
- Papá, ¿por qué somos del Madrid?

Hasta ahora podía presumir de que mi Real Madrid siempre se ha caracterizado por salir en todos y cada uno de sus partidos a por la victoria. Haya luego ganado, perdido o empatado, evidentemente. Pero lo de ayer es un punto negro en nuestra ya centenaria historia. Semifinales de la Copa de Europa, en casa, con el Barça... ¡y el equipo con el culo en la portería desde el primer minuto! Cual sumo sacerdote en el sanedrín de Jerusalén, año 33, grito, proclamo y denuncio: ¡Blasfemia! Me rasgo las vestiduras. ¿Hace falta escuchar algo más? ¡Blasfemia!

Perdone el azorado personal, pero el lastimero personaje que esto suscribe reclama su derecho a celebrar algo que, visto el desastre que se acaba de producir hace unos minutos en el Bernabéu, suena a chacota. ¿Puedo decir algo, entonces? Ea. ¡Chavales, que somos campeones de la Copa del Rey!
Resulta muy significativa la columna de Di Stéfano, publicada hoy en Marca, analizando el Madrid-Barça del sábado. En ella dice cosas como éstas: “El equipo blanco jugó acorralado ante un rival que dominó el medio campo durante todo el partido. (...) Me gusta y me admira el gran dominio del juego que tiene el Barcelona. Su fútbol no se mira con los ojos, sino con el alma. Tratan la pelota con respeto, adoración, casi mimándola. Ver a este equipo en acción es un deleite para todos. (...) El Real Madrid fue un equipo sin personalidad. Este partido deberá dar las pautas para saber cómo afrontar el próximo, porque el planteamiento de intentar jugar al Barcelona a la contra se vio claramente que no es el más adecuado”.

Cada vez veo más claro que voy a contracorriente con el madridismo de hoy en día. Me supongo defensor de los valores esenciales e históricos del club (pese a no haberlos mamado, por tener 28 años), y compruebo que la inmensa mayoría del merengue está al 100% con Mourinho. Aman, idolatran, creen a Mourinho. Para mí, la traición más clara a lo que siempre hemos sido. Comentando el partido de ayer contra el Barcelona con los amiguetes, escuchando ciertas tertulias radiofónicas y leyendo determinados periódicos “amigos”, veo que la paranoia nos lleva a ver fantasmas por todos los lados. Sí, es muy duro soportar el ciclo triunfal del mejor Barça de la historia, pero no cambiaremos nada matando nuestra esencia.


Ayer se celebró el 80º aniversario de la proclamación de la II República. Aunque pasó ciertamente desapercibido, el diario Público se volcó con un homenaje a través de un especial de 24 páginas, la entrega de un ejemplar de la Constitución republicana y el anuncio del reparto de una camiseta reivindicativa. Reinvindicativa de la III República, claro. Algo que no me llama la atención, puesto que en el 2011 haya monárquicos y republicanos es lo más normal del mundo. Lo que sí me “preocupa” es el fondo reivindicativo: no, no piden una República, sino la II República. Entendida por ellos como un paradigma de la izquierda pura e ideal. Para hoy.

14 de abril. En el día por antonomasia de los republicanos, me siento orgulloso de honrar al Rey Raúl. Soy muy feliz de verle feliz. Callando bocas, muchísimas bocas, ha demostrado que no estaba acabado. El día que se fue (por la puerta de atrás), escribí aquí que el Real Madrid había muerto. Lo repito: pase lo que pase al final de la temporada (¿una final de Copa de Europa Raúl-Real Madrid?), éste será para siempre el año en que el Madrid perdió su alma. Está en Alemania.

El nivel del debate político en nuestro país es, muchas veces, penoso. Leyendo el blog del senador del PP, Juan Van-Halen, lo he podido comprobar una vez más. En un artículo titulado ‘¿Y por qué no nos pregunta a los españoles?’, dedicado a repartirle estopa a Zapatero, aprovecha para sacudirle a Rosa Díez, que pasaba por ahí.

Ayer se cumplieron nueves meses del mítico 11 de julio en que España se convirtió, al fin, en campeona del mundo de fútbol. Millones de personas jamás podremos olvidar aquella maravillosa noche. Por muchos motivos. De hecho, esa madrugada se fraguó el crecimiento demográfico que, estoy seguro, se está sintiendo estos días en nuestro país.

Seguimos derribando traumas. Seguimos escapando de la decadencia. ¿Estamos ante un nuevo Real Madrid de baloncesto? Si llevábamos perdidos 10 de los últimos 11 partidos con el Barcelona (muchos de ellos en finales y en palizas antológicas), hoy, en la resaca más feliz, le hemos pintado la cara a los culés. Y sufriendo como perros (victoria en la prórroga), el único modo eficaz de huir de la angustia histórica. ¿No decían que a Drácula sólo se le podía matar clavándole una estaca en el corazón? Pues nuestra expiación también habrá de ser a base de sangre y fuego.

Ayer, cuando acabó el partido ante el Valencia en la Caja Mágica y era una realidad que el Real Madrid se había clasificado para la Final Four de Barcelona, sentí una felicidad que me recordó a los cercanos “orgasmos” por la Eurocopa y el Mundial de fútbol conquistados por España. Estos los viví como la culminación de mi “carrera deportiva”. La misma noche de la final del Mundial (ese inolvidable 11 de julio...) tuve la certeza de que jamás tendría unas sensaciones parecidas. Había tocado techo. Nunca nada sería igual. Puede parecer increíble, pero encontraba un cierto vacío, una especie de melancolía... Supongo que la que se tiene cuando ya no hay sueños imposibles, precisamente, porque estos se han alcanzado. Me equivocaba: lo de ayer fue parecido.

¿Escribir algo? Sólo se puede llorar. Final Four. Barcelona. 15 años después. Sólo se puede llorar.

A día de hoy, contamos con un presidente del Gobierno al que ya se empieza a ver como ex presidente; con dos hipotéticos sucesores en su mismo partido marcados por significar, el uno, la vuelta al prezapaterismo extinto, y, la otra, la esencia del postzapaterismo actualmente fracasado. En la otra línea de fuego, un candidato que lo es por ocho años, tras haber perdido dos elecciones consecutivas, y al que se le supone un ascenso al poder marcado principalmente por el fuerte escepticismo ante su oponente. En definitiva: el panorama político es, cuanto menos, desesperanzador. Por eso son de valorar las alternativas emergentes e ilusionantes, por nacer de principios novedosos y radicales en el sentido de proponer nuevos modos en que estructurar el sistema democrático.

Completo mi percepción de lo que, a mi juicio, ha sido el liderazgo de Zapatero en la última década en España con una conclusión muy clara: como presidente del Gobierno, ha sido el peor de la democracia. Una afirmación rotunda que, sin embargo, no me hace caer en el monocorde negro. Ha tenido muchos errores. Y también muchos aciertos.

Una vez que Zapatero anunciara ayer que no volverá a repetir como candidato a la presidencia del Gobierno, como es lógico, han surgido en los medios de comunicación centenares de valoraciones de sus hasta ahora siete años en la dirección de España. Como es de esperar, los hay muy negativos y muy positivos. Los que a mí me hacen gracia son los absolutos, los monolíticos, los que lo han visto todo negro o todo blanco. Lo cual es imposible, tratándose de la persona más importante en la última década en el país. No voy a hacer aquí un juicio detallado, pero sí quiero reflejar los matices que me sugieren su balance. De ahí que lo haga en dos partes: una, por su responsabilidad al frente del PSOE y, la otra, por lo que ha significado para el país. De primeras, aviso: para mí no ha sido ni blanco ni negro. Ha sido gris. Concreto: gris oscuro.

A tres semanas para el Madrid-Barça de la final de Copa, el presidente culé ya tiene su pronóstico: 5-0, “para no perder la costumbre”. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, mantiene el mismo optimismo y vaticina “una diferencia de cuatro goles, como cuatro son las barras” de la bandera catalana. Muy bien. Están en su derecho de ser forofos aun ocupando cargos institucionales de gran relevancia. Eso sí, me suena mucho a Boluda. El presidente del Real Madrid, que sólo lo fuera por unos meses tras la salida del ínclito Calderón, y al que únicamente se recuerda por decir que el Madrid le endosaría “un buen chorreo” al Liverpool. Nos cayeron cuatro. Y el “chorreo” se dio la vuelta, para regocijo de los antimadridistas, que han tenido guasa por años.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez