La hora de la verdad

Bailan... Son mis padres

20.01.10 | 21:56. Archivado en Sobre el autor, Relatos
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Un pequeño escenario de un pueblo del sudeste de Madrid. Digamos que Arganda del Rey. Un grupo de matrimonios, que llevan yendo todos los miércoles desde hace casi quince años a un taller de bailes de salón, realiza con la ilusión del principiante su tradicional exhibición de fin de curso. El auditorio lo pueblan familiares y amigos. En la esquina derecha de la cuarta fila, dos hermanos y un abuelo sonríen sin parar. Los jóvenes admiran con orgullo el compás enrevesado de Benja y Mari. Son sus padres. Son mis padres.

Teatro Gran Rex. Buenos Aires. Cómo no, hasta el aire es bohemio. Una pareja se abraza apasionadamente, mientras deambula de un lado a otro siguiendo el ritmo extraviado de un nada lógico batir de palmas. Gesto serio, adusto, reconcentrado. Corta el silencio la apabullante voz de Pasión Vega, quien al ritmo de un acordeón narra la historia de un vagabundo que conquistó a la reina de Inglaterra. Algunos no lo saben, tal vez por su final feliz, pero es un tango. El dueto bailarín flota en una delgada cuerda de trapecista, elevada al menos veinte metros. El beso final, justo cuando la voz se rompe en llanto y el acordeón estalla para hacerse flor, marca el inicio de la ovación. Benja y Mari saludan al respetable con reverencias. Son mis padres.

Barrio Alto. Lisboa. Aquí la fiesta es en la calle, ya adentrada la madrugada. Huele a puro habano y sabe a chupito de oporto. Las fadistas de todos los clubes cercanos han salido en procesión. Sus mechones negros los cubren paños también de luto. Su tez es blanca. Su voz, aquí sí, es triste. Cuentan cantando al unísono el suicidio de un poeta que quiso ser Herculano y se quedó sin mausoleo patriótico. Su esquela no la hizo el pueblo. Tampoco era epitafio ni legado. Era la queja amarga de su viuda. Pese a la desgracia, la pareja artística maravilla a los jovenzuelos del botellón con un baile de chotis. En una baldosa. Hieráticos hasta en el beso de la conclusión. Silencio. La sonrisa sólo llega con el aplauso apasionado de un policía adosado a una barra tabernaria en horario de servicio. Las palmas se contagian y la ovación es imparable. Son mis padres.

Muro de las lamentaciones. Jerusalén. Silencio. La luz artificial ilumina la pared sagrada en la noche cerrada. No hay nadie. No hay público. Benja y Mari bailan para sí mismos. Alternan pasodobles con cumbias. La música la pone el sonido celestial de los lejanos minaretes del extrarradio de la ciudad. Merece la pena que sea un eco. Así es susurro. Por eso callan los vecinos gigantes de la Explanada de las Mezquitas. Es mejor el tenue silbido de Benja, que marca el ritmo. Un-dos-tres... un-dos-tres. El beso del triunfo se ofrece a la luna lejos de un suelo que huele a incienso y altar. Llega en el paseo por los bazares, a un paso de la estación de la Vía Dolorosa dedicada al paño de la Verónica. Esta gran mujer es la que les dedica el justo y merecido aplauso. Son mis padres.

Una cálida habitación de un pueblo cualquiera. Pongamos que en Cuenca. Pongamos que Landete. Un anciano duerme recostado en su silla de madera mientras espera la hora de la cena. El humo de su pipa hace visible el contenido de sus sueños. Estambul. La Mezquita Azul asiste al vals renacentista de una pareja ataviada con traje de gala. Él con chaqué. Ella a lo Marlene Dietrich. Son mis padres. Roma. ‘Piazza Spagna’ contempla atónita cómo ‘il dúo’ sube y baja sus magnas escaleras al ritmo de un alocado charlestón. La talla de la Inmaculada aplaude a rabiar. Son mis padres. Londres... Nueva York... Melbourne... Casablanca... Todas las plazas son tomadas. Todas las funciones concluyen en beso. La vida puede ser maravillosa.

Son Benja y Mari. Son mis padres. Hasta ahora no habían aparecido en ninguna de mis alocadas ensoñaciones. Hasta ahora no les había dedicado un ‘os quiero’ digital. Así sea. Gracias.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

4 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Capomandamento 21.01.10 | 23:27

    Tranquilo Malavia, yo creo que hasta Edu J. lo ha entendido, aunque con dificultades.

  • Comentario por acolito 21.01.10 | 22:52

    te entendemos perfectamente.-

  • Comentario por Miguel Ángel Malavia [Blogger] 21.01.10 | 22:04

    Creo que es evidente, pero el comentario anterior es de mis padres, no mío. El ordenador de casa, al ser desde el que escribo, aunque se ponga otra dirección de correo y otro nombre, siempre acaba asignando lo escrito a mi cuenta, apareciendo yo como autor.

    Gracias.

  • Comentario por Miguel Ángel Malavia [Blogger] 21.01.10 | 16:34

    Miguel Ängel, nos ha gustado y emocionado mucho tu relato, como todos los que escribes.
    Nosotros también te queremos muchísimo y estamos muy orgullosos de tí.
    Besos de tus padres

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