

Leo hoy con gran alegría que ‘Tarancón, el quinto mandamiento’, emitida anoche por TVE, ha sido la miniserie que más audiencia ha reunido en todo 2011. No tanto por la ficción en sí (la producción, dirigida por Antonio Hernández y protagonizada por José Sancho, resultó interesante y fiel en líneas generales a la historia, pero pecó en exceso de un cierto maniqueísmo, exagerando las luces y las sombras de los personajes según se los quería exaltar o denigrar, sin mezclarlas entre sí), sino por el hecho de que se haya recordado la importancia del cardenal Tarancón en la historia reciente de España. Un conocimiento al cual contribuyó muy positivamente el riguroso documental emitido tras la serie, de una hora de duración.

El primer día de 2011 clamaba porque el año que entonces nacía fuera un “año libertario”. Lo que escribía iba más allá del deseo. Era un grito: “¡Que cada uno se atreva a ser como realmente es! Que se pudran los convencionalismos, disimulos, disfraces o máscaras. Que nadie tenga las santas narices para juzgar a personas, ideas o comportamientos. ¡¡Que se callen los hipócritas!! Que los notarios de las buenas costumbres y el recto camino no tengan la cara dura de “explicar” a los demás cómo han de ser. ¡¡Que vivan los valientes!! ¡¡Que vivan los que son tachados de transgresores, provocadores o crápulas porque sólo quieren vivir su propia vida!! Ojalá que, de una vez por todas, en este año cada cual reúna las fuerzas de amar como quiera amar y a quien quiera amar. Y que sea apoyado o, al menos, respetado por todos. En definitiva, que triunfen la autenticidad, la originalidad y la íntima verdad de cada uno de nosotros. ¡¡¡Libertarios del mundo, uníos!!!”.

Esta vez estaba preparado. Como ya hiciera en 2007, en 2009 y en 2010, miraba el reloj porque sabía que hacia la medianoche alguien vendría a buscarme para participar en mi ya tradicional cena con las ánimas. En este caso, con los muertos que nos ha dejado 2011. Pero, también esta vez, hubo sorpresa. Tal vez por tratarse del Día de los Inocentes, no hubo cena, sino curda. Y no vino a buscarme un finado que se sostuviera sobre dos piernas, sino que acudió un ser peludo que atravesaba el viento sobre cuatro patas.

Con el rostro más demacrado que de costumbre, cubierto de arrugadas desgarradas y granos malsanos, Manolín se mesa la blanca cabellera mientras se le van cayendo todos los pelos. Situado ante el estanque del Retiro, ha aprovechado para colarse en el parque mientras Madrid se encuentra ante la tele tomándose las doce uvas que marcan el paso a un nuevo año de la crisis.

Mucho se especulaba sobre si el Rey Juan Carlos, en su Mensaje Navideño de anoche, se referiría o no al daño que está causando a la Monarquía la posible imputación por corrupción de su yerno, Iñaki Urdangarín. Yo estaba seguro de que así lo haría. Quien supo mirar por el bien de la institución al aceptar la ruptura en la legítima línea de sucesión real por la que Franco echó abajo las esperanzas de su padre de ser “el Rey de todos los españoles”, en un momento muchísimo más crítico, no podía callarse ahora. Debía sobreponerse al dolor que seguramente haya infligido a la Infanta Cristina (como lo hizo con el admirable Don Juan) y mirar por el bien común.

¡Feliz Navidad! Por supuesto, os deseo una muy feliz Navidad a todos, en especial a mi familia, a mis amigos y a ti. Pero hoy, al volver a ver la luz en el camino justo dos años después de caer en el hoyo, quiero acordarme especialmente de Haití. Lo vivido entre su gente, con la insuperable guía de los amigos de Manos Unidas, ha sido lo que más me ha acercado a Dios en este tiempo de desierto.

Escribo esto sin ningún afán de polémica. Lo digo con total sinceridad. Simplemente reflejo una noticia, a mi juicio, positiva. El pasado septiembre, Barack Obama abolió la ley por la que se podía expulsar a un militar del ejército estadounidense en caso de comprobarse que era homosexual. Cada uno puede pensar lo que quiera sobre la homosexualidad. Pero veo normal el que no se despida a nadie de su trabajo por su orientación sexual. Ni que se le cuelgue de una grúa, como en Irán.

Se acaba de confirmar: mañana saldrá a la calle el que será último ejemplar del diario gratuito ADN, editado por Planeta. Lo siento por los trabajadores y periodistas que trabajaban en el periódico. Y lo siento, en general, por todos los ciudadanos de este país. Da igual que un medio tenga una línea editorial u otra, que llegue a más o a menos gente, que pertenezca a la prensa, a la radio, a la televisión o al mundo digital.

Hace tres años y medio, cuando Zapatero, en la que sería su segunda toma de posesión presidencial, desde IU se escandalizaron porque lo hiciera ante un crucifijo (como es habitual en los actos de este tipo organizados por la Casa Real), yo escribí esto: “Me postulo a favor de que la Cruz y los Santos Evangelios no estén delante de aquellos que juran o prometen como ministro o presidente del Gobierno. La Constitución afirma claramente que España es un país aconfesional. Que no laico, ojo. Ello conlleva que no tendría por qué verse privilegiada la simbología católica frente a otras confesiones y que deberían poder colocarse tales símbolos, u otros, o ninguno, según si el futuro cargo fuese ateo, musulmán o judío, por poner tres ejemplos. Sin embargo, en un estado laico, en ningún caso podría situarse ni un solo reflejo de la Trascendencia. Por eso defiendo que se coloque el símbolo de fe propio del particular que va a prometer o jurar. Y en caso de ser ateo, pues la Constitución como único elemento presente”.

Soy consciente de que más de un compañero de fe piensa que me estoy echando a perder. Que he cambiado, que solo miro por lo malo, que soy un crítico, un renegado. Sin embargo, aunque no se lo crean, pese a que es cierto que me he adentrado de lleno en el camino más pedregoso y difícil (lo que me causa sinsabores y malos ratos ante todo), creo que ese camino es el único por el que algún día podré sentirme realmente cerca de Dios.

A finales del siglo XIX, en medio de la polémica despertada en Francia sobre el Caso Deyfus, Émile Zola hizo la mejor defensa posible del militar judío francés con un histórico artículo, ‘Yo acuso’, en el que ponía en evidencia que el Estado galo había utilizado a Deryfuss, acusado de complot y de venderse a los servicios secretos germanos, como conejillo de indias ante el sentimiento de frustración que invadía al país tras su última derrota militar ante Alemania. No tiene que ver nada con lo que aquí voy a escribir. No acuso a nadie. Soy yo, como católico, el que me acuso.

Muchos católicos han criticado con vehemencia a Paz Vega por haber participado en una campaña publicitaria para una empresa de golosinas en la que, dentro de la ermita de la localidad sevillana de Gerena, aparece en dos fotografías. En una, caracterizada como La Virgen (sin más). En otra, rezando como una fiel devota, de luto riguroso, pero desnuda bajo la mantilla. Y he aquí la polémica. Ante la cual tengo una opinión con varios matices.

Serrat y Sabina, juntos de nuevo, ya tienen disco para 2012, 'La orquesta del Titanic'. Y, a modo de peculiar felicitación navideña, nos regalan como adelanto esta cachonda composición. Si a alguien le ofende es porque tiene la persecucionitis incrustada hasta en el tuétano. Adjunto aquí la letra y enlazo 'Canción de Navidad'.

El pasado sábado, en plena espera hacia un subidón de tensión que yo esperaba que culminaría con el estallido de alegría por la victoria de mi Madrid sobre el Imperio Culé, pasé varias horas ante la televisión viendo los distintos (y numerosos) programas especiales que dedicaron gran parte de su espacio al partido. Y, la verdad, resultó algo deprimente para un apasionado del deporte que, a la vez, sueña con un periodismo deportivo de calidad.

Ésta ha sido una de las derrotas más dolorosas que he vivido con el Real Madrid. Era la ocasión de ser más Madrid que nunca. Ante el mejor Barça de la historia, con un equipo hecho que jugaba como una máquina desde hace meses (mérito de Mourinho, por supuesto), líderes consolidados, jugando en casa, adelantándonos en la primera jugada del partido... Así se las ponían a Fernando VII. Pero no, en seguida llegó el acojone, el pegar pelotazos sin ton ni son, el regalar el balón, el perder la visión cada vez que se podía comenzar un ataque... Justo lo contrario de lo que nos había hecho imponernos al mejor Barça de la historia.

Antes de escribir esto, he echado un vistazo a los títulos de mis escritos sobre el Real Madrid en los últimos años y que se encuadran en la sección ‘Madridismo en estado puro’. Con una abrumadora claridad, he comprobado el desquiciamiento que supone ser un fanático merengón que padece la Dictadura Culé del mejor Barça de la historia. Todos los madridistas lo sufrimos, pero encima yo pertenezco a una pequeña secta: la antimourinhista. Mientras que la masa blanca se hace fuerte divinizando a quien yo considero un dictador que prostituye nuestros valores esenciales, ni siquiera tengo el consuelo de sentirme parte de un colectivo entregado al coitus interruptus que padecemos tras cada Madrid-Barça. Un día escribí (con todo el dolor del mundo) que “el Real Madrid es una puta” (siendo nuestro chulo Mourinho) y sólo faltó que los Ultras Sur se presentaran en la puerta de mi casa a reventarme la cabeza. Quedé retratado como un antimadridista. ¡Manda huevos!

En un momento en el que parece existir una campaña organizada para generar un clima social contrario a la Monarquía (y no hablo del proceso judicial abierto contra Urdangarín; que se vaya hasta el final y, como con cualquier ciudadano, se dictamine si es culpable o inocente), quiero salir en su defensa. Primero, porque creo en la idoneidad de la institución monárquica en nuestro país. Y, segundo, por agradecimiento a Juan Carlos I.

Estoy cansado, muy cansado. Cansado de mí mismo. Cansado de no saber cómo contentar a quienes me rodean. Cansado de tener que “hacer cosas” para contentar a quienes me rodean. Cansado de que las cosas que hago de corazón sean invisibles. Cansado de no saber por qué, de pronto, todo es tan complicado. Cansado de lo mal que lo debo de hacer cuando, a quienes más quiero, parecen estar decepcionados conmigo.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez