
No soy ningún entendido en política internacional. Sólo conozco cosas a un nivel parcial, con más o menos intensidad según el país, por mis lecturas en prensa y alguna de tipo histórico. Hoy mismo, se ha producido un hecho que será recordado en los manuales de Historia de los próximos años: después de 18 días de presión popular, Mubarak abandona el país y el poder en Egipto. Como ya ocurrió en Túnez. El Magreb se convulsiona.

Insisto. No opino de lo que no sé: desconozco si lo que está por venir en Egipto será mejor o peor; si viene la democracia o el antiguo país de los faraones acabará encallando en el islamismo radical. Por lo que leo, veo y escucho, me inclino por la esperanza, pero no lo sé. Sin embargo, hay algo que, de por sí, me hace ver con mucha simpatía el cambio: el poder del pueblo. Decenas de miles de personas, acampadas en la Plaza de la Liberación, en El Cairo, han combatido con la voz y la presencia un régimen autoritario. Y ha sido de forma mayoritariamente pacífica, sin impulsar la violencia como un arma de choque. Ha sido bello, majestuoso, emocionante, romántico. Escribo mientras escucho la radio: el bullicio transmite fuerza.
Muchas otras veces, esta misma historia acabó en baño de sangre y triunfo de la bota dictatorial: Tiananmen, la primavera de Praga. Las revoluciones de los claveles (o las de los jazmines), románticamente libertarias, no han sido tan habituales. Y mucho menos triunfantes. Por eso hoy, con la ingenuidad de no conocer el porvenir que acabará siendo sentencia, sonrío contento: ya he visto con mis propios ojos una revolución pacífica. Por fin, Historia viva. Por fin, imágenes y sonidos y no documentales; internet y no manuales.
Y con un final feliz. Aunque sea con puntos suspensivos.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
PD. Por cierto, es muy triste sintonizar en un día como hoy lo que era CCN+ y ver que su lugar lo ocupa Gran Hermano y unos tíos rascándose los huevos las 24 horas del día...
Los comentarios para este post están cerrados.
Hoy mismo lo coméntabamos en casa: han dado una lección al mundo. Por eso mismo, porque una revolución pacífica sí es posible.
Nadie sabe qué pasará ahora pero al menos sabemos que el ser humano aún tiene un poco de decencia. Dijo Davinia por ahí: "es la unión de muchas peronas por una única causa: cambiar el destino de su país y dejar a sus descendentes una esperanza".
Un abrazo.
Como ya te he comentado en Facebook. Esto en los libros de historia se podría llamar La Primavera de Egipto o de El Cairo. El final, solo Dios o Alah lo sabe. Lo cierto es que cuando el pueblo se manifiesta el poder tiembla.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez