

Leo hoy con gran alegría que ‘Tarancón, el quinto mandamiento’, emitida anoche por TVE, ha sido la miniserie que más audiencia ha reunido en todo 2011. No tanto por la ficción en sí (la producción, dirigida por Antonio Hernández y protagonizada por José Sancho, resultó interesante y fiel en líneas generales a la historia, pero pecó en exceso de un cierto maniqueísmo, exagerando las luces y las sombras de los personajes según se los quería exaltar o denigrar, sin mezclarlas entre sí), sino por el hecho de que se haya recordado la importancia del cardenal Tarancón en la historia reciente de España. Un conocimiento al cual contribuyó muy positivamente el riguroso documental emitido tras la serie, de una hora de duración.

El primer día de 2011 clamaba porque el año que entonces nacía fuera un “año libertario”. Lo que escribía iba más allá del deseo. Era un grito: “¡Que cada uno se atreva a ser como realmente es! Que se pudran los convencionalismos, disimulos, disfraces o máscaras. Que nadie tenga las santas narices para juzgar a personas, ideas o comportamientos. ¡¡Que se callen los hipócritas!! Que los notarios de las buenas costumbres y el recto camino no tengan la cara dura de “explicar” a los demás cómo han de ser. ¡¡Que vivan los valientes!! ¡¡Que vivan los que son tachados de transgresores, provocadores o crápulas porque sólo quieren vivir su propia vida!! Ojalá que, de una vez por todas, en este año cada cual reúna las fuerzas de amar como quiera amar y a quien quiera amar. Y que sea apoyado o, al menos, respetado por todos. En definitiva, que triunfen la autenticidad, la originalidad y la íntima verdad de cada uno de nosotros. ¡¡¡Libertarios del mundo, uníos!!!”.

Esta vez estaba preparado. Como ya hiciera en 2007, en 2009 y en 2010, miraba el reloj porque sabía que hacia la medianoche alguien vendría a buscarme para participar en mi ya tradicional cena con las ánimas. En este caso, con los muertos que nos ha dejado 2011. Pero, también esta vez, hubo sorpresa. Tal vez por tratarse del Día de los Inocentes, no hubo cena, sino curda. Y no vino a buscarme un finado que se sostuviera sobre dos piernas, sino que acudió un ser peludo que atravesaba el viento sobre cuatro patas.

Con el rostro más demacrado que de costumbre, cubierto de arrugadas desgarradas y granos malsanos, Manolín se mesa la blanca cabellera mientras se le van cayendo todos los pelos. Situado ante el estanque del Retiro, ha aprovechado para colarse en el parque mientras Madrid se encuentra ante la tele tomándose las doce uvas que marcan el paso a un nuevo año de la crisis.

Mucho se especulaba sobre si el Rey Juan Carlos, en su Mensaje Navideño de anoche, se referiría o no al daño que está causando a la Monarquía la posible imputación por corrupción de su yerno, Iñaki Urdangarín. Yo estaba seguro de que así lo haría. Quien supo mirar por el bien de la institución al aceptar la ruptura en la legítima línea de sucesión real por la que Franco echó abajo las esperanzas de su padre de ser “el Rey de todos los españoles”, en un momento muchísimo más crítico, no podía callarse ahora. Debía sobreponerse al dolor que seguramente haya infligido a la Infanta Cristina (como lo hizo con el admirable Don Juan) y mirar por el bien común.

¡Feliz Navidad! Por supuesto, os deseo una muy feliz Navidad a todos, en especial a mi familia, a mis amigos y a ti. Pero hoy, al volver a ver la luz en el camino justo dos años después de caer en el hoyo, quiero acordarme especialmente de Haití. Lo vivido entre su gente, con la insuperable guía de los amigos de Manos Unidas, ha sido lo que más me ha acercado a Dios en este tiempo de desierto.

Escribo esto sin ningún afán de polémica. Lo digo con total sinceridad. Simplemente reflejo una noticia, a mi juicio, positiva. El pasado septiembre, Barack Obama abolió la ley por la que se podía expulsar a un militar del ejército estadounidense en caso de comprobarse que era homosexual. Cada uno puede pensar lo que quiera sobre la homosexualidad. Pero veo normal el que no se despida a nadie de su trabajo por su orientación sexual. Ni que se le cuelgue de una grúa, como en Irán.

Se acaba de confirmar: mañana saldrá a la calle el que será último ejemplar del diario gratuito ADN, editado por Planeta. Lo siento por los trabajadores y periodistas que trabajaban en el periódico. Y lo siento, en general, por todos los ciudadanos de este país. Da igual que un medio tenga una línea editorial u otra, que llegue a más o a menos gente, que pertenezca a la prensa, a la radio, a la televisión o al mundo digital.

Hace tres años y medio, cuando Zapatero, en la que sería su segunda toma de posesión presidencial, desde IU se escandalizaron porque lo hiciera ante un crucifijo (como es habitual en los actos de este tipo organizados por la Casa Real), yo escribí esto: “Me postulo a favor de que la Cruz y los Santos Evangelios no estén delante de aquellos que juran o prometen como ministro o presidente del Gobierno. La Constitución afirma claramente que España es un país aconfesional. Que no laico, ojo. Ello conlleva que no tendría por qué verse privilegiada la simbología católica frente a otras confesiones y que deberían poder colocarse tales símbolos, u otros, o ninguno, según si el futuro cargo fuese ateo, musulmán o judío, por poner tres ejemplos. Sin embargo, en un estado laico, en ningún caso podría situarse ni un solo reflejo de la Trascendencia. Por eso defiendo que se coloque el símbolo de fe propio del particular que va a prometer o jurar. Y en caso de ser ateo, pues la Constitución como único elemento presente”.

Soy consciente de que más de un compañero de fe piensa que me estoy echando a perder. Que he cambiado, que solo miro por lo malo, que soy un crítico, un renegado. Sin embargo, aunque no se lo crean, pese a que es cierto que me he adentrado de lleno en el camino más pedregoso y difícil (lo que me causa sinsabores y malos ratos ante todo), creo que ese camino es el único por el que algún día podré sentirme realmente cerca de Dios.

A finales del siglo XIX, en medio de la polémica despertada en Francia sobre el Caso Deyfus, Émile Zola hizo la mejor defensa posible del militar judío francés con un histórico artículo, ‘Yo acuso’, en el que ponía en evidencia que el Estado galo había utilizado a Deryfuss, acusado de complot y de venderse a los servicios secretos germanos, como conejillo de indias ante el sentimiento de frustración que invadía al país tras su última derrota militar ante Alemania. No tiene que ver nada con lo que aquí voy a escribir. No acuso a nadie. Soy yo, como católico, el que me acuso.

Muchos católicos han criticado con vehemencia a Paz Vega por haber participado en una campaña publicitaria para una empresa de golosinas en la que, dentro de la ermita de la localidad sevillana de Gerena, aparece en dos fotografías. En una, caracterizada como La Virgen (sin más). En otra, rezando como una fiel devota, de luto riguroso, pero desnuda bajo la mantilla. Y he aquí la polémica. Ante la cual tengo una opinión con varios matices.

Serrat y Sabina, juntos de nuevo, ya tienen disco para 2012, 'La orquesta del Titanic'. Y, a modo de peculiar felicitación navideña, nos regalan como adelanto esta cachonda composición. Si a alguien le ofende es porque tiene la persecucionitis incrustada hasta en el tuétano. Adjunto aquí la letra y enlazo 'Canción de Navidad'.

El pasado sábado, en plena espera hacia un subidón de tensión que yo esperaba que culminaría con el estallido de alegría por la victoria de mi Madrid sobre el Imperio Culé, pasé varias horas ante la televisión viendo los distintos (y numerosos) programas especiales que dedicaron gran parte de su espacio al partido. Y, la verdad, resultó algo deprimente para un apasionado del deporte que, a la vez, sueña con un periodismo deportivo de calidad.

Ésta ha sido una de las derrotas más dolorosas que he vivido con el Real Madrid. Era la ocasión de ser más Madrid que nunca. Ante el mejor Barça de la historia, con un equipo hecho que jugaba como una máquina desde hace meses (mérito de Mourinho, por supuesto), líderes consolidados, jugando en casa, adelantándonos en la primera jugada del partido... Así se las ponían a Fernando VII. Pero no, en seguida llegó el acojone, el pegar pelotazos sin ton ni son, el regalar el balón, el perder la visión cada vez que se podía comenzar un ataque... Justo lo contrario de lo que nos había hecho imponernos al mejor Barça de la historia.

Antes de escribir esto, he echado un vistazo a los títulos de mis escritos sobre el Real Madrid en los últimos años y que se encuadran en la sección ‘Madridismo en estado puro’. Con una abrumadora claridad, he comprobado el desquiciamiento que supone ser un fanático merengón que padece la Dictadura Culé del mejor Barça de la historia. Todos los madridistas lo sufrimos, pero encima yo pertenezco a una pequeña secta: la antimourinhista. Mientras que la masa blanca se hace fuerte divinizando a quien yo considero un dictador que prostituye nuestros valores esenciales, ni siquiera tengo el consuelo de sentirme parte de un colectivo entregado al coitus interruptus que padecemos tras cada Madrid-Barça. Un día escribí (con todo el dolor del mundo) que “el Real Madrid es una puta” (siendo nuestro chulo Mourinho) y sólo faltó que los Ultras Sur se presentaran en la puerta de mi casa a reventarme la cabeza. Quedé retratado como un antimadridista. ¡Manda huevos!

En un momento en el que parece existir una campaña organizada para generar un clima social contrario a la Monarquía (y no hablo del proceso judicial abierto contra Urdangarín; que se vaya hasta el final y, como con cualquier ciudadano, se dictamine si es culpable o inocente), quiero salir en su defensa. Primero, porque creo en la idoneidad de la institución monárquica en nuestro país. Y, segundo, por agradecimiento a Juan Carlos I.

Estoy cansado, muy cansado. Cansado de mí mismo. Cansado de no saber cómo contentar a quienes me rodean. Cansado de tener que “hacer cosas” para contentar a quienes me rodean. Cansado de que las cosas que hago de corazón sean invisibles. Cansado de no saber por qué, de pronto, todo es tan complicado. Cansado de lo mal que lo debo de hacer cuando, a quienes más quiero, parecen estar decepcionados conmigo.

Respeto y entiendo perfectamente a quienes están en contra de los toros. Sin embargo, me atrevo a apelar al mínimo sentido humano de cada uno y exponer para el reconocimiento el valor del ejemplo de Juan José Padilla, un artista al que un toro casi se lo llevó por delante hace casi dos meses. En la arena se dejó un ojo, media cara y casi la vida entera. Su familia, por supuesto, junto a todos los aficionados a la tauromaquia, nos encogimos con las imágenes dantescas y brutales por las que un hombre fue literalmente destrozado por una fuerza de la naturaleza con dos pitones por banda.

“Nuestra Historia nos enseña la trágica lección de la ineficacia de unas Constituciones que han sido expresión solamente de una parte de las fuerzas políticas. (...) Esa lección la hemos aprendido y por ello nos sentimos comprometidos en una Constitución que valga para todos, que sea aprobada por el voto casi unánime de las Cortes y por el referéndum casi unánime del pueblo español. Urge terminar el proceso constituyente y sustituir en lo demás el consenso por la moderación en la defensa de las respectivas posiciones opuestas o divergentes”. Discurso de Adolfo Suárez en el Congreso de los Diputados el 5 de abril de 1978, en el proceso que culminaría con la aprobación de la Constitución antes de que concluyera ese año.

Algo aburrido ya de responder a la pregunta que algún amigo me lanza en los debates políticos sobre si la democracia es un medio o un fin en sí misma, reitero mi opinión: sí, la democracia es un fin en sí misma. Y lo voy a explicar con todas las fuerzas y argumentos de los que sea capaz, para no volver siempre a lo mismo.

Ya he escrito aquí que confío en que Rajoy puede ser un buen presidente de Gobierno. Y lo será si, como dijo en su discurso institucional nada más conocer su victoria electoral, es el presidente por y para todos, también para quienes no le han votado. Creo que debe empezar por los más de 333.000 que votaron a Amaiur en las generales del domingo.

En medio del ciclón que se ha llevado por delante al PSOE y ha otorgado al PP una mayoría absoluta por incomparecencia del adversario, quien aunaba regeneración e integración, transparencia y unidad, UPyD, ha sido el único partido que ha crecido por sí mismo. Hasta más de 1.114.000 votos, pasando de uno a cinco escaños y quedando como cuarta fuerza del país. Es cierto QUE IU ha sido la tercera más votada, creciendo enormemente desde los dos a los 11 diputados. Pero, aparte de que en IU no veo los valores de la integración y la unidad (ni nacional ni de ciudadanía, por ser sectaria y excluyente en muchos de sus planteamientos), también es un hecho que ha heredado en bloque los votos de cientos de miles de socialistas desencantados. Mientras, UPyD, estoy seguro de ello, ha logrado sufragios provenientes de la izquierda y de la derecha. De ahí su significación especial. No hay ningún partido así en todo el panorama nacional.

Conocidos los resultados electorales, solo cabe esperar que quienes concentrarán todo el poder político trabajen con altura de miras por salir de una situación extremadamente grave en nuestro país. Confío en Mariano Rajoy. Creo que es un hombre moderado, abierto, flexible y con altura de miras. En definitiva, es un político que apuesta por el sentido común como mejor método de trabajo.

Me apena que muchos no valoren lo que se está viviendo hoy en España. Las urnas estarán abiertas desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la tarde. Nos esperan años de fuertes dificultades en un contexto de crisis económica, social, política, ética e institucional a nivel mundial. Todo lo que pase a partir de mañana generará opiniones en todos los ciudadanos, las manifiesten o no (e incluso asimilen que las piensen o no). Sin embargo, los que no voten desperdiciarán su oportunidad para influir en lo que habrá de pasar.

En plena jornada de reflexión ante lo que considero las elecciones más importantes desde 1977 (por ser las primeras de la democracia) y las de 1982 (por significar la victoria del PSOE la consolidación definitiva del sistema), recupero con emoción la canción emblemática que supuso la banda sonora de un cambio hacia la reconciliación y la convivencia entre los españoles. ‘Habla, pueblo, habla’, que popularizó ‘Jarcha’ (aunque apuntan que es del grupo ‘Vino Tinto’) representa, como pocas, el sentimiento de libertad y responsabilidad por el que un pueblo asume su condición de conjunto de ciudadanos.

Algunos parece que no se dan cuenta, pero nos jugamos mucho ante un contexto actual marcado por una gravísima crisis del sistema, en España y en todo el mundo occidental: los derechos laborales retroceden hasta el punto de parecer que nos encontramos en los inicios del siglo XIX, en Italia y Grecia se han conformado dos Gobiernos a los que ningún ciudadano respaldó en las urnas (y a nadie parece importarle), la clase política es vista como uno de los grandes problemas en cada vez más países... Es evidente que, tras la caída del comunismo, el otro gran sistema que articuló el siglo XX, se está tambaleando. El capitalismo, pese a que Francis Fukuyama viera en él la culminación de la historia, se encuentra gravemente herido.

Esta tarde-noche, en Arganda del Rey, la localidad madrileña en la que resido, he tenido la oportunidad de asistir a dos mítines muy diferentes. A uno de UPyD y a otro del PP. La verdad es que, cuanto menos, ha sido un experimento sociológico más que interesante.

Esta noche no pienso tanto en las miserias, mentiras, intereses y corruptelas que lastran el periodismo. Esta noche soy feliz de ser periodista. Por un día, me siento útil. A un nivel muy pequeño, pero he tenido la oportunidad de poder poner mi granito de arena en favor de un aspecto muy concreto para hacer ver que ocurren cosas buenas en el mundo. Por supuesto, no hablo de política.

Un reciente artículo, en el que defendía el voto para UPyD en las próximas elecciones generales, ha sido respondido por varios conocidos y amigos católicos que me cuestionan sobre si es compatible tal posición con mi fe católica. Y digo que sí. Aunque no es fácil.

Como vivimos en un momento en el que parece que hay que justificar toda opinión libremente forjada, me adelanto: soy monárquico. No solo un agradecido juancarlista, no, sino un convencido de que la monarquía parlamentaria es el sistema más conveniente para la España del siglo XXI.

Debo ser uno de los pocos españoles que, tras votar a Mariano Rajoy en las derrotas electorales de 2004 y 2008, ahora que el PP parece estar ante una mayoría absoluta, creo que voy a optar (aún no estoy seguro, pues creo que Rajoy sería un buen presidente) por otro partido. En este caso, por UPyD. ¿Por qué? Pues porque el partido de Rosa Díez tiene lo que siempre me gustó del PP (una visión nacional, en principio, no proclive a ceder en cuestiones esenciales ante los nacionalistas) y, además, muchas otras cosas que, a día de hoy, no ofrece el PP.

- ¿Así, sin más? ¡¿Pero cómo va a estar muerta Amy Winehouse?! Si ahora mismo estoy vibrando con Rehab. ¿No lo ves? ¡Pero si hasta hay un tío tocando la trompeta en una bañera mientras ella se doma el melenón! “¡No-no-no...!”.

(Miguel Ángel Malavia, enviado especial a Haití).
Reportaje aparecido en el número 2.775 de Vida Nueva
Pese a que se cumplen casi dos años desde aquel 12 de enero de 2010 en que Haití se derrumbó sobre sus cimientos de barro, parece como si el terremoto, sobre todo en Puerto Príncipe, la capital, se hubiera producido el día anterior. El único cambio es que, al fin, casi no hay escombros. Pero aún permanecen intactas las casas sin techo, resquebrajadas o hundidas sobre sí mismas –y, bajo ellas, quienes las habitaban en ese momento–. El palacio presidencial o la catedral mantienen tal cual el quebrado caparazón esquelético con que se desnudaron ese día.

Don Juan Tenorio, aturdido en su orgullo, desconoce que las campanas doblan por él. Borracho de altanería, no sabe que el capitán le acaba de dar muerte a la puerta de su casa y que los salmos retumban por su figura cuando el alba empieza a clarear en esta noche de ánimas. Pero ha llegado el momento: o morir para siempre o alcanzar la salvación eterna por un último punto de contrición.

Hasta hace un momento, como tantas otras tardes, empezaba a apoderarse de mí una cierta sensación mezcla de apatía, tristeza y desasosiego. Lo que hubiera sido un triunfo definitivo de la melancolía, se ha cortado de pronto cuando una exclamación se ha cruzado en mi cabeza: “¡Pero seré imbécil!”. Ese topetazo en plena jeta me lo ha dado el recuerdo del viaje a Haití, que realicé con Manos Unidas, y del que regresé hace menos de dos semanas.

La política, muchas veces, es contradicción. En la cuestión de la lucha contra ETA, siempre he admirado la posición clara de Mayor Oreja, María San Gil, Redondo Terreros y Rosa Díez. Por el mismo motivo, por lo que representan, he participado en todas las marchas convocadas por las víctimas del terrorismo etarra. Sin importarme si eran “instrumentalizadas”, como se decía, por la derecha o, en el caso concreto de la manifestación contra el atentado de la T-4, que mató a dos personas y rompió la última tregua, por la izquierda. Tenía claro que era una cuestión de valores y eso era lo único que me importaba.

Ha muerto un torero. En este caso, un torero para la Historia. Porque Antoñete, a sus 79 años, fue torero hasta el final. De hecho, no hace tanto que dejó colgado sobre la percha el traje de luces. Mañana, en Las Ventas, su plaza, dejará sus últimas gotas de esencia torera. Como en las buenas tardes de San Isidro, la afición irá a ver al maestro.

Con todas las reservas posibles, y sin echar las campanas al vuelo, no puedo menos que calificar de histórico el comunicado de ayer de ETA en la que declaraba “el cese definitivo de su actividad armada”. El cambio ha sido sustantivo. Por vez primera en estas cinco décadas –no tres, como dijo el lehendakari Patxi López, como si no hubiera sido terrorismo lo que hubo antes de la democracia–, los terroristas no hablan de altos el fuego ni treguas temporales. No, es un final. Un aparente final. De ahí que sea una buena noticia.

Después de una semana en Haití, esta será la primera noche que no duerma en la tierra en la que he vivido una de las experiencias más importantes de toda mi vida. He tenido el enorme privilegio de participar en un viaje con (enormes) periodistas acompañando a Manos Unidas. De las muchísimas grandes cosas que he visto escribiré mucho en los próximos días. Pero hoy no podía irme a la cama (al no dormir en un vuelo de nueve horas, para mí aún es sábado... aunque mañana sea lunes) sin expresar algo de lo mucho que llevo dentro.


Si quieres ver desfilar ante ti un sinfín de almas humanas, debes ir a verla. Si quieres sumergirte en los matices y contrastes de la pasión enfermiza, el amor sin reservas, la fidelidad ciega, la sospecha fría, la traición inesperada, el chantaje indecente, la venganza cruel, el odio macabro, la inseguridad que paraliza, el miedo que infarta, la obcecación de granito, la vida y la muerte, debes ir a verla.

Era ésta tarde de palidez en el rostro, agotamiento mayúsculo, desesperación por comer cualquier cosa y desparramarme en la cama. Necesitaba descansar. Así que engullí las lentejas, me puse el pijama, cerré por completo todo paso de la luz a la habitación y me tumbé sobre el colchón. Pero cometí un error. Encendí la radio y puse el CD que me compré ayer: ‘En mi piel’, de Concha Buika.

Escribo esto en la medianoche de Madrid. Justo en la noche sucesora de la noche de Barcelona que acompañó ayer allí el entierro de la tauromaquia. Fue un adiós anunciado, pero no por ello menos trágico. No moría una persona, sino una compañía. No un entretenimiento, sino una afición. No una pasión, sino una vida entera. Ayer nos morimos un poco, además de todos los seguidores de esta filosofía repartidos por todo el mundo, los 20.000 que nos congregamos en una liturgia de funeral en la que se dio santo entierro a una expresión artística y cultural en Cataluña, una tierra en la que la primera misa taurina de la que se tiene constancia data de 1387. Fue así como los politicastros dieron la última paletada de arena sobre el ataúd con el que se cubre una vida de más de seis siglos.

Si para el gran Eduardo Mendoza, Barcelona es su ciudad de los prodigios, también va camino de serlo para mí. Cualquiera que me pregunte por las personas que más admiro hoy, sabrá que mi respuesta señala al Papa, a Raúl, a José Tomás, a Sabina y al Rey. Pues bien, en el último año voy camino de relacionarme con la mayoría en la ciudad de Gaudí.

En esta España nuestra abunda el liberticidio. Lo hemos podido comprobar con el intento de someter TVE (la televisión de todos) a los dictados de algunos politicastros y sindicaleros (con la salvedad, en este caso, de IU y la UGT). Lo que ha acabado siendo un paso atrás (por la indignación nacional) ha sido una evidencia de que quienes nos rigen, en el fondo, no valoran lo que es la libertad de expresión. Y ése es el primer paso para una dictadura. No ha sido una anécdota. Ha sido un síntoma esperténtico. ¡Ojo, que en tiempos de crisis es cuando se embauca al ciudadano para que se tape los ojos en virtud del “bien común”!

Perico ya no aguantaba más el ominoso peso de la vida. La corona de cuernos con que Paula había decorado sus sienes era, sencillamente, insoportable por quien en su día, en el colegio, fuera nombrado Mister 4ºA. Su orgullo había sido apaleado. Por ello, más por el deseo de que a su ex se le indigestara el empacho de nuevo amor que por un deseo real de ser amortajado en las horas siguientes, Perico cogió el coche dispuesto a empotrarse con el primer desventurado que tuviera la desgracia de cruzarse en su camino.

En un tiempo, como el actual, en el que nos avasallan las malas noticias, nada mejor que ver a una comunidad unida en torno a un sentimiento fuertemente positivo. En este caso, varios pueblos, los que forman el marquesado de Moya, en Cuenca. Pueblos como Los Huertos, Santo Domingo, El Arrabal, Henarejos, Santa Cruz, Fuentelespino... o el mío, Landete, se citan cada siete años para honrar a su Madre, la Virgen de Tejeda, que peregrina desde su santuario en Garaballa hasta el castillo de Moya, recorriendo un total de 18 kilómetros.


¿Qué pensarán los habitantes de la localidad navarra de Alsasua al poner el nombre de su municipio en Google, pinchar en el click de ‘Noticias’ y comprobar que las seis primeras entradas ligan su imagen a unos nazis deplorables? No voy a cometer la tropelía de decir que los ciudadanos de Alsasua son unos nazis. Pero hay un hecho, y es que decenas de sus lugareños los son. Y manchan a todo el pueblo, de unos 8.000 habitantes.

Una de las cosas que más me molestan en el mundo es que, ante un asunto de interés público, los responsables del mismo manipulen a la ciudadanía ocultando una parte de la realidad. Es lo que ha ocurrido con los recortes del Gobierno de Esperanza Aguirre en la Enseñanza pública madrileña.

Miguelito se las prometía muy felices. Eran las fiestas de su pueblo y, por primera vez en cuatro años, a causa de que libraba en el curro, podría ver los encierros de toros. Sin embargo, su voluntad se truncó a causa de una jubilosa parranda en la noche de la víspera, a la luz de la luna lunante. A las siete la mañana se recogía en el lecho, ya cuando nacía el sol tunante. Evidentemente, se durmió y no fue al encierro.

San Unamuno, el alma hecha contradicción, nunca fue demasiado aficionado a los toros. Decía que distraían demasiado a la gente y no la dejaban pensar en otras cosas más importantes. Los veía algo así como el pan y circo de la plebe. Pero, en realidad, yo creo que no fue taurino porque no le dio tiempo. Y eso que murió a los 72 años.

Cada día ocurren episodios más tristes en esta España nuestra. Sin embargo, el más lamentable de todos se ha dado en Cataluña, cuando los representantes de la Generalitat han dejado claro que no piensan obedecer una sentencia judicial que obliga a reconocer el español como lengua vehicular, junto al catalán, en sus aulas. ¡Hasta dónde hemos llegado!

Tengo con orgullo haber sido testigo directo de grandes actos que serán recordados: el entierro de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro, la boda del Príncipe Felipe (con noche previa de empalme y despelote y cánticos de “Gibraltar español” ante Carlos de Inglaterra incluidos) o la entrega del Premio Cervantes de 2003, a Álvaro Mutis, en la que me colé en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá y hablé hasta con el Rey...

San Ramiro de Maeztu ya lo avisó en ‘Hacia otra España’, en 1899. Frente a lo que algunos creen, pensar no es cosa de locos: “La labor intelectual –i-n-t-e-l-e-c-t-u-a-l, entiéndase bien– de los enamorados de la vida por la vida requiere algo más que entusiasmo; requiere una pasión desbordadora. (...) Es común, efectivamente, vivir ajeno a tales entelequias. Los hombres sanos siguen naturalmente su camino sin cuidarse de otros códigos que de aquellos en cuya sanción interviene la Benemérita Guardia Civil. No es que sean inmorales, ni morales: son amorales simplemente. (...) Grandes amarguras íntimas le costó su intento a Malthus. A Federico Nietzsche, el Redentor, el poeta que ha alcanzado en sus días de vislumbre la identificación de su pensamiento con su instinto, de su vida con la vida universal, le ha costado la empresa la pérdida de su razón, ¡la pérdida de su entendimiento prodigioso! No me diga, con el señor Sanz Escartín, que tales ideas sólo pueden conducir a la locura. Las ideas a nadie vuelven loco, sino la presión a la que someten sus cerebros los intelectuales creadores. ¡Oh!... De seguro que no corren tal peligro el señor Escartín ni ninguno de los escritores que han dejado al Espíritu Santo el cuidado de pensar por ellos. No será, al menos, el esfuerzo de producir ideas nuevas causa que altere el regular funcionamiento de sus órganos vitales”.

Lo dejó escrito San Unamuno en ‘Mi religión y otros ensayos’, de 1910: “Mi religión es buscar la verdad en la vida y en la vida la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarla mientras viva; mi religión es luchar incesantemente e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob. No puedo transigir con aquello del Inconocible –o Inconognoscible, como escriben los pedantes– ni con aquello otro de “de aquí no pasarás”. Rechazo el eterno ‘ignorabimus’. Y, en todo caso, quiero trepar a lo inaccesible. (...) Yo quiero pelear mi pelea, sin cuidarme de la victoria. ¿No hay ejércitos y aún pueblos que van a una derrota segura? ¿No elogiamos a los que se dejaron matar antes que rendirse? Pues ésa es mi religión”.

Fue deseado. Fue concebido. Durmió, pateó, comió en el seno. Nació, lloró e hizo llorar y reír. Jugó, inocentemente jugó desconociendo la vida real. Fue muy amado. Conoció joven el luto. Sin padre, tuvo madre coraje. Trabajó pronto. Apenas pudo estudiar.

Como bien explicó el Papa en Madrid, “Dios quiere un interlocutor responsable”. Yo entiendo esto como una fe que se cuestiona cada día. Entre otras cosas, a sí misma. Y es aquí cuando, una vez más, repito la pregunta que más me angustia: ¿se puede ser cristiano y tener terror a la muerte?

Nunca he dudado de que soy cristiano, pues me fascina Jesús de Nazaret. Lo que no he tenido tan claro es la autenticidad de mi fe. Siempre he tenido mi relación con Dios como un camino que durará, muy posiblemente, toda mi vida. Con picos y descensos. Desde hace veinte meses, estoy en el momento más bajo. Cuando sólo cuatro meses antes, en Tierra Santa, me sentí en el Tabor.

Dicen que de Madrid se va al cielo. ¿Y desde el Teide, que está más alto? Hace unos años, junto a buenos amigos de la Universidad, comprobé que Lanzarote era diferente. Imaginaba que las Canarias eran unas islas especiales. Ahora, que conozco a dos más, adelanto mi veredicto definitivo: la volcánica tierra de los canes es el paraíso terrenal. Y dos de sus embajadas, Tenerife y La Gomera, el cielo sobre el cielo.



Isabel Allende, una de mis escritoras favoritas, refleja en muchas de sus obras las hipocresías del alma humana. En Inés del alma mía, que ando ahora leyendo, pinta un episodio dantesco. En plena batalla entre los ejércitos de los españoles Pizarro y Pizarro, antiguos aliados en la conquista de Perú y luego enfrentados por la codicia del poder único, Isabel Allende describe con maestría la corrupción de la fe:
Resulta estomagante escuchar casi cada día a dirigentes de Bildu explicar que apoyan a “las víctimas de todas las violencias”. Es una falacia inmensa. Es un intento maniqueo de poder marcar distancias con el terrorismo, aunque sin rechazar sus macabras acciones. Pues no, no cuela. Vamos a ser claros: no existen las víctimas etarras.

Alguno ya me conoce como Malaviapacus. Jamás he acertado alguno de mis (muy habituales) vaticinios deportivos o políticos. Es más, quien quiera llevarse una porra, sabe que tiene que marcar el pronóstico contrario al mío. Sin embargo, por desgracia, hoy tengo la seguridad de acertar. A escasos minutos de que se estrene, la miniserie de Telecinco sobre los atentados del 11 de marzo va a ser un bodrio infumable.

Muchos creen que moriste hace hoy cincuenta años, en otro 2 de julio, cuando te descerrajaste un tiro en la cabeza. Se equivocan. Como se confunden los que piensan que la maravillosa película de Woody Allen, Medianoche en París, es simplemente eso, el título de una aventura en la gran pantalla. No, es mucho más, es el guiño de artista a artista. Es la forma en que el alucinado y disparatado newyorkino, sin que nadie se perciba de ello (de ahí la coña), anuncia tu faena de esta medianoche bajo la iluminada Torre Eiffel. Porque la única realidad es que cuando Notre Dame dé las doce campanadas, los espíritus y las almas atentas de los vivos podrán presenciar la faena de Hemingway ante un mihura.

Me da mucha pena escribir este artículo. Primero, por criticar algo en lo que casi todos caemos (aunque, espero, que con ciertos límites). Segundo, por hacer referencia a algo que me asquea: la prensa del corazón. Así, por poner un ejemplo, yo vendería mi alma si acabara saltándome ambos puntos y terminara trabajando en una revista del corazón. Quiero creer que nunca llegaría a ello, por muy desesperado que estuviera. Pero sé que soy el primer mindundi de entre los mortales...

La tarde parecía discurrir con normalidad. Al menos con la normalidad de un arte en decadencia: pitos a los toros y a los toreros. Los compañeros de terna del torero habían sido abucheados en lo que parecía una tarde más de tedio y hastío. Pero, cuando llegó su turno, el silencio cayó a plomo. “¿Será la expectación?”, pensó ilusionado. Un sentimiento, el de la esperanza, que mantuvo hasta el saludo en el centro del albero. Concluidos los tercios previos, el torero brindaba su faena de muleta a la plaza, pero ésta le correspondía con el silencio más absoluto. “¿Qué cojones pasa aquí...?”.

En unos minutos, el River Plate juega el partido de vuelta de la eliminatoria por no bajar a la Segunda argentina. Y debe remontar el 2-0 de la ida. Está al borde del abismo. Lo pienso y sufro por su afición. Es como si mi Real Madrid estuviera a un paso de descender... Y es una pesadilla.

Comunicado de la peña madridista de baloncesto Berserkers dirigido a la directiva del Real Madrid. Estoy de acuerdo en el contenido del mensaje de la que es mi peña desde hace cinco años, aunque aún quiero poner más énfasis en que esto no va contra Pablo Laso, el nuevo entrenador. Va contra un modelo que cambia de ideas cada temporada. ¿La razón? Sencillamente, que a esta directiva (como a casi todas las precedentes) no le interesa nada el baloncesto. Aquí va íntegro el texto de Berserkers:

Muchos amigos me recuerdan con sorna una frase que dije asomándome a la noche de Jerusalén, desde una ventana que me acercaba un poco más al cielo de lo que ya lo estaba: “Jerusalén huele a fe”. La coña viene porque, solo un segundo después de pronunciar esas palabras con tono susurrante y el rostro impregnado de beatitud, me lancé a alabar a grito alzado los alucinantes atributos hembriles de la dependienta del hotel... Soy así, cambiante al instante y apasionado en todo, ya sea celeste o carnal, blanco o negro. Contradictorio siempre. Tronadas las entendederas.
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Hoy, en los medios, se repite constantemente el recuerdo de la famosa “pinza” de Anguita para explicar la razón por la que, en Extremadura, IU se abstendrá en la votación presidencial para la Junta, pudiendo gobernar así el PP por primera vez en la democracia. Muchos análisis insisten en que IU “quita” el poder a los socialistas, “entregándolo” a la derecha. No estoy de acuerdo. Que yo sepa, las elecciones las ganó con una amplia mayoría el PP. Que yo sepa, IU y PSOE no concurrían juntos a las elecciones. Que yo sepa, los socialistas solo hablan de “la izquierda”, en genérico, o de la suma de “las fuerzas progresistas”, cuando el PP no ha alcanzado una mayoría absoluta y ellos necesitan el apoyo de IU para tocar poder. Que yo sepa, aunque les moleste a muchísimos militantes de IU, su partido no está obligado a nada con el PSOE. Son independientes, diferentes.

¡Maldita seas, Bernarda Alba! El cuerpo de tu hija pequeña, Adela, cuelga del techo. La soga ha partido su cuello, marcando el compás del resto de su cuerpo, que oscila de un lado a otro. Frente a ella, Bernarda Alba, manteniendo la rigidez, ni siquiera mueves los ojos, anclados en sus pies. Tu corazón tiene fijo el pulso. ¡Ni una lágrima! Te rodean el espanto y los lloros nerviosos de tus otras cuatro hijas, pero tú solo tienes una respuesta: “¡Silencio!”. Ni una lágrima por la criada en tu panza, por la parida desde tu dolor, por la amamantada con tus pechos.

Sangre de muerte. Seca, dura, amasada. Sangre de ilusión que acabó con un robo del alma, con un desgarro en la esperanza. Sangre de muerte. Maloliente, podrida, agusanada. Sangre que rodea un cuerpo inerte, justo antes pleno de movimiento, suspiros y proyectos.

Increíble pero cierto. El “escándalo” saltó cuando, en una reciente entrevista en Marie Claire, Lourdes Hernández, la cantante de Russian Red, reconoció que era “de derechas”. Como no podía ser de otro modo en esta España nuestra, le cayeron palos por todos los lados. Pero lo más triste ha llegado hoy, con todo un reportaje en El País. En una entrevista con este diario, tiene que responder a preguntas como estas: ¿Dirías que tus ideas políticas juegan un papel grande o pequeño en tus letras? –La lupa, vayan a buscar la lupa! Y, si es “culpable”, a quemar sus discos...– ¿Qué te atrae más de las ideas conservadoras: sus planteamientos económicos o los valores familiares? –¿Qué explica tamaña sinrazón?– Si volvieran a pasarte la encuesta de ‘Marie Claire’, ¿responderías otra vez de la misma forma? –Aún estás a tiempo, ¡rectifica!–. Cualquier otro comentario que quieras añadir es más que bienvenido –¡Corre! ¡Retráctate!–.

Lo vengo diciendo desde hace un tiempo: el movimiento de los indignados, tan plural y tan diverso, se está empezando a ir de las manos. No me ha gustado nada ver zarandear al líder de IU, Cayo Lara. No me gusta que Rubalcaba tenga que anular un viaje a Valencia por temor a las protestas. No me gusta que miles de personas dificulten el paso de los políticos al Parlament de Cataluña al grito de “no pasarán”, empujando a los que iban a pie, optando otros, como el president de la Generalitat, Artur Mas, por llegar en helicóptero. Y no me gusta que al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, del PP, decenas de personas le esperen en la calle para insultarle... mientras pasea a su perro con su mujer e hijos. No, no me gusta. Creo que la inmensa mayoría de los indignados son pacíficos, pero es peligroso (repito, peligroso) que empiece a asomar la patita de la violencia y el antisistema.

Después de sumergirte en la lectura del Romacero Gitano, profundizando en la esencia de la Pena andaluza (que va mucho más allá de la tristeza o la melancolía) que tan genialmente dibuja el universo lorquiano, nada mejor que leer la conferencia en la que Federico García Lorca explicaba las fuentes de las que había bebido el susurro de sus letras. De ese texto, recogido en la edición de la Colección Austral, me quedo con un párrafo: “Si me preguntan ustedes por qué digo yo ‘Mil panderos de cristal herían la madrugada’, les diré que los he visto en manos de ángeles y de árboles, pero no sabré decir más, ni mucho menos explicar su significado. Y está bien que sea así. El hombre se acerca por medio de la poesía con más rapidez al filo donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio”.

Ayer se constituyeron los ayuntamientos en la práctica totalidad de España. Todo un acontecimiento de la democracia, aunque ensombrecido, a mi juicio, por tres episodios de talante antidemocrático. Comienzo aclarando: son tres asuntos de muy distinta relevancia, por lo que los comentaré de menor a mayor grado de importancia (repito, a mi juicio), quedando claro que no tienen nada que ver los unos y los otros y no los relaciono entre sí. Insisto, son temas completamente distintos y no quiero que nadie venga acusándome de mezclar las cosas. No tienen nada que ver, pero no quiero dejar de decir lo que pienso.

“Sin cambios morfológicos significativos”. Esta fue la sentencia que leyó Manuel en un frío trozo de papel, tras una semana de espera de los resultados de una biopsia. Sin entender del todo su significado –se esperaba algo así como “cáncer: positivo o negativo”–, sólo quedó más o menos tranquilo después de hacer un par de consultas telefónicas. Cinco minutos después, definitivamente aliviado, salió de la clínica y comenzó a pasear.

España, 2011. Hablan de crisis. ¿Crisis? La que venimos sufriendo desde que somos lo que se podría asemejar a España. Somos la historia de un atraso. Un proyecto fallido, eternamente decadente, podrido, descompuesto, fracasado. En siglos, sólo tuvimos una época dorada. La que iniciaron los Reyes Católicos; la que se cercenó con los excesos de gota y desinterés nacional de los coronados; y la que concluyó con el fracaso del último político con mirada nacional, el Conde-Duque de Olivares.
¿Quién dijo que los toros son cosa de viejos? Pues acertó. Son cosa de viejos pibes pelotudos como el gran Andrés Calamaro. Habitual defensor de la Tauromaquia, el argentino rompe los tópicos y muestra que se puede ser un canalla rockero... y taurino. Como Sabina, como Serrat.

Hay quien defiende que se puede hacer humor de cualquier cosa. Como hay antitaurinos que odian hasta tal punto a los toreros que desean su muerte. El Jueves, una revista satírica que está reverdeciendo sus “mejores” días insultando cada dos por tres (en lo personal) a la Monarquía Constitucional, reúne ambas premisas: de ahí que no les quede el menor reparo en mofarse de Ortega Cano, quien, desde hace más de una semana, tras un accidente de tráfico, se encuentra al borde de la muerte. Así, una viñeta de su último número recoge al torero (un torero lo es para siempre, aunque esté retirado) con un volante incrustado en su pecho, brotándole la sangre. A su lado, un toro, también ensangrentado, le dice: “¿Qué? ¡A qué jode, ¿eh?!”.

Es evidente que la irrupción de UPyD en el panorama político madrileño ha dejado con el pie cambiado a los politicastros preestablecidos. Ésta es la (pobre) valoración que el líder de los socialistas madrileños ha hecho hoy del anuncio del partido de Rosa Díez de no entrar en ningún gobierno municipal: “Es difícil de entender que en una Comunidad en la que el PP ha golpeado la dignidad de los ayuntamientos y la decencia política, y ha golpeado con la corrupción económica en gran numero de ayuntamientos en los que ha gobernado con el famoso caso Gürtel, una nueva fuerza política como UPyD pacte el gobierno con el PP para que tengan diez nuevos ayuntamientos en los que seguir ejerciendo sus prácticas”.

Cuando deja tras de sí la puerta del médico, ahora cerrada, Manuel mira el sobre que éste le ha dado abierto. “¿Cómo puede un puto papel cambiarme la vida?”. Pero no, no le ha cambiado la vida. Se la ha quitado. Pensando en que, de pronto, su fecha de muerte tiene un plazo inminente, rompe a llorar. En silencio. Dos horas después, tras patear desorientado calles sin rostro ni nombre, acaba en el cementerio. Ante el nicho familiar. Ante el hueco en el que reposará lo que quede de él, atrapado en una caja de madera. Para siempre.

Digan lo que digan los críticos del partido de Rosa Díez, UPyD ha revolucionado el panorama político. Y, lo mejor, haciendo lo que dijeron que iban a hacer. Es decir, sin hacer nada. Causando con ello el desconcierto y la incredulidad entre partidos y medios de comunicación.

La iniciativa de la Real Academia de la Historia de hacer un Diccionario Biográfico en el que se repasa nuestra historia a través de la reseña de las vidas de 40.000 españoles, resulta absolutamente excepcional. Sin embargo, como no podía ser menos en nuestro país, se ha oscurecido un trabajo de diez años, a cargo de grandes expertos e historiadores, por las redacciones de las biografías de ciertos personajes “polémicos”. La controversia fundamental, como tampoco podía ser menos, ha radicado en la reseña de Francisco Franco, a cargo de Luis Suárez, quien no atribuye a éste ser un dictador, ni a su régimen ser totalitario, sino autoritario.

Ya no podía soportarlo por más tiempo. Tenía que salir del armario. Lo reconozco: soy culé. Hasta las trancas. Incluso más que mi ídolo Luis Enrique. Han sido quince años de decirme madridista hasta la médula. Pero era mentira. Y una mentira insostenible. Los hábiles y perspicaces comentaristas que, tras leer mi artículo ‘El Real Madrid es una puta’, además de dispensarme todo tipo de recuerdos para mi familia y de avisar de que había que había que “pararme los pies” (¿?), denunciaron que era “un culé encubierto”, acertaron.
Una noche triste puede engañarse en virtud a la neblina de los copazos. Pero, ¿qué hacer si la Inquisición médica te impide pimplar? Anoche, mientras la euforia barcelonista se sabía en el trono de Europa, me fui a dar un paseo imaginario. Al cruzar la esquina de Estambul, me encontré al Real Madrid. Era una puta que, arrodillada, lloriqueaba ante sus chulos: Florentino y Mourinho. Estaba cansada, quería irse a dormir. Pero sus patrones le imponían un último servicio: ponerse a cuatro patas ante un culé. ¿Cabe mayor humillación?

El himno del Barça atruena, los cohetes y las bocinas atontan: los culés vuelven a ser campeones de Europa. Ésta es una noche muy triste. Sobre todo porque no hay esperanza. Si ya es muy duro decirte hoy madridista, mucho más lo es ser un madridista antimourinhista. Estoy fuera del sistema. Absolutamente en contra de la masa.

Quedan unos minutos para la final de la Champions. Lo que seguirá a la siguiente hora y media es aguantar un año de cachondeo... o el alivio. Alea jacta est. La suerte está echada.

¿Qué fue del Zapatero que hablaba de otra forma de hacer política? Debe ser el mismo Zapatero que se sentaba al paso de la bandera de los Estados Unidos (de Bush), para luego seguir los dictados belicistas de los Estados Unidos (de Obama). Debe ser el mismo Zapatero que, cuando estábamos “en la Champions” de la economía europea, entonces no le importaba que el modelo económico nacional se levantara, en gran parte, sobre la construcción y el empleo precario. Debe ser el mismo Zapatero que, cuando llegaron las vacas flacas, se negara obstinadamente a pronunciar la palabra crisis y achacara a quienes se lo avisaban un insano patriotismo; acabó optando como solución “progresista” por dar dinero público a los bancos... para que concedieran las hipotecas que nunca coincidieron.


Tenía ganas de que esto sucediera. En muchos foros he defendido que UPyD y Rosa Díez simbolizan la regeneración que muchos pedimos para la democracia en nuestro país. Los principios estaban claros: defensa de la unidad de España, que ninguna autonomía mantenga privilegios sobre el resto, superación del bipartidismo, reforma de la Ley Electoral para que el voto de cada ciudadano tenga el mismo valor independientemente del territorio en que se deposite, Justicia completamente autónoma del poder ejecutivo y que el Estado recupere las competencias en materias como Educación. Sin embargo, muchos defendían que eso era pura utopía y que, en caso de que el partido alcanzara cuotas de poder, dejaría tales ideales olvidados en el desván de la desmemoria.

Parece increíble, pero es verdad: Florentino Pérez ha cesado a Jorge Valdano como director general y adjunto a la presidencia del Real Madrid. Quien fuera durante tantos años la mano derecha de Florentino, la voz de Florentino (el presidente siempre esquivaba las preguntas comprometidas de los periodistas con su famoso “eso preguntádselo a Valdano”), Florentino mismo, ha sido despedido por su alma máter.

Llevamos una semana diciendo, desde el entusiasmo, que la clase política ha de escuchar la voz del pueblo. Los pueblos y autonomías de España han hablado. Y han dejado claro que no quieren al PSOE de Zapatero, al Gobierno de Zapatero. El batacazo socialista ha sido monumental, histórico. El manotazo a Zapatero en la cara de sus candidatos municipales y regionales ha sido tan grande como la patada que en su día le pegó España a Aznar en el culo de Rajoy.

Ahora el antisistema soy yo. Muchas cosas no me cuadran respecto al Movimiento 15-M, y lo digo sin problemas, pensando que al fin y al cabo esto se trata de un debate, de un proceso conjunto de diálogo. Reflexiono, acudo como testigo presente, sigo reflexionando, expongo ciertas reservas... y ya soy tachado de conspirador, politizador o instrumentalizador. Muy bien, pero pido a quien así lo quiera que responda a ciertas preguntas.

Aunque tenía una idea bastante clara de lo que está suponiendo el Movimiento 15-M en la Puerta del Sol de Madrid (ojo, hablo de Madrid y no de las otras decenas de ciudades españolas en que esto se está dando), ahora tengo certezas. Subjetivas certezas, claro. Ayer, de las cuatro a las siete de la tarde, fui una antena andante en Sol, tratando de moverme por todos los lados y quedándome con la copla de cuanto veía y escuchaba. Hubo muchas cosas que no me gustaron y otras que sí. Para hacer un relato fiel y coherente, las enumero en plan batiburrillo, según lo que me encontré en cada momento. Eso sí, mantengo una conclusión clara: una gran parte de los organizadores son de Izquierda Unida y sus variantes. Me explico: militantes del partido, seguidores de otros partidos comunistas (que los hay y son legión), antisistema, anarcas y socialistas utópicos que van más allá del PSOE. En definitiva, una izquierda muy ortodoxa, que no vota, que vota al PSOE como “mal menor” o que, en su mayoría, vota a IU.

Lo que está ocurriendo en numerosas ciudades españolas y que tiene su epicentro en la Puerta del Sol de Madrid, puede ser histórico. Y creo que puede ser para bien. Eso sí, me pregunto: ¿quién indigna a los indignados? ¿Quién mueve los hilos? ¿Ha sido todo por el libro de Hessel? He leído el panfleto. No dice nada novedoso, se estructura en lugares comunes y no ofrece causas ni consecuencias. Lo mejor es su sugerente título, ‘Indignaos’, y el simbolismo de quien lo escribe: un hombre de 94 años, que en su día militara en la Resistencia francesa antinazi y participara en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, llamando a la juventud occidental a rechazar las desigualdades producidas por el sistema capitalista. Muy bien, pero si no hay intereses que lo muevan, este libro no indigna a nadie...

Entiendo perfectamente a las personas que están en contra de la Tauromaquia. De verdad, creo lógico que vean en ella el maltrato gratuito de un animal. Sin embargo, me alegro por quienes tienen la capacidad de ver más allá y encontrar un arte en la danza a vida y muerte entre un hombre y un toro. Un clarísimo ejemplo lo hemos tenido ayer y hoy en Las Ventas del Espíritu Santo, en Madrid. Ayer Talavante y hoy Manzanares han reventado el ciclo isidril y han derrumbado la Puerta Grande del coso más exigente del mundo.

Aquí suelo escribir en muchas ocasiones de lo que yo llamo “mis musas”: Scarlett Johansson, Leonor Watling, Monica Bellucci, Najwa Nimri, Maribel Verdú... Sin embargo, no es cierto. Sólo tengo una musa. Mi musa. Mi única y auténtica musa. La única que quiero tener.

Será el 23 de julio. En Valencia. Por fin. Un año y tres meses después de que regara con su sangre la arena mexicana, volverá. José Tomás. El drama que se representa en un coso, la tragedia que enfrenta a vida y muerte a un hombre y a una bestia, el arte de la tauromaquia, recupera a su mayor símbolo.

Hago propósito de no volver a hacer un pronóstico deportivo. Con las maletas prestas para la conquista de Barcelona, la noche antes predije que acabaría el domingo en Canaletas, celebrando la conquista de la Final Four, 16 años después de la Octava para mi Real Madrid de las canastas. El desastre fue estrepitoso. Perdimos los dos partidos de paliza y quedamos últimos. Pese a todo, volví contento. Me explico.

Han sido muchos años de escuchar el “aquí no hay playa” o el “Madrid se quema, se quema Madrid”. Dentro de doce horas, las hordas merengonas ya estaremos en Barcelona. Listos para el asalto a la Copa de Europa de baloncesto. Han sido quince años sin estar en la Final Four. Hemos vuelto. Para quedarnos. Seremos campeones. En Barcelona. Y yo estaré allí. Para gritar, para sufrir. Para llorar. Para ser feliz. ¡Arde Barcelona!

No pudo ser. Don Raúl, por ahora, se despide de su competición, de la que es rey: la Copa de Europa. Nos queda el Manchester. El Imperio Maligno Culé ha de ser derribado. Wembley será su tumba. Su campo mítico será su cementerio. Tomo el grito de guerra de los vecinos de Liverpool. ¡You’ll never walk alone! ¡Tú nunca caminarás solo!

Al final no pudo ser. Si no nos hubieran anulado el 0-1 de Higuaín, en el primer minuto de la segunda parte, y que era totalmente legal..., a lo mejor otro gallo hubiera cantado. Pero paso de seguir con los árbitros. Me quedo con que hoy sí ha estado el Madrid de la casta, la raza y el orgullo. El de toda la vida. Si el señor Mourinho hubiera confiado en este equipo y hubiera ido a por el partido en la ida, en casa, con una afición entregada... Pues hubiera podido cantar otro gallo más grande que el que señaló la traición de San Pedro. Pero ya es tarde. Sólo queda consolarnos con que le pudimos meter un buen pellizco en la pechuga a Escarlata y con que nos venguen los ingleses en la final. O Raúl...

Después de la derrota contra el Barça del pasado miércoles, escribí esto: “Unas semifinales de Copa de Europa es como tener una cita con Scarlett Johansson, en la que la musa, de buenas a primeras, te invita a su cama y se despelota. ¡Y vas tú y esperas a que siga “atacando”! ¿Más? ¡Pues si no haces nada... se queda dormida! ¡Y te quedas a dos velas! Eso nos pasó anoche. Ni lo intentamos... Y teníamos munición de alto voltaje. En el banquillo o agazapada ante la portería. Ay, Escarlata, que te nos fuiste viva...”. Pues bien, ha llegado el día. ¡A por Escarlata!

Si hace un par de días me cuentan que Bin Laden estaba en una urbanización de lujo de Pakistán y que un comando especial norteamericano iba a entrar por la fuerza, matarlo de un tiro en la cabeza, robar su cadáver en un helicóptero y luego “enterrarlo” en el fondo del mar, no me lo hubiera creído. Como sigo sin creérmelo del todo hasta que no vea publicada una foto.

Vivimos días convulsos. Los acontecimientos se abren paso a mazazos entre las portadas de los digitales: Juan Pablo II ya está, oficialmente, en la Casa del Padre (¡ora pro nobis!); el Supremo cierra la puerta de las elecciones a Bildu; China censura a las tiendas de Zara en Pekín por la “mala calidad de sus productos”; el Madrid está a un día de buscar una de las grandes gestas de todos los tiempos; a Bin Laden se lo cargan los americanos y lo tiran al mar... Sí, es un tiempo convulso. Apasionado.

- Papá, ¿por qué somos del Madrid?

Hasta ahora podía presumir de que mi Real Madrid siempre se ha caracterizado por salir en todos y cada uno de sus partidos a por la victoria. Haya luego ganado, perdido o empatado, evidentemente. Pero lo de ayer es un punto negro en nuestra ya centenaria historia. Semifinales de la Copa de Europa, en casa, con el Barça... ¡y el equipo con el culo en la portería desde el primer minuto! Cual sumo sacerdote en el sanedrín de Jerusalén, año 33, grito, proclamo y denuncio: ¡Blasfemia! Me rasgo las vestiduras. ¿Hace falta escuchar algo más? ¡Blasfemia!

Perdone el azorado personal, pero el lastimero personaje que esto suscribe reclama su derecho a celebrar algo que, visto el desastre que se acaba de producir hace unos minutos en el Bernabéu, suena a chacota. ¿Puedo decir algo, entonces? Ea. ¡Chavales, que somos campeones de la Copa del Rey!
Resulta muy significativa la columna de Di Stéfano, publicada hoy en Marca, analizando el Madrid-Barça del sábado. En ella dice cosas como éstas: “El equipo blanco jugó acorralado ante un rival que dominó el medio campo durante todo el partido. (...) Me gusta y me admira el gran dominio del juego que tiene el Barcelona. Su fútbol no se mira con los ojos, sino con el alma. Tratan la pelota con respeto, adoración, casi mimándola. Ver a este equipo en acción es un deleite para todos. (...) El Real Madrid fue un equipo sin personalidad. Este partido deberá dar las pautas para saber cómo afrontar el próximo, porque el planteamiento de intentar jugar al Barcelona a la contra se vio claramente que no es el más adecuado”.

Cada vez veo más claro que voy a contracorriente con el madridismo de hoy en día. Me supongo defensor de los valores esenciales e históricos del club (pese a no haberlos mamado, por tener 28 años), y compruebo que la inmensa mayoría del merengue está al 100% con Mourinho. Aman, idolatran, creen a Mourinho. Para mí, la traición más clara a lo que siempre hemos sido. Comentando el partido de ayer contra el Barcelona con los amiguetes, escuchando ciertas tertulias radiofónicas y leyendo determinados periódicos “amigos”, veo que la paranoia nos lleva a ver fantasmas por todos los lados. Sí, es muy duro soportar el ciclo triunfal del mejor Barça de la historia, pero no cambiaremos nada matando nuestra esencia.


Ayer se celebró el 80º aniversario de la proclamación de la II República. Aunque pasó ciertamente desapercibido, el diario Público se volcó con un homenaje a través de un especial de 24 páginas, la entrega de un ejemplar de la Constitución republicana y el anuncio del reparto de una camiseta reivindicativa. Reinvindicativa de la III República, claro. Algo que no me llama la atención, puesto que en el 2011 haya monárquicos y republicanos es lo más normal del mundo. Lo que sí me “preocupa” es el fondo reivindicativo: no, no piden una República, sino la II República. Entendida por ellos como un paradigma de la izquierda pura e ideal. Para hoy.

14 de abril. En el día por antonomasia de los republicanos, me siento orgulloso de honrar al Rey Raúl. Soy muy feliz de verle feliz. Callando bocas, muchísimas bocas, ha demostrado que no estaba acabado. El día que se fue (por la puerta de atrás), escribí aquí que el Real Madrid había muerto. Lo repito: pase lo que pase al final de la temporada (¿una final de Copa de Europa Raúl-Real Madrid?), éste será para siempre el año en que el Madrid perdió su alma. Está en Alemania.

El nivel del debate político en nuestro país es, muchas veces, penoso. Leyendo el blog del senador del PP, Juan Van-Halen, lo he podido comprobar una vez más. En un artículo titulado ‘¿Y por qué no nos pregunta a los españoles?’, dedicado a repartirle estopa a Zapatero, aprovecha para sacudirle a Rosa Díez, que pasaba por ahí.

Ayer se cumplieron nueves meses del mítico 11 de julio en que España se convirtió, al fin, en campeona del mundo de fútbol. Millones de personas jamás podremos olvidar aquella maravillosa noche. Por muchos motivos. De hecho, esa madrugada se fraguó el crecimiento demográfico que, estoy seguro, se está sintiendo estos días en nuestro país.

Seguimos derribando traumas. Seguimos escapando de la decadencia. ¿Estamos ante un nuevo Real Madrid de baloncesto? Si llevábamos perdidos 10 de los últimos 11 partidos con el Barcelona (muchos de ellos en finales y en palizas antológicas), hoy, en la resaca más feliz, le hemos pintado la cara a los culés. Y sufriendo como perros (victoria en la prórroga), el único modo eficaz de huir de la angustia histórica. ¿No decían que a Drácula sólo se le podía matar clavándole una estaca en el corazón? Pues nuestra expiación también habrá de ser a base de sangre y fuego.

Ayer, cuando acabó el partido ante el Valencia en la Caja Mágica y era una realidad que el Real Madrid se había clasificado para la Final Four de Barcelona, sentí una felicidad que me recordó a los cercanos “orgasmos” por la Eurocopa y el Mundial de fútbol conquistados por España. Estos los viví como la culminación de mi “carrera deportiva”. La misma noche de la final del Mundial (ese inolvidable 11 de julio...) tuve la certeza de que jamás tendría unas sensaciones parecidas. Había tocado techo. Nunca nada sería igual. Puede parecer increíble, pero encontraba un cierto vacío, una especie de melancolía... Supongo que la que se tiene cuando ya no hay sueños imposibles, precisamente, porque estos se han alcanzado. Me equivocaba: lo de ayer fue parecido.

¿Escribir algo? Sólo se puede llorar. Final Four. Barcelona. 15 años después. Sólo se puede llorar.

A día de hoy, contamos con un presidente del Gobierno al que ya se empieza a ver como ex presidente; con dos hipotéticos sucesores en su mismo partido marcados por significar, el uno, la vuelta al prezapaterismo extinto, y, la otra, la esencia del postzapaterismo actualmente fracasado. En la otra línea de fuego, un candidato que lo es por ocho años, tras haber perdido dos elecciones consecutivas, y al que se le supone un ascenso al poder marcado principalmente por el fuerte escepticismo ante su oponente. En definitiva: el panorama político es, cuanto menos, desesperanzador. Por eso son de valorar las alternativas emergentes e ilusionantes, por nacer de principios novedosos y radicales en el sentido de proponer nuevos modos en que estructurar el sistema democrático.

Completo mi percepción de lo que, a mi juicio, ha sido el liderazgo de Zapatero en la última década en España con una conclusión muy clara: como presidente del Gobierno, ha sido el peor de la democracia. Una afirmación rotunda que, sin embargo, no me hace caer en el monocorde negro. Ha tenido muchos errores. Y también muchos aciertos.

Una vez que Zapatero anunciara ayer que no volverá a repetir como candidato a la presidencia del Gobierno, como es lógico, han surgido en los medios de comunicación centenares de valoraciones de sus hasta ahora siete años en la dirección de España. Como es de esperar, los hay muy negativos y muy positivos. Los que a mí me hacen gracia son los absolutos, los monolíticos, los que lo han visto todo negro o todo blanco. Lo cual es imposible, tratándose de la persona más importante en la última década en el país. No voy a hacer aquí un juicio detallado, pero sí quiero reflejar los matices que me sugieren su balance. De ahí que lo haga en dos partes: una, por su responsabilidad al frente del PSOE y, la otra, por lo que ha significado para el país. De primeras, aviso: para mí no ha sido ni blanco ni negro. Ha sido gris. Concreto: gris oscuro.

A tres semanas para el Madrid-Barça de la final de Copa, el presidente culé ya tiene su pronóstico: 5-0, “para no perder la costumbre”. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, mantiene el mismo optimismo y vaticina “una diferencia de cuatro goles, como cuatro son las barras” de la bandera catalana. Muy bien. Están en su derecho de ser forofos aun ocupando cargos institucionales de gran relevancia. Eso sí, me suena mucho a Boluda. El presidente del Real Madrid, que sólo lo fuera por unos meses tras la salida del ínclito Calderón, y al que únicamente se recuerda por decir que el Madrid le endosaría “un buen chorreo” al Liverpool. Nos cayeron cuatro. Y el “chorreo” se dio la vuelta, para regocijo de los antimadridistas, que han tenido guasa por años.

Se hace difícil establecer un juicio equilibrado para valorar el papel del Gobierno en un proceso que nos ha de llevar a la desaparición de la mayor lacra de la historia reciente de España, el terrorismo de ETA. Estamos ante una situación compleja. Utilicemos los claroscuros y el pincel fino. Pongámonos en el ayer (hace cinco años, ante la anterior tregua etarra) y en el hoy (ante una oportunidad histórica).

Hace una hora y media, al fin y tras seis años de fiascos, el Real Madrid se ha clasificado para unos Cuartos de Final de la Copa de Europa. Estoy muy feliz. Pero en un día como hoy, escribiendo de fútbol, sólo se me ocurre hacerlo de una cosa. Más bien, de una persona. ¡Fuerza, Abidal!
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El cuerpo de Don Pedro espera para ser amortajado. Ante la puerta de su habitación, en el pasillo, su único hijo, el señorito Miguel, fuma un fino habano de licor de melocotón. Nunca ha querido a su padre, pero sí, y mucho, respetado (o temido). De origen humilde, éste había aprovechado su oportunidad y acabó como el gran terrateniente de la comarca. Huraño y receloso, fue el férreo patriarca del caserón que, a modo de pequeña comunidad, englobaba a un regimiento de sirvientes, temerosos de Dios y del carácter del “amo”. Doña Ana, la señora, había muerto hacía muchos años.
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Es horrible. Todos los once de marzo son especiales. Desde hace siete años, millones de españoles recordamos la tristeza y el dolor que ese maldito día nos ocasionó la sinrazón fundamentalista. Pero hoy el recuerdo ha sido aún más duro.

Hago una excepción y desplazo hoy a San Unamuno de mi oración-reflexión. Ando leyendo estos días el ‘Tratado sobre la tolerancia’, que Voltaire escribió en 1767. Tomo algunas de sus letras, que me sirven para rezar a San Voltaire, cuya áspera y fresca voz surge en estos tiempos con una vigencia absoluta:

Hoy se han cumplido 80 años de existencia del Real Madrid de baloncesto. De nuestro Real Madrid, al que cada vez, por desgracia, veo más herido de muerte. Ettore Messina, en una entrevista para un diario italiano, ha desglosado con mayor profundidad las causas que hacen que el club haya perdido sus señas de identidad. Y, entre ellas, destaca: “El enemigo no son los periódicos de Barcelona, sino los falsos amigos periodistas de Madrid. El Real Madrid está rodeado de una prensa sin dignidad. Busca enturbiar”.

Antes de nada, puntualizo: soy un madridista enfermo y exaltado. Me gusta el carácter de los jugadores. Me gusta el espíritu del Madrid de Mourinho. A ratos, hasta me gusta cómo juegan. Creo que vamos a ganar algún título esta temporada. Lo cual tendría mucho mérito: porque estamos ante el mejor Barça de la historia. Dicho esto: creo que Mourinho avergüenza al madridismo. Traiciona nuestra historia, corrompe nuestros valores. El Real Madrid “caballero del honor” ha muerto. Y no tiene pinta de resucitar...

Ayer, con motivo de reivindicar la justa memoria histórica hacia Adolfo Suárez, escribía que España es muchas veces un país podrido, hipócrita y miserable. Hace un par de semanas escribí que Intereconomía vomitaba en las personas con síndrome de down y sida, criticando a Xavier Horcajo por su mofa de Carla Antonelli (incluida en las listas electorales del Partido Socialista en Madrid) por el simple hecho de ser transexual. Hoy, con gran tristeza, escribo que España es en muchísimas ocasiones una mierda de país. Y que ciertos periodistas y ciertos medios de comunicación son, sencillamente, un cáncer antisocial.

En este podrido, hipócrita y miserable país que tantas veces es España, lo habitual es que a las personas valiosas se las elogie mayoritariamente cuando mueren, habiendo recibido la crítica envidiosa mientras vivían y podían dar las gracias. En parte, es lo que ha pasado con Adolfo Suárez. No, no ha muerto. Pero su enfermedad, desde hace ya años, no le permite dar las gracias. Ni siquiera saber quién es.

Mi amigo Juanan, habitual lector de este blog, acaba de dedicarme en su bitácora personal un relato fantástico en el que un tal M. Á. Malavieta, cuarenta años después de los hechos, desde su retiro de Landete (Cuenca), narra a un periodista cómo fue secuestrado por el CNI para que derrocara el régimen dictatorial de Gadafi en Libia. En cuanto a lo que tiene de regalo, agradezco de corazón algo que me ha hecho reír. No todos los días se ve uno dibujado como un fumador de puros, bebedor empedernido, soñador de musas y levantador ocasional de puños en alto. Y, junto a las risas, un gracias de verdad. Sin más, invito a nuestros amigos comunes a leer las originales letras de un borrachuzo marxistoide:


Sentado en un taburete de plástico negro, Su Santidad León XIV espera a que se abra la ventana por la que, a través de la Plaza de San Pedro, dará su mensaje a la humanidad. Como cada día de Angelus. Auque esta vez con un mensaje nuevo. Y revolucionario. Sabe que sus palabras abrirán las portadas de todos los periódicos con una fuerza inusitada. Está nervioso. Le sudan las manos. Hasta que se abre la ventana. Respira hondo, avanza tres pasos y abre los ojos. Recoge el estruendo de la masa, congregada a sus pies, alzando sus largos brazos a modo de saludo. Treinta segundos después, con el silencio al fin reinante, se acerca al micrófono. Comprueba que el aparato está encendido. Aspira y recoge la primera sílaba, presta a salir disparada de sus labios.

Escribe esto quien en su día fuera un habitual seguidor de la Cope de Losantos y Vidal. En la época “dura”, entre el final del aznarato y el inicio del zapaterismo . Puesto que aún no soñaba con ser periodista, me permitía el “lujo” de, aun sabiendo que el tono no era el ideal, reír las “gracias”. Me daba cuenta de que no todo lo que decían era plenamente cierto. Pero no importaba: los “otros” aún “mentían más”. En 2007 cumplí un sueño: entré en la carrera de Periodismo. Desde ese momento supe que debía de imponerme con radicalidad el sentido crítico que siempre busqué en mis estudios de Historia. Por esa época inicié la carrera de este blog. Doy gracias, porque me ha obligado a esforzarme por saber qué pienso realmente, con todas sus variantes, ante cada cuestión de actualidad que me ha interesado.

No me sugiere nada que Carla Antonelli, quien ha sido designada por Tomás Gómez para formar parte en su candidatura para las elecciones a la Comunidad de Madrid, sea transexual. Me da igual si ha sido incluida por cuota, por populismo, por demagogia, por querer alcanzar un hito histórico o porque realmente está preparada para el puesto de diputada autonómica que podría alcanzar. De verdad, me es indiferente. No tengo una opinión definida de cada persona señalada para entrar en las listas electorales de un partido. El de Carla Antonelli es un caso más, normal.

No soy ningún entendido en política internacional. Sólo conozco cosas a un nivel parcial, con más o menos intensidad según el país, por mis lecturas en prensa y alguna de tipo histórico. Hoy mismo, se ha producido un hecho que será recordado en los manuales de Historia de los próximos años: después de 18 días de presión popular, Mubarak abandona el país y el poder en Egipto. Como ya ocurrió en Túnez. El Magreb se convulsiona.

Quiero conocer a Dios. No hablo de creer o sentir, por ahora no. Hablo de conocer, en el sentido de llegar a Él desde la ciencia; entendida ésta no desde una acepción técnica o mecánica, sino como un camino en movimiento, más propio del humanismo, y caracterizado por ser largo y difícil. Me explico: no busco construir aquí un discurso petulante; de verdad, busco desnudar mis ansias espirituales, últimamente encalladas en la angustia y el escepticismo. Por eso, aspirando a continuar una búsqueda trascendente que siempre he sabido que era para toda la vida, quiero dejar por escrito –más para mí que para nadie, pues escribiendo soy en verdad más yo– que ésta está dando el paso de saberse cada vez más libre y auténtica. Al menos lo es la búsqueda, más allá de las conclusiones (y consecuencias) que de ella se deriven.

Lo ha dicho muy claro esta mañana en un encuentro ante los medios: “Me han enseñado a convertir la tristeza en arte”. Habrá quien no lo entienda o vea en esto puro exhibicionismo, pero Estrella Morente, quiera o no, ya reflejó como nadie hasta qué punto el sufrimiento más desgarrador (el sentido ante la muerte del amado), en el corazón de los verdaderos artistas, no puede sino acabar derramándose en un homenaje puro hacia el ser querido y en un regalo para el conjunto de las personas que valoramos la belleza en sus más altas cotas. No hace ni un mes, ante el féretro de su padre, el genio Enrique Morente, la cantante granadina plasmó la gran obra de arte de su vida haciendo brotar de su garganta rota los versos hondos de Carlos Cano y Federico García Lorca. Nunca, jamás, podrá hacer algo igual.

Había bronca en el Madrid Arena. El inicio del concierto llevaba media hora de retraso a causa del mal control organizativo para que numerosos espectadores accedieran a sus localidades. De pronto, se apagaron las luces. Todo iba a comenzar. Los pitos y los “fuera, fuera” de los perjudicados contrastaban con quienes, a su vez, atacaban a éstos por estropear lo que no dejaba de ser una celebración por una buena causa: recaudar fondos para la lucha contra el cáncer. La tensión, que arreciaba por momentos, parecía un borrón insalvable. Hasta que ella apareció.
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Hacía tiempo que no sentía tanta desazón después de leer un artículo de opinión. De hecho, casi he tenido que releer lo que ha escrito hoy Salvador Sostres en El Mundo para comprobar que no iba en broma. No, su artículo ‘Las 10 auténticas medidas’, en el que ofrecía a Mariano Rajoy el decálogo que éste debería tomar para salir inmediatamente de la crisis, iba muy en serio.

Aunque parezca imposible, este blog ha sobrevivido hasta el punto de cumplir hoy cuatro años desde su nacimiento. Me siento un poco ridículo diciéndolo, pues es algo que sólo puede interesarme a mí. Pero lo hago. Así como también anuncio que llevo un tiempo trabajando internamente en este espacio digital de cara a crear nuevas secciones (como Escribas del arte, Historias con alma, Mi gente o Páginas de luto, entre otras). Esta tarea me ha permitido recuperar todos los textos de 2007, que en la práctica estaban perdidos (entonces no había creado secciones), etiquetándolos en un lugar concreto y acorde. Igualmente aclaro, para quienes me preguntan que dónde está ubicado, que el blog está alojado en la sección de Opinión de Periodista Digital.

Leyendo el artículo de Eleuterio Fernández Guzmán, hoy en Infocatólica, parece que la respuesta es sí. Su ¿crítica? del libro de Santiago Carrillo, La difícil reconciliación de los españoles, sólo le permite llegar a esta conclusión: “Resulta, claro, difícil reconciliarse con alguien que ha dedicado su vida a cumplir las órdenes de Satanás y, como fiel hijo, esquilmar las filas católicas. Pero sigue igual. El paracuellero sigue igual que siempre. Por él no pasan los años de maldad porque para nada le sirve estar con un pie más en el infierno que este mundo. Nada de arrepentimiento, nada de ‘lo siento’, nada de ‘pido perdón’. Es como es el hijo del Mal”.

Dicen que fue ópera. Que fue en el Real, en Madrid, y que la obra representada era Iphigénie en Tauride, de Gluck (1779), inspirada ésta en la tragedia de Eurípides fechada en el 414 a. C. También cuentan que fue en francés, y que la belleza de los versos era colmada por la desnuda escenografía y la pulsión romántica y angustiosa de los cantores. Quien presenció aquéllo, atontadas las sensaciones por ser desglosadas éstas a modo de bomba atómica, no sabe bien qué pensar. Por ello, para que sea el amigo lector el que enjuicie lo acaecido con corrección, se limita a transferir la historia allí contada. Puede ser que la forma sea adulterada, pero a la mente de este escriba, de natural trastornada, sólo le faltaba por descubrir una nueva sugestión... ¡Pobrecillo!

Yo soy uno de aquellos jóvenes que, orgulloso, presumía de formar parte de la juventud del Papa. Era uno más de la llamada ‘generación Juan Pablo II’. Aquella que, durante mucho tiempo, pudo decir que nunca había conocido otro Papa. Admiré al máximo al sucesor de Pedro que llegó del Este. Por todo: por la fuerza, coherencia y alegría que transmitía; por su denuncia sin colores de la injusticia (ya fuera remarcando los males del comunismo o las lacras del capitalismo); por su capacidad de perdón (con palabras y hechos, abrazando a quien intentó matarle); por cruzar miles y miles de kilómetros para ver a todos, sobre todo a los sufrientes e instalados en la minoría; por no bajarse de la Cruz hasta el final; por ser un joven octogenario y mostrarnos su amor infinito por Jesús de Nazaret. Aquí mismo escribí varias veces sobre lo que sentía ante su simple imagen. Aquí conté mi aventura romana en aquellos días de abril de 2005, cuando fui feliz por el simple hecho de poder postrarme ante su cuerpo muerto y su alma viva. Yo fui uno más de aquella marea espiritual que hizo tambalearse la Plaza de San Pedro con el grito de “Santo Subito”.

Pese a que me gustaría pensar lo contrario, creo que no. Es cierto que el comunicado que hoy ha hecho público ETA, declarando una tregua “permanente y verificable”, es el mayor paso hacia su fin dado en sus más de cincuenta años de terrorífica existencia. Pero no hay más que tomar algunas frases del texto para pensar que nada sustancial ha cambiado:

Sigo con mis comentarios sobre San Unamuno. En este caso con una selección de textos de 1894, cuando el pensador bilbaíno dio el paso de afiliarse al entonces naciente Partido Socialista Obrero Español. Es increíble comprobar cómo, hace más de un siglo, ya abordó cuestiones que hoy en día están de plena actualidad. Con la diferencia de que entonces, lógicamente, se desconocía en qué modo evolucionarían las ideologías que en aquellos años de crisis del modelo liberal burgués acabarían oponiéndose a éste desde la ruptura con el sistema; a través de dos fórmulas: haciendo hincapié en el fortalecimiento de la colectividad (socialismo, comunismo, fascismo) o en el del individuo (anarquismo). Dejo hablar ya a San Unamuno:

No exagero si digo que una de las figuras históricas que más impacto han causado en mi vida ha sido y es Miguel de Unamuno. Pocos como él han representado la cuestión que más congoja y admiración me causa, y que no es otra que la idea del combate interior. Para él, ésta fue lucha sin cuartel y que marcó su existencia entera, rompiendo cualquier frontera con sus propias contradicciones a la hora de cuestionarse las almas. ¿Las almas? Dos: la del pueblo, ya fuera el español, el europeo o, siempre, el esencialmente humano. Y la suya propia, en diálogo sincero, brutal y despiadado en torno a la existencia de Dios y la inmortalidad del yo tras la muerte corporal.

En un tiempo en el que decir ciertas cosas, desde la pertenencia a la fe católica, te hace pasar por “relativista” a la vista de otros “compañeros de viaje”, quiero exponer mi propuesta de lo que sería, hoy en día, un católico revolucionario:

Un deseo para 2011: que sea un año libertario en su pleno sentido de la palabra. ¡Que cada uno se atreva a ser como realmente es! Que se pudran los convencionalismos, disimulos, disfraces o máscaras. Que nadie tenga las santas narices para juzgar a personas, ideas o comportamientos. ¡¡Que se callen los hipócritas!! Que los notarios de las buenas costumbres y el recto camino no tengan la cara dura de “explicar” a los demás cómo han de ser. ¡¡Que vivan los valientes!! ¡¡Que vivan los que son tachados de transgresores, provocadores o crápulas porque sólo quieren vivir su propia vida!! Ojalá que, de una vez por todas, este año cada cuál reúna las fuerzas de amar como quiera amar y a quien quiera amar. Y que sea apoyado o, al menos, respetado por todos. En definitiva, que triunfen la autenticidad, la originalidad y la íntima verdad de cada uno de nosotros.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez