, no morí en la oscuridad de Getsemaní. De hecho, esa noche de 5 de agosto la terminamos unos cuantos en busca de una cachimba. No hubo tal, pero sí puritos de la victoria. Y definitiva quema de todas las naves al albur de unas cervezas. Pero tocaba madrugar. A primera hora de la mañana nos retaba una magna aventura: el desierto de Judá.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo VIII: Ante el sepulcro que se iluminó de vida

Ese mismo 5 de agosto siguió la ruta de 54 peregrinos que coronamos nuestro ascenso a los cielos. De Jerusalén al Cielo. En la anterior crónica dejamos a Jesús en el momento de su prendimiento. ¿Dejamos? ¡No, allí, junto a Él permanecimos! No sería hasta esa tarde cuando en la parte antigua de la urbe, en la llamada ciudad de David, bajamos hasta las catacumbas de la misma. Y miramos la historia del Antiguo Testamento de frente: Hacia el año 1004 a.C., David unificó el Reino de Israel al conquistar la ciudad de Jerusalén. ¿Cómo lo hizo? Conduciendo a sus soldados por el torrente subterráneo que llevaba el agua a la ciudad. Así, ¿qué pasó más de 3.000 años después? Pues que los que seguimos las huellas de Jesús aquellos calurosos días de agosto también nos condujimos por el rastro de los soldados del Rey David. Descendiendo muchas docenas de metros, atravesamos durante diez minutos un estrechísimo camino de roca. Sin lanzas, pero pertrechados con la fe. No hubo conquista, sólo recuperación de la luz y el aire. ¡Y gozo histórico!

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo VII: Junto al que llora lágrimas de sangre

Los amaneceres marcan inicios. Y nosotros fuimos al comienzo de una historia. En todo Domingo de Ramos en Jerusalén, la procesión sale desde el lugar en el que Jesús se subió a la borriquilla para entrar triunfalmente donde luego sería ofrecido en holocausto. Allí nos encontramos con su iglesia conmemorativa cubierta con una alambrada. Templos santos en tierra de amor devastados por la guerra. También allí tuvimos la oportunidad de adentrarnos en unos sepulcros del siglo I.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo VI: Jerusalén, siguiendo la Cruz entre la basura

Vuelvo a ese 4 de agosto en Jerusalén. Contigo, Jesús, en la cárcel donde lloras. Para ti, esa noche comenzó en el Cenáculo. Y allí nos dirigimos 54 peregrinos tras tus huellas. Contigo, Jesús. ¿Se puede mostrar lo que se siente al subir una segunda planta, tal y como detalla el Evangelio, y estar en la sala en la que tuvo lugar la Última Cena? ¡Imposible! Y es que no fue sólo la institución de la Eucaristía. Allí, en ese mismo espacio que pisábamos, fue el lavatorio de los pies, la bravuconada de un Pedro que luego fue traidor, la huida de un Judas que se vendía... Más tarde, tras la luz, allí sería la aparición del resucitado, el “toca con tus dedos las llagas de mis manos y pies y la herida de mi costado” al Tomás de la duda... El Pentecostés, con la recepción del Espíritu Santo... Allí, en el Cenáculo, estuvo la sede de la Iglesia de Jerusalén. Allí Santiago, las controversias con Pablo y Pedro, la Iglesia primitiva, el inicio de la fe. Todo esto lo recreaba mientras permanecía sentado en una sala desnuda, con los ojos cerrados, con la mirada puesta en Él.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo V: Jesús, tienes miedo. Estoy contigo

El sol nos saludó y dijimos adiós a Belén. Adiós al punto marcado con una estrella como alfa de la fe, adiós al minarete de la mezquita de enfrente, adiós a nuestros inolvidables amigos de la parroquia árabe católica, adiós a los jerifaltes de Al Fatah. Camino de Jerusalén, oh Jerusalén, al fin Jerusalén, pasamos el control policial y cruzamos al otro lado del muro. Atrás, en Palestina, quedaban las pintadas de demonios y palomas de la paz con chaleco antibalas. A este otro lado, en Israel, aparecían mapas de la ciudad de Jerusalén y flores. Por la noche haríamos la Vía Dolorosa. Pero el Vía Crucis de palpar el odio en tierra de fe ya era latente desde el principio. Tuve el placer de escribir en la libreta que jamás se separaba de mí. Puse ‘No al muro’ justo cuando lo atravesamos. Nada más que simbología, sin valor de ningún tipo, pero entiendan a alguien al que le hubiera gustado soplar contra el muro de Berlín.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo IV: Villancicos con eco a letanía en Belén

Con el amanecer se marcó un punto de inflexión en nuestra peregrinación. Atrás quedaba el Mar de Galilea. Nos dirigíamos a la esencia del Dios del Amor: Belén (nacimiento) y Jerusalén (pasión, muerte y resurrección). La paz y el sosiego de Tiberíades y Cafarnaúm darían paso a la aceleración de las pulsaciones. Aunque con escala previa. Así, los villancicos con los que iniciamos nuestro viaje en bus condujeron, tras pasar junto a la frontera con Jordania y adentrarnos en territorio cisjordano ocupado, a las ruinas de Qumrán.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo III: Un día con Pedro

Si el día anterior estuvo dedicado preferentemente a María y, por extensión, a la Sagrada Familia, éste fue protagonizado por la búsqueda de Pedro, la roca sobre la que se edificó la Iglesia. Fue, para mí, uno de los más emotivos. Desde el principio hasta el final.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo II: Tras el ‘Sí’ de la niña y las huellas del obrero

¡Qué bello es amanecer ante el Mar de Galilea! Estar tumbado y ver cómo los rayos del sol relucen sobre el enorme ventanal; levantarte y asombrarte ante la inmensidad del lago receptor del poder celeste; todo en calma, en paz, en silencio. Saber que estás en Israel, y encima es Sabbath, el día sagrado de los judíos. Ya la noche anterior, en la víspera, al ponerse el sol, pudimos ver las velas. Y en un breve paseo por la calle, la nada. Ni un alma por las aceras, ni un coche. Paolo y yo pasamos por delante de una escuela rabínica. La gente cenaba. Nos hubiera gustado entrar.

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Diario de un peregrino en Tierra Santa. Capítulo I: Ahí está, ahí está, es Israel

Una vez regresado a casa, tras la preceptiva sesión de siesta, jamón, tortilla, chuletas y Joaquín Sabina, quiero comenzar aquí lo que no es sino una oración: Tierra Santa, mezcla de sabores, olores, imágenes, sonidos y emociones a flor de piel, pasa rápido, muy rápido. La intensidad de cada parada fugaz –la gruta de la Natividad, el Cenáculo, el Santo Sepulcro...– hace que uno sea incapaz de asimilar en su plenitud lo que está viviendo. Por eso, una vez devuelto al silencio sobresaltado únicamente por el eco del teclado del ordenador, quiero degustar el recuerdo aún vivo hasta palpitar, para que jamás se pierda. Cada día fue una aventura. El relato de cada jornada será mi oración. Te invito, querido amigo, a rezar conmigo y acompañarme en un viaje que fue peregrinación a lo esencial.

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Tierra Santa: fe, fe, fe...

Ya ha pasado la medianoche en Jerusal'en. Escribo desde una sala de ordenadores de un hotel instalado en el barrio 'arabe. Ten'ia claro que iba a escribir sobre el que est'a siendo el viaje de mi vida al llegar a casa, dentro de tres d'ias. Pero no he podido resistir la tentaci'on de gritar ya mi descubrimiento. Emocionado, pues vengo de seguir los pasos del Crucificado a trav'es de la V'ia Dolorosa, puedo decir que ya s'e c'omo late Jerusal'en. Ya s'e lo que es la Ciudad Santa, pues lo estoy viviendo con una intensidad aut'entica, profunda. Jerusal'en son tres cosas: fe, fe, fe. 'Ese es mi "descubrimiento". Y as'i os lo cuento en esta bella hora sin luz, queridos amigos. Buenas noches. Shalom. Paz.

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Miércoles, 21 de febrero

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