La hora de la verdad

Los ojos de tormenta que dibuja Esther Ginés

09.12.13 | 19:47. Archivado en Sobre el autor, Crítica, Literatura

Publicada en noviembre de 2012, ha sido ahora cuando he leído ‘El sol de Argel’, la primera novela de Esther Ginés. Reconozco que, ya antes de adentrarme en sus páginas, mi expectación era más alta de lo normal cuando llego hasta una novela de la que no tengo referencias previas. Primero, porque, sin conocer personalmente a la autora, me alegra el hecho de formar ambos parte de la gran familia de la web literaria Tus Relatos (en la que ella ha sido editora y yo participo como usuario desde hace siete años). Luego, por una simple similitud secundaria: ambos somos de 1982 y tenemos raíces manchegas (ella es de Ciudad Real y yo de Cuenca), aunque tengamos nuestro hoy en Madrid. Mas esto es secundario. Lo que más me ha hecho empatizar con el libro es que, como en ningún otro, he sentido la ilusión y el compromiso del autor por publicar una primera obra que llevaba labrándose en su cabeza desde hace mucho tiempo.

Se percibe con toda claridad que es el texto elegido por alguien apasionado por la literatura para aparecer como el primero propio y referencial ante el gran público, que ya, si se da el gran milagro de que lo sitúe, lo hará dentro de unas coordenadas, de un estilo propio (aunque luego se evolucione). Y con el miedo, a su vez, de que tal vez sea el último, de que no haya otra oportunidad. Es fácil imaginarse a Esther Ginés escudriñando cada escena, cada diálogo, cada descripción. A ratos con fe, otros con pavor; siempre con reverencia y amor por la escritura.

Sin embargo, el libro es mucho más. Hasta el punto de que va bastante más allá de su pretensión por homenajear la novela ‘El extranjero’, de Albert Camus, un eje esencial en toda la novela. Para mí, su gran mérito es perfilar a su modo un tipo de personaje (Matías en estado puro, y luego en gran parte Martín, su hermano gemelo, heredero del peso del suicidio de su otro yo, que le deja sumergido en la pérdida de la identidad) del que hablan más sus silencios y su trágica pulsión íntima que sus herméticas y contenidas palabras. Es lo que ella dibuja con trazo fino hasta representarlo en sus “ojos de tormenta”. Y es que, más allá de que las principales escenas aparezcan bajo el fluir de la lluvia, más incisiva o más tenue, son esos ojos fríos y enigmáticos los que interpelan al lector hasta el punto de lograr que su tormenta interior, su combate del alma, le cale a él.

Seguramente no guarden relación, pero en el Matías (y en el Martín) de Esther Ginés veo también al Mattia de ‘La soledad de los números primos’, de Paolo Giordano. Otra víctima de la desgracia de su hermano gemelo (en este caso, hermana), pero, sobre todo, de su propia soledad, de su inseguridad, de sus miedos. Bienaventurados sean los escribas que se atreven a adentrarse, en pleno éxtasis de la sociedad desgajada en individualismos egoístas (pero clónicos), a pintar a seres libres, que luchan por emanciparse a través de la expiación, de sí mismos o de otros. Tanto, que hasta se dan miedo y a veces se hacen daño, rechazando a quienes más les quieren. Y, lo mejor de todo, sin monsergas ni lecciones de vida o moral. Cada lector que acepta el reto de involucrarse en sus páginas, extrae sus propias conclusiones al contestar él a preguntas que a veces ni siquiera responde el propio autor. Así sucede en este maravilloso libro de Esther Ginés, desnudo de causas.

Ojalá sea el primero de muchos, compañera.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA


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Comentarios
  • Comentario por Debra 03.02.16 | 15:22

    Woot, I will cerintaly put this to good use!

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