La hora de la verdad

¡Gracias, Guti! ¡Eternas gracias, Don Raúl!

27.07.10 | 20:33. Archivado en Sobre el autor, Madridismo en estado puro, Deporte
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Quede por delante que yo siempre me he declarado gutista. Entre lo bueno y lo malo que tenía, siempre aposté por rescatar lo que en él era único: su capacidad de hacer magia con un balón de fútbol. Sin embargo, una vez que ha coincidido en el tiempo su marcha del Real Madrid con la de Raúl, tras toda una vida de ambos en el club, y ya que ayer me declaré abatido por la salida del Gran Capitán y no dije una sola palabra del de Torrejón, quisiera explicar por qué sólo considero que el fin del ciclo de Raúl es el que veo como único que atañe a la esencia y los valores del madridismo.

Para mí, Guti siempre tuvo las entrañas de crack, pero jamás quiso serlo de verdad. Le faltaron ganas, ambición y deseos de pasar a la historia futbolística. Y duele mucho ver un bote de pura esencia aromática que se cierra para siempre sin apenas abrirse y compartirse con los demás. Muchos lo achacaban a la genialidad de un artista que no puede encorsetarse en la rutina del oficio. Puedo estar de acuerdo. Pero, en ese caso, no es ejemplo de nada. Yo me puedo emocionar con un poeta crápula que compone sólo cuando la vena artística necesita latir. Puedo caer rendido ante toreros como Curro o Morante, dependientes en exclusiva de un relámpago de inspiración que llega (o no) sin avisar. Me vale la “excusa” para cantantes, escritores o actores. Pero no en el caso de un futbolista.

Que un profesional, que se debe a un equipo, con unos compañeros y una afición detrás, lo achaque todo a la inspiración... sólo puede entenderse cuando, al menos, hay un trabajo, un esfuerzo y un ansia de superación constante. En cambio, Guti, desde su indolencia, siempre me dio la sensación de que no era un verdadero apasionado del fútbol. Yo sólo he visto en el Madrid otros dos jugadores con sus dotes de elegancia y exquisitez: Michael Laudrup y Zinedine Zidane. Ambos podían haber “vivido del cuento” de su calidad suprema, achacando todos los “males” (que de vez en cuando venían) a su ser diferencial. Pero no, los dos fueron ejemplos de cordura, dedicación, profesionalidad, humildad, sencillez, capacidad de sacrificio, exigencia absoluta y compañerismo. Guti, carente de muchos de esos atributos, tiró por el camino fácil y se contentó con crearse el personaje del maldito, del rebelde sin causa. No cuela. Para mí no es ejemplo de ninguno de los valores del madridismo de verdad. El de Don Santiago, el de Don Alfredo... el de Raúl.

Y, lo siento por Guti, pero al coincidir la salida de ambos, la comparación es odiosa por desequilibrada. Raúl sí ha sido el escudo, la leyenda, el orgullo, la vergüenza y el amor madridista. Por eso ahora, que aún trato de asimilar su pérdida, lamento con más fuerza el escaso cariño con que el Real Madrid ha tributado su marcha. Los dirigentes no han estado a la altura de las circunstancias. Fue muy bonito el discurso de Florentino Pérez, pero se me queda en nada cuando se desconoce la fecha exacta en que se celebrará un partido homenaje, con sus antiguos compañeros y principales rivales, en lo que debería ser una fecha mágica, a escala mundial. Hemos tenido que tragar con que los últimos homenajes fueran hace ya década y media, con los adioses a Butragueño, Hugo y Juanito (con éste mirando desde el cielo). Hemos aguantado que se haya despedido inmerecidamente a mitos como Roberto Carlos, Redondo, Hierro o Sanchís. Pero ya, si no le hacemos un partido homenaje a Raúl..., ¿¡a quién se lo vamos a hacer?!

Detesto estos nuevos tiempos en que vive el club. Mucho hablar de universalidad y madridismo sin fronteras, ¡pero no respetamos nuestra historia! Lo de ayer fue frío y artificial. Dio pena ver al Gran Capitán, vestido de traje, saludando en el césped a apenas unos centenares de aficionados. Si esto se sabía con antelación, ¡¿por qué no se preparó algo parecido a las presentaciones “galácticas” del año pasado con Cristiano, Kaká y Benzema?! Que se entere Florentino: si se avisa al aficionado y se hace por la tarde, ¡el Bernabéu se queda pequeño! Que se entere de una vez: ¡Raúl es el Real Madrid!

Anoche escribí aquí, desde la tristeza, que el Real Madrid moría... pero mañana resucitaría. Pues hoy es ese mañana... y sigo viendo al Real Madrid muerto. Me emociona que Iker sea el nuevo capitán, pues sólo él encarna hoy los valores del madridismo. Me gusta también que Sergio Ramos sea el segundo en la jerarquía del brazalete: es un titán, aunque carece de la caballerosidad y la sencillez de un Raúl que jamás cumplió sanción por tarjetas. En 16 años de carrera, ni una sola vez fue expulsado de un terreno de juego; como el Buitre, nunca dio una mala patada, nunca protestaba de mala manera a los árbitros. Pero ya, pensar que Diarrá y Marcelo son el tercer y el cuarto capitán... me hace constatar que no me siento representado por el Real Madrid del siglo XXI que nos quieren vender. Tan moderno, tan desleal a su esencia.

¡Gracias, Guti! ¡Eternas gracias, Don Raúl!

¡Hala Madrid!

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA


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