
Han sido muchos meses de sufrir la chulería culé: que si iban a quemar Madrid, que si el Bernabéu iba a catar el ‘Tot el camp’, que si se iban a bañar en masa en la Cibeles, que si... que si... ¡Que si nada! El 22 de mayo es la final de la Copa de Europa. Es en Madrid. Es en el Bernabéu. Sí, pero a esa fiesta no estáis invitados. Pueden venir ese día miles de barcelonistas a la capital... ¡pero al Prado, que es muy bonito! Era vuestro gran orgasmo, la culminación de un grandísimo ciclo. Pero ya nunca se dará. Podréis ganar más Copas de Europa. ¡Pero no en nuestra casa! ¡No si lo impedimos! ¡Porque volveremos! ¡Porque vamos a ganar esta Liga y os vamos a dejar limpios!

Los rayos del sol, paulatinamente, empiezan a caer de lo alto, rompiendo el luto del inmenso mar de estrellas que es el ocaso. El silencio, sepulcral, se mantiene cual omnipotente monarca del sonido. La Humanidad, sumida en el sueño glorificado y sacramental, no se percibe de su incipiente presencia. Tú, desde la ventana, eres el único ser que estás llamado a presenciar este magno espectáculo. La luz, poco a poco, va cubriendo las tinieblas de la oscuridad. Dulcemente, casi sin avisar, está llegando. Amanece.
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez