
Creo que me engañaba cuando me decía a mí mismo que si hace dos semanas que no escribía aquí (y sólo he hecho tres artículos en todo noviembre) es porque no tengo tiempo. Es verdad, pero no toda la verdad. Lo único cierto es que si he pensado en escribir sobre las filtraciones de Wikileaks, las elecciones catalanas, las contradicciones de algunos carcacatólicos que atacan a la figura del Papa con la intención de defenderle o la terrible humillación que anoche infringió el Barça a mi Madrid..., y no lo he hecho, ahora me doy cuenta, es porque no tengo nada que decir. Sí, puedo decir muchas cosas (hasta ahora las he dicho, y tal vez, mañana o dentro de un mes, las seguiré diciendo), pero nada realmente novedoso, con un mínimo de ingenio. Y para escribir sin crear, mejor no escribir.

Siempre me ha fascinado la figura de Oscar Wilde, no habiéndome sucedido nunca el haber leído alguna de sus obras y quedar indiferente. Pero ahora, que ando enfrascado en De Profundis, es cuando, directamente, me veo invadido por un aluvión de sentimientos.

Para la historia quedará el 7 de noviembre en que Barcelona, derrochando lo mejor de sí misma en una ofrenda a Dios que abarca ya un camino de tres siglos, vio consagrada como casa de Dios su expiatorio templo de la Sagrada Familia. Un hombre vestido de blanco, caracterizado por la timidez de su sonrisa, habló de belleza con mayúsculas. Aunque aún más elocuentes que sus palabras, fueron las propias imágenes, repletas de vida: todo en la ceremonia fue belleza. Sin embargo, llegada por su propia invitación, hubo otra belleza añadida e invisible. Y presente. La de un mundo paralelo, sensible hasta desgastarse por sentir.

Me he estremecido cuando me he enterado. Ayer murió Adrián Gómez, quien fuera banderillero y que hace dos años, al ser cogido por un novillo, quedara postrado en una silla de ruedas, como el gran Julio Robles. Se ha ido muy joven, dejando mujer y un hijo de cuatro años. Jamás olvidaré el sentido homenaje que se le dio en Vistalegre hace casi dos años, con un festival benéfico en el que toreros y rejoneadores dieron los mejor de sí mismos (ese día las musas inspiraron de verdad a Morante) para hacer sonreír al bueno de Adrián, quien recibió el cariñosísimo aplauso de toda la afición en medio del albero. Ese día me emocioné por televisión.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez