La hora de la verdad

Han secuestrado al Papa

20.02.11 | 17:58. Archivado en Sobre el autor, Relatos
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Sentado en un taburete de plástico negro, Su Santidad León XIV espera a que se abra la ventana por la que, a través de la Plaza de San Pedro, dará su mensaje a la humanidad. Como cada día de Angelus. Auque esta vez con un mensaje nuevo. Y revolucionario. Sabe que sus palabras abrirán las portadas de todos los periódicos con una fuerza inusitada. Está nervioso. Le sudan las manos. Hasta que se abre la ventana. Respira hondo, avanza tres pasos y abre los ojos. Recoge el estruendo de la masa, congregada a sus pies, alzando sus largos brazos a modo de saludo. Treinta segundos después, con el silencio al fin reinante, se acerca al micrófono. Comprueba que el aparato está encendido. Aspira y recoge la primera sílaba, presta a salir disparada de sus labios.

Aunque no la pronuncia. Estalla el estupor. Nadie sabe lo que acaba de ocurrir ante los ojos de todos: el Papa no está. “¡Ha desparecido!”, grita azorado al micrófono su secretario particular, quien estaba situado a sus espaldas. Su voz asustada resuena en el eco de la plaza. La multitud permanece callada, expectante, desconcertada. Tres segundos después, suenan las alarmas, corren los periodistas, grita la masa.

En ese instante, el Papa despierta. No ha pasado ni un minuto, pero siente que dormía profundamente. Ante sus ojos, un carcamal pretendidamente joven: una máscara por rostro, un implante de mofeta por pelambre, una sonrisa forzada y sin arrugas. “¡La leche, Silvio Berlusconi!”, grita azorado, replegándose sobre la silla en la que está sentado. Pero el presidente italiano sólo le responde con un reproche: “¿Se ha vuelto usted loco? ¿Se da cuenta de que ha estado a punto de haber hundido el mundo?”. León XIV se defiende con la negativa por respuesta: “No sé de qué me habla...”. “¡¡¡Lo de las mujeres sacerdotes!!! ¿Está chaveta o qué?”, aúlla il Cavaliere.

El Santo Padre se recompone la blanca sotana y realza su dignidad, dando un marcado aplomo al discurso que tenía preparado para la masa y que ahora resumirá al politicastro: “Se refiere usted a la expresión de una duda íntima, que quería hacer pública porque me abrasa el alma si la escondo por más tiempo en mi soledad... Sólo quería formular una pregunta: ¿no nos habremos equivocado al denegar a las mujeres el acceso al sacerdocio? No propongo hacer nada... O sí, no lo sé. Sinceramente, ni sé lo que quiero provocar... Sólo quería manifestar una duda, tal vez, abrir un debate, tal vez... La cosa es clara: María Magdalena fue la primera persona en descubrir la culminación del Evangelio: Cristo resucitado. Y, por mandato de Él, fue enviada a darlo a conocer a los demás. ¿No fue ésta, así, la primera transmisora de la Palabra culminada? ¿No fue la Magdalena, en cierto modo, el primer sacerdote?”.

“¡¡¡Cállese, basta, basta!!!”, grita Berlusconi. Quien, al fin, se decide a dar una explicación: “Soy un extraterrestre. Está usted en una nave espacial. Yo, al igual que muchos de los líderes mundiales, tengo una misión: mantener en la modorra a la torpe y peligrosa humanidad. Si no, ¿cómo se explica que a mis 115 años siga siendo el presidente italiano, después de haber ganado un total de 16 elecciones? ¡Porque atontamos a la gente con nuestras leyes, con nuestra televisiones, con nuestro dinero! Así las personas no piensan. Si pensaran... ¿sabe lo que pasaría? Pues que los hombres serían tan poderosos que acabarían conociendo el resto del universo, todos los mundos que les rodean. Incluidos nosotros, los de mi planeta. Y podríamos tener problemas... Por eso controlamos sus mentes. Y ahora, ¿quiere venir usted a plantear grandes preguntas? ¿Para que haya debates, para que hasta los dormidos piensen? ¡Ni hablar!”.

A continuación, Silvio Berlusconi apunta con una cámara de video supersónico al Papa, que sigue sentado en la silla. “Cuando yo le diga, lea este papel”, amenaza, mientras le pone una hoja en las piernas. Dictada la orden, León XIV mira fijamente a la cámara y empieza su nuevo y definitivo discurso: “Amadísimos hijos. Permanezco secuestrado por un peligroso y terrorista Estado. Aunque no os puedo revelar su nombre. De ahí que os pido que me olvidéis. No me busquéis. A mis compañeros cardenales: convocad un cónclave y elegid a mi sucesor. Ya no soy el Papa. Adiós, hijos míos. Ah, por cierto, a mis vecinos italianos: votad a Berlusconi. En mis difíciles circunstancias, él me ha ofrecido todo su apoyo. Es un devoto hijo de la Iglesia. Amén”.

“Amén”, sonríe il Cavaliere, seguro de su próxima victoria electoral, mientras estira con los pulgares las arrugas traidoras que asoman por sus carrillos.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

9 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Mari. 22.02.11 | 20:11

    Tu relato está muchísimo mejor escrito que el mío, pero no se ajusta a la temática que decidimos para nuestro primer concurso de relatos, el mío aunque peor escrito se podria calificar como ciencia ficción. Vamos que he ganado¡¡¡¡
    La temática del próximo te toca elegirl a ti...

  • Comentario por El golfo del Pérsico 21.02.11 | 10:49

    ¡Pasame el ful Abdul!

  • Comentario por Gus Gus 21.02.11 | 06:00

    Jajajajaja

    Está bueno!!!

  • Comentario por Javier 21.02.11 | 00:55

    Pues sigue así y quizás te den un premio literario...
    Dios mío! Magdalena, ¿"sacerdote? Eso es lo que tú quieres, claro, ya lo se...
    Elí, Elí... Y mira que Jesús lo tenía muy fácil siendo la suya una época llena de sacerdotisas; no lo hizo...piensa, hombre, piensa..... ¿despreciaba a las mujeres? Yo creo que no, pera cada uno tiene un papel en la vida. Yo no puedo ser mujer, aunque quiera, aunque me opere, aunque legalmente digan que si... que todo vale. Tampoco puedo ser monja, qué injusto....

  • Comentario por Pocanapia 20.02.11 | 23:57

    ¡Que artículo con más malasombra!

  • Comentario por Miguel Ángel Malavia [Blogger] 20.02.11 | 23:40

    A ver, antes de nada y aunque sea algo ridículo tener que hacerlo: aclaro que es un simple relato. No tienen ningún transfondo. No falto el respeto absolutamente nada a la figura del Papa. Simplemente, lo tomo como un personaje. Nada más. Y, que yo sepa, León XIV aún no existe...

  • Comentario por Juanan 20.02.11 | 22:51

    ¡Chico!Has caido muy bajo. Peor que Dan Brown en Ángeles y Demonios. Te azoto sin piedad.

  • Comentario por acolito 20.02.11 | 22:30

    ja ja ja.Entrañable amigo ¿te has vuelto loco?

  • Comentario por Francisco José Delgado 20.02.11 | 22:27

    ¿Qué te has fumado antes de excretar esto?

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