
Fue el sábado 29 de mayo. Última de San Isidro, antes del colofón de los rejones. Pero de muletas y naturales, última. ¡Y cómo no! En la peor Feria de los últimos años, fiasco absoluto para la conclusión: rajada de Adolfo, mansada de Domecq. Fundi, Rafaelillo y Valverde no tuvieron la opción ni de un destello fugaz, con la salvedad de los postreros muletazos del tercer trencilla.
¿Qué hacer ante una tarde mala de solemnidad? Disfrutar del ambiente. Una hora antes, un vinillo en el Bar José Tomás. Conversaciones cañís, capitaneadas por gordos cuyas canas desprenden sabiduría y mala leche. Voz ronca, por supuesto. Platanito pasa vendiendo su lotería. Un rostro rajado recuerda las gloriosas tardes en que fue un suicida del coso. Y ya cruzada la Puerta Grande, marcada por la bandera republicana de la fundación, toca cultureta: exposiciones, respectivas, de Pablo Picasso y José María Cano, el compositor que graba en tinta rescoldos de tauromaquia.
¿Y la plaza a las siete de la tarde? Instalado uno en su Grada del 3, soñando con el programa de una tarde nunca vista, castañazo de purito. Nada más comenzar, los pitos ya anuncian caos y debacle. No hay mucho que rascar. Toca gastronomía, surtida de la bonhomía del respetable. Ruedan las rosquillas, el queso, el chorizo, la bota de vino. Vinillo fresco y adormecedor. Caigo en la postración. Se ha acabado mi participación isidril por el presente año, cerrada con fiasco.
Al día siguiente los periódicos titularán por la debacle. Pero nadie sabe lo que pasó en realidad. Cuando la masa se iba taciturna, una peña inició el estruendo de la charanga. El personal se animó, vaya si se animó. Paquito chocolatero, y al instante chavalitas elevadas por los aires, tinto y caña a raudales, alegría desbordante. El eco del pasillo venteño, tan acostumbrado a la etiqueta –el icono del perfecto aficionado es con traje, corbata y flor en el ojal–, se vio conquistado por la felicidad ingenua del pueblo borracho.
Entonces me lo dije: ¡Viva la España que nunca muere!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Platanito no es -o al menos no lo parece en absoluto- ningún desgraciado. Simplemente se trata de un pintoresco. Un personaje de Valle-Inclán, un bohemio.
La primera vez que vi a Platanito, siendo un chaval, fue vendiendo cupones en el Parque Corredor de Torrejón. Me impresionó contemplar el destino de un torero que mi padre definió como de los buenos: "un temerario". Ahí está, de los que toreaban con el alma, olvidando el cuerpo. Ojalá la vida le acabe sonriendo.
¿hay alguna "corrida" mala?.
Platanito pasa todas las semanas por la COPE. Cuando estaba trabajando con Ángel del Río era habitual verle por allí.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez