
En medianoches pasadas, aquí, en mi retiro costero, he presenciado alucinantes apariciones: desde una procesión de cientos, miles y millones de presos políticos de todos los tiempos y lugares, hasta el saludo de un Mario Benedetti que, vivo y feliz, sonreía tal y como aparece en las contraportadas de sus libros: entrañablemente. Todo eso ocurrió en noches de mar, mientras yo permanecía anclado en la arena de la playa.
Lo de hoy ha sido diferente. Acaba de ser, en una tarde de chiringuito. Iba dispuesto a cascarme mi carajillo presiesta cuando, de pronto, observé que dos mesas vecinas estaban ocupadas por excéntricos personajes y personas no vivientes. Sin dudarlo, me senté en la mesa intermedia y, simulando leer ‘Aventuras y desventuras del Príncipe Otto’, de Robert Louis Stevenson, plegué la oreja derecha.

Para mi sorpresa, en la de los personajes, dos imágenes animadas charlaban de braguitas. Sí, de braguitas. Chicho Terremoto y Shin Chan, los muy golfos, pese a su tierna edad, disertaban sobre la mejor estrategia para, en una noche loca, de discoteque y cogorza, aprovechar los recovecos y los escorzos y, así, divisar el mayor número posible de braguitas. Dejé de escuchar su chanza cuando planeaban ir a la playa para otear el horizonte de bikinis. Y es que fueron los susurros de la mesa de las personas no vivientes los que me atrajeron hacia su conversación.
A dos metros de mí, Rasputín y Antonio Pérez conspiraban con una profundidad que iba más allá de la ropa interior de las musas: planeaban fundar, nada más y nada menos, que un Partido Taurino. Alucinado, a la par que interesado, escuché el argumento del antiguo secretario de Felipe II, luego traidor y difusor de la Leyenda Negra: “Tras lo de Cataluña, debemos aprovechar la convulsión política en el debate sobre la esencia taurina. A ti y a mí nada nos importa el arte de Cúchares, pero es el mejor modo de hacernos un nombre. Decenas de miles, ingenuos, nos votarán. Y luego, chantajeando al partido de turno, conseguiremos hacernos con el Ministerio de Defensa. Con los tanques en la mano, querido camarada, será cuando podremos reconquistar Gibraltar. Sólo así será como podré obtener el perdón del Demonio del Mediodía y, al fin, ascender a los cielos”. Rasputín asintió con una mueca que intentaba ser sonriente. Con el fin de obtener la gracia eterna de los Romanov, eliminando las sempiternas dudas sobre su figura, aceptaba el trato con un franco apretón de manos… Cuando una voz extraña, algo turbia por el carajillo, les interrumpió.

El intruso, de pie y dejando a un lado su libro sobre el Príncipe Otto, dijo así: “Señores, comparto su idea de tomar Gibraltar para la Corona española. Pero no puedo menos que oponerme a las formas. La tauromaquia es algo demasiado serio como para usarla a modo de mero pretexto. Si me aceptan en su tabernáculo conspiranoide, les explicaré mi plan anexionista de la tierra de los llanitos y los monos. Empezando por el ideal ghandiano de la no violencia, no hará falta llegar al Ministerio de Defensa. Bastará con el de Igualdad. A mi lado, los señores Chicho Terremoto y Shin Chan, buenos conocedores del complejo espíritu femenino, nos ayudarán a enamorar a la Reina de Inglaterra”.

Acaba de ser así. Lo prometo. En los próximos días, presten atención a los telediarios… ¡Gibraltar español!
Escrito en la atardecida de Tavernes de la Valldigna (Valencia).
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Rojazo, aún sigo impactado tras ver tu enlace sobre las dotes peniles del amigo Rasputín...
Tremenda foto de Rasputín,aunque según dicen las malas lenguas su mayor atributo era su enorme falo.No sé si el que tiene en un museo del erotismo de San Petersburgo es suyo o no,pero impresiona.xD
http://wappy.ws/pene-rasputin-20060103.html
Jueves, 31 de mayo
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