
En días como hoy resulta muy triste entrar en algunos portales informativos y comprobar ciertas miserias, individuales y colectivas, que atañen a nuestra Iglesia. Una de ellas ha sido la salida a la luz pública de las entrañas del espacio digital ‘Germinans Germinabit’, que ofrece su particular perspectiva del catolicismo en Cataluña. Sin entrar a valorar su posicionamiento, situado en el tradicionalismo, lo peor ya no es que esté formado en gran parte por sacerdotes diocesanos cuya principal acción no es otra que criticar al cardenal Sistach, arzobispo de Barcelona. No, lo verdaderamente nocivo es que lo han estado haciendo, en todo este tiempo, desde el anonimato.
Se esté de acuerdo o no con sus informaciones y opiniones, ¿qué imagen ofrece una página web en la que unos curas ocultos bajo un seudónimo ponen a caer de un burro a su obispo? Insisto, sin enjuiciar su contenido, sólo me vienen dos palabras a la cabeza: cobardía y traición. Del mismo modo, ¿qué decir de la página web llamada ‘El integrismo es pecado’? Por lo que se dice, formada también por sacerdotes de diócesis catalanas... y, del mismo modo, actuando desde el anonimato; desde la careta, desde el tirar la piedra y esconder la mano. Desde esa misma cobardía y traición a su esencial función, que es la sacerdotal, su única misión era poner a caer de un burro a los de ‘Germinans Germinabit’. Y descubrir a los autores de esa página. Cumplido el objetivo, está página ha dejado de existir. Hoy.
Y es que en las últimas horas, a través de otra página web, ‘Qui és Germinans’ (¿constituida también por sacerdotes anónimos?), se han empezado a publicar todos los datos de los autores de dicha página: nombres, parroquias y centros a los que pertenecen, teléfonos, una pequeña biografía de cada uno... Habrá quien celebre esto como un éxito. Habrá a quien le haga gracia. A mí sólo me produce asco, repugnancia y vergüenza.
Sacerdotes (y laicos comprometidos) de Jesús de Nazaret, a uno y otro lado de fronteras erigidas por ellos mismos, desde la cobardía y la traición del anonimato, no han tenido otro entretenimiento en demasiado tiempo que hacer palpable, a través del ágora más globalizada que supone la Red, un enfrentamiento enfermizo y más cismático que cualquier herejía o separación eclesial.
Contemplando batallitas como ésta, a cargo de ejércitos dañinos por invisibles, cobardes y traidores, se pregunta uno con qué cura puede dar según en qué iglesias o confesionarios tenga la desgracia de dar. Unos y otros. Me da igual. Las fronteras las ponen ellos. Ambos: el antitestimonio.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez