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El cuerpo de Don Pedro espera para ser amortajado. Ante la puerta de su habitación, en el pasillo, su único hijo, el señorito Miguel, fuma un fino habano de licor de melocotón. Nunca ha querido a su padre, pero sí, y mucho, respetado (o temido). De origen humilde, éste había aprovechado su oportunidad y acabó como el gran terrateniente de la comarca. Huraño y receloso, fue el férreo patriarca del caserón que, a modo de pequeña comunidad, englobaba a un regimiento de sirvientes, temerosos de Dios y del carácter del “amo”. Doña Ana, la señora, había muerto hacía muchos años.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez