La hora de la verdad

Vivir para torear: el sentimiento de un arte

09.04.10 | 21:35. Archivado en Sobre el autor, Tauromaquia
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En un tiempo personal marcado por los quebrantamientos, los sinsabores y los torbellinos en pilares de mi vida como el camino de fe, las ideas políticas o el madridismo (valga la aparente, sin serlo, frivolité), es muy reconfortante recibir un soplo de aire fresco en la fuente de una pasión: la Tauromaquia. Cuando a uno le cuesta encontrar argumentos frente al hecho incuestionable de que es un arte bárbaro constituido, en parte, por el sufrimiento y muerte de un animal que desconoce frente a qué lucha, es gozoso escuchar el fluir de sentimientos que atañen a la parte racional del combate a modo de danza: el torero.

El pasado miércoles 7 de abril, en Arganda del Rey, donde resido, tuvo lugar el inicio del II Ciclo de Conferencias Taurinas. Organizadas por la Fundación ‘El Juli’ y el Ayuntamiento local, las jornadas fueron inauguradas por un primer coloquio protagonizado por cinco maestros: José Ignacio Uceda Leal, José Pedro Prados ‘El Fundi’, Javier Vázquez, Ángel Gómez Escorial y Julián López ‘El Juli’. Gran cartel, moderado con temple por el periodista y escritor José Luis Ramón. Pese al tema inicial, ‘Estilos y técnicas del toreo’, se habló de lo divino y de lo humano. A modo de revolución y caos, dejo sueltas aquí pinceladas de sentencias que reflejan una pasión.

¿Qué te hace sentir el torear? “El toreo es mi vida” (‘El Fundi’); “Torear es un ejercicio espiritual” (‘El Juli’); “Los toreros necesitamos torear para seguir viviendo. Lo necesitamos para ser felices” (Uceda Leal); “Abandonarse delante de un toro es lo mejor que me ha pasado en la vida” (Escorial). ¿Abandonarse? ¿Olvidar el cuerpo y ser sólo alma ante el toro? ¿Cómo es ese baile sublime? “Todos buscamos la comunión perfecta con el toro. Cuando consigues compenetrarte con él y sientes que sucede lo que piensas con la cabeza... entonces todo fluye, olvidas la técnica. Y al revés, cuando estás ante un toro que te quita el sitio, al que no entiendes... te quedas tan tocado que no te recuperas hasta que llegas ante otro buen toro” (Uceda Leal).

¿El torero tiene un estilo propio, nacido de su sentimiento, o puede modificarlo con la técnica? “Somos lo que hemos sido siempre. Esa esencia inicial marca toda nuestra trayectoria” (‘El Fundi’). “Hay dos cosas diferentes: la personalidad, que es la forma de expresar lo que sientes, y la técnica, que es muy compleja. Cada torero tiene su sello, y hay que ser siempre fiel a ese sentimiento. (...) Al final, el recuerdo que queda de ti es tu toreo, no los números ni las orejas cortadas” (‘El Juli’). “El estilo es muy personal. Y la técnica se va aprendiendo poco a poco, delante del toro. A torear se aprende por oficio. Según vivas y experimentes, dentro y fuera de la plaza, ya que también te influye, y mucho, tu estado de ánimo, lo que te pasa en la vida” (Uceda Leal). “Al dar clases en la escuela, veo cómo cada chaval va marcando su toreo, cómo aflora su esencia. Los profesores debemos potenciar su toque personal, para que toreen como quieren. Como torero, te das cuenta de que nunca terminas de aprender” (Escorial).

¿Hay una técnica o son muchas? “Hay una, pero tiene muchos ramajes, para cada ganadería y para cada toro. Sale innata en ti, gracias al rodaje ante los toros. Según con cual, sabes que debes mantener una altura, una distancia y unos toques distintos” (‘El Fundi’). “Cuando a uno se le dice muy técnico es porque no transmite pasión. También hay etapas en la vida. Depende del día, del toro, del momento. Según salgan las cosas, con el toro puedes sentir que tocas el cielo... o verte como la persona más baja de la tierra” (Vázquez)

Aparte del entrenamiento físico y mental, ¿cómo puede prepararse un toreo técnicamente? “El toreo de salón es la base fundamental. Te preparas físicamente, te pules y perfeccionas la técnica. Los buenos toreros han toreado mucho de salón. Hay que hacerlo con pasión, no como algo rutinario. Hay que imaginarse que es verdad... Y cuando luego eres capaz de hacer eso mismo ante un toro, es maravilloso” (Escorial).

Y ya, cirugía precisa: la definición del temple. “A veces una gran faena puede tener sólo dos o tres grandes pases. Cuando suavizas la violencia del toro y consigues darle un muletazo despacio... ahí se da el triunfo del temple. La suavidad es la clave, reduciendo poco a poco la velocidad del toro” (Vázquez). “El toro marca la velocidad, muchas veces no puedes cambiarla y has de adaptarte a ella. Aunque está claro que cuando disfrutas es al torear despacio” (Escorial). “El temple sí se puede y se debe reducir. Hay que medir la velocidad del toro e ir más despacio y con la muleta baja” (‘El Juli’). “El temple se lleva en gran parte dentro, de modo innato, aunque se puede ir perfeccionando. Otras veces es el toro el que te imprime el temple. (...) Para lograrlo, hasta la forma de andar y de moverte ante él importa” (Uceda Leal). “Hay toros que te enseñan cosas nuevas. Ante el toro mexicano, por sus características, puedes sacar un punto más al toreo, teniendo más matices, ya que cuando rompe, todo va más despacio y con mucho ritmo. Cuando eso se da, fluye el toreo, no piensas en la técnica y te sumerges en el sentimiento, en la profundidad” (‘El Juli’).

Volvemos a la faena perfecta, a la mística y la comunión entre toro y torero: “Cuando se da, olvidas tu cuerpo y toreas con el alma. Es muy difícil ese olvido total, claro. Yo antes lo veía imposible, pero ahora a veces lo consigo. Ahora soy más maduro como torero, me expreso de otra forma, menos violenta y con menos toques. Cuando sale esa faena soñada es increíble, para mí y para el público, al que le cala y le llega, incluso para los no entendidos” (‘El Fundi’).

Y así concluye una crónica sobre Tauromaquia en la que no aparece ni una vez la palabra sangre o muerte. Sólo artistas que hablan con pasión y devoción de matices, pinceladas y sutilezas. Porque hablamos de un arte vivo, en movimiento, desgarrado, brutal, sensible, difícil, enormemente complejo. Entiendo a los que hablan de tortura y sufrimiento. Pero que al menos sepan lo que sienten los supuestos asesinos: amor absoluto por una profesión en la que te juegas morir en la arena.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA


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