La hora de la verdad

Empecemos por la decencia

22.01.13 | 23:56. Archivado en Sobre el autor, España, Reflexiones, Partido Decente

Años atrás (incluso meses), si alguien me hubiera preguntado sobre qué valor moral es el que con más ahínco defiendo de cara a las relaciones entre las personas, me hubiera llenado la boca con principios como el de la tolerancia, la libertad o la igualdad. Hoy ya me he caído del caballo y sé que son utópicos si tratamos de aplicarlos a la vida pública. Sobre todo si pretendemos que caractericen a los garantes de esa vida pública: nuestros gobernantes.

Ya no pongo la mano en el fuego por ninguno de ellos. Por absolutamente ninguno. Como tampoco la pongo por ningún personaje con dimensión pública. Creo que es prácticamente imposible que su imagen “oficial” se corresponda exactamente con su intimidad. Desgraciadamente, me he hecho escéptico y desconfiado. Los hipócritas, legión absolutista, han matado mi fe. El “bisoño Malavia”, como algunos amigos me llamaban, ha fallecido en trágicas circunstancias.

Por eso, ya solo exijo un mínimo. Solo pido una base esencial sobre la que apoyarme a la hora de poder confiar algo en un personaje público, y concretamente en un político: la decencia. Lo que no es poco. En un tiempo social de catarsis, de derrumbe, de crisis hondísima, solo podré entregar el suelo más básico de mi confianza al político del que pueda pensar, aun a riesgo de equivocarme, que jamás se corrompería.

¿Aún queda alguien decente en esta España nuestra? ¿Merece la pena tener un mínimo de fe? Por favor.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA


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