
Que lo digan muy alto, a todo el mundo, los numerosos periodistas extranjeros acreditados esta mañana en el Parlamento de Cataluña. Que expliquen allende nuestras fronteras que aquí, en España, los representantes políticos de una autonomía han prohibido (sí, prohibido) una expresión cultural seguida, o al menos respetada, por un sector muy importante de la población, en Cataluña y en el resto de España. Obvia decir que no ha habido nada ilegal en el proceso. Fueron 180.000 firmas ciudadanas las que elevaron una propuesta que ha sido aprobada mayoritariamente por unas cortes. Legal, sí... pero cercenador de las libertades, indudablemente.

Lo vendan como lo vendan, la mayoría de los parlamentarios catalanes han propiciado un liberticidio cultural y artístico. Quienes en su día presumían de pedir libertad y derechos desde el respeto, han caído en la imposición. Quienes sufrieron el peso de una dictadura que les coartaba en su forma de expresarse, han incurrido en la censura. Quienes se vanagloriaban de ser un crisol de culturas, mestizaje y apertura de miras, han avasallado con la mordaza de un viejo aldeano paleto y cerrado sobre sí mismo, temeroso de que otros sientan diferente a lo que esconde su ceño fruncido de odio y complejos. ¿Dónde queda la Cataluña moderna, avanzada y vanguardista? ¿Esto es progresismo? ¿Dónde queda el ‘prohibido prohibir’? ¿Esto es tolerancia?

¡Esto es una dictadura! Y que no nos mientan, o que al menos no nos tomen por imbéciles. Los animales les importan lo que una piedra a una ballena... ¿Qué pasa con los ‘correbous’? ¿O es que un toro con los pitones incendiados, huyendo asustado de un lado a otro en la noche de un suelo urbano, atosigado por decenas de personas a su alrededor... no sufre? ¿Se ataca su dignidad o no? ¿O es que los ‘correbous’ sí que son muy catalanes... y entonces sí conviene respetar la tradición cultural y popular? Que lo reconozcan, que salgan los de ERC, ICV y CiU y expliquen por qué sí está justificado prohibir la tauromaquia y, a la vez, se mantengan intactos los ‘correbous’. Que salga el PSC del Pilato Montilla y explique por qué ha nadado entre las dos aguas que han llevado al asesinato de un modo de ser arte. Que salga el PSOE del presidente Zapatero y, aunque sea al menos por una vez en la vida, deje de hacer de mero contertulio comentador de noticias y aclare por qué en algunos temas el partido impone la disciplina interna a sus representantes autonómicos y en otras ni está ni se le espera.

Esta cuchillada histórica tiene muchos padres. Unos son padres carnales y los otros son cómplices necesarios. Pero, siempre, siempre, siempre, recordaremos a los culpables. En primer lugar, jamás olvidaremos que la abolición de la tauromaquia en Cataluña ha sido una macabra victoria al servicio del nacionalismo más rancio, intolerante, inquisitorial, sectario, demagógico, radical e hipócrita que existe. Son los mismos falsos que, en pos de un pretendido progresismo, promovieron en su día el cierre de la cadena Cope o han sancionado a taxistas catalanes por llevar la bandera de España en su coche como modo de celebrar el Mundial. Son los mismos que multan a comerciantes por no rotular los letreros de sus locales en catalán o que desarrollan leyes que el Tribunal Constitucional acaba de dictaminar como contrarias a la Carta Magna vigente para todos los ciudadanos españoles. Son los que sólo entienden un modo de democracia y se pasan por el forro las leyes que no les convienen.

Son el cáncer de una clase política podrida y que se cree con plenos poderes. La Inquisición quemaba la cultura que no le gustaba. Los libros ardían y, si se descuidaban, también lo hacían junto a ellos sus autores. Ahora, los nuevos paladines de este clero laico se conforman con prohibir la cultura que no les gusta. Que no se quejen los toreros “asesinos”, que tampoco les han metido en la cárcel... Por ahora.
¡Siento asco, repugnancia y vergüenza! Vivo en un país en el que se prohíben un arte y una cultura que son bandera internacional de nuestras entrañas históricas.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Por cierto, quiero hacer un comentario más para ilustrar a ciertas persona. LA TAUROMAQUIA NO ES ESPAÑOLA. Su origen reside en otro país europeo, hace siglos atrás. Se extendió a toda Europa, y se practicaba en practicamente todos los paises. Con el tiempo sufrió cambios, a cada país se le antojó modificar el tema a su gusto, y después, con la Ilustración y algunos factores más, acabó eliminandose de muchos paises por su caracter cruel, bárbaro y sangriento. En nuestro país, así como algunas zonas de Francia no se prohibió porque la Ilustración la vimos nada más pasar, y desgraciadamente, no aprendimos nada de ella. Esa es nuestra pena, y nuestra condena. Ahora, seguid diciendo que el toreo es español, que somos los creadores de ello, que estamos orgullosos de tenerlo, etc etc... pero pensad que ni siquiera es español. ¿Donde queda ahora esa "tradición y cultura"? Tirada por los suelos, basicamente, ¿verdad?
Para empezar diré que soy catalana y española al mismo tiempo y al mismo nivel. No estoy de acuerdo con que se diga que hemos pedido la prohibición por ser algo español, no se ha pedido porque se practique en españa y se crea que es cultura española, sinó por el maltrato y la tortura que el toro sufre en todo momento, y no se ha pedido solamente la prohibición de las corridas de toros, sinó de toda la tauromaquia, es decir: correbous, ruedos, bous al mar, etc. Se defiende al animal en si, no se ataca simplemente a las falsamente conocidas como tradiciones españolas o catalanas. Es mucho más que eso. Se pide respeto por la vida de un animal, que no ha hecho nada para merecer semejante daño. El tema de los correbous sigue pendiente, no crean los que no se informan bien que solo pedimos los ruedos por ser de donde se dicen que son, sinó todo. y esperamos que se arreglen pronto las cosas y se zanje el tema finalmente. creo que debemos empezar a poner el freno a las torturas de una vez.
Siempre, con orgullo, nuestra Península Ibérica ha ratificado muchas de sus características "fiesteras" cómo únicas en el mundo. Sólo nos bastó, además, la Dictadura Franquista para que el mundo quedase bien informado de que nuestra bandera estaba formada por charanga, pandereta, religiosidad medieval y oscurantista, y "toro que te crió" A grandes depredadores humanos, estilo Hemingway, las plazas de toros y las salvajadas de San Fermín le inspiraron muchas de sus más "insoportables" novelas. Ahí quedaron, para todo aquél que quiera regodearse en ese tercermundismo pachanguero que hoy vuelve a resurgir en la banderita con el torito como enseña nacional. Lo siento, amigo Miguel Ángel, pero me uno a Letibleed. ¡Chapeau a Cataluña por el gran paso dado! El arte de la tauromaquia ya lo practiracon los Cretenses. Que los turistas nos vean como toreros, me parece otra aberración más. Las plazas de toros= Roma de Nerón. ¿Cultura toreril? ¿Dónde? No hay torero que no parezca retrasado mental.
A mí lo que me da asco, repugnancia y verguenza es esto:
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Llamar arte a torturar un animal hasta la muerte es una aberración tal como la de aquel músico alemán que dijo que el atentado de las Torres Gemelas le pareció una obra de arte. La tradición cultural que lleven a sus espaldas las corridas de toros ni las justifica ni implica que se les deba otorgar una patente de corso para perpetrar tamaño salvajismo. Ningún animal tortura por placer a otro salvo el hombre y llamar Arte a esa tortura seguro que está tipificado en los manuales de psiquiatría como desviación extrema del comportamiento, por lo que debería hacérselo mirar.
Yo, y muchos otros, no queremos que se nos identifique con esta salvajada, por lo que me congratulo del paso dado en Cataluña.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez