La hora de la verdad

El abrazo de Catalina de Aragón y Juana de Castilla

29.12.09 | 18:13. Archivado en Sobre el autor, Relatos, El carcaj de la Historia
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Coronas provenientes de Castilla y Aragón. Nominalmente, para ambas hermanas. Hijas de Fernando e Isabel, yugo y flecha, Reyes Católicos, embrión de la España unida para la modernidad. Catalina ha sido reina de Inglaterra. Juana, a causa de tener el apelativo de ‘La Loca’, sólo es reina castellana sobre el papel, apareciendo su rúbrica junto a la de su hijo, Carlos I o V, según para quién. Catalina y Juana llevan muchos años sin verse. El destino –real, luego mortal–, las ha separado. Una y otra, en una jaula de oro. Cárcel que simula no serlo. Es 20 de abril de 1535. A Catalina le queda menos de un año de prisión, pues morirá dentro de un invierno. A Juana aún le queda una condena de 20 años. ¿Cuál fue su delito? La traición del esposo, para ambas.

Catalina se casó con el Príncipe de Gales. La esperanza blanca: el nuevo Arturo. Éste, aún niño, muere tras ser casado, pero sin llegar a coronarse. Es virgen y no monarca, como Catalina. ¿La solución? El hercúleo Enrique VIII, hermano del finado, tras proclamarse Rey de Inglaterra. Él sí la desvirgará... pero Catalina será incapaz de alumbrar varón vivo en 24 años de matrimonio –eso sí, quedará María, paréntesis de catolicismo tras la revolución de un protestantismo católico–. Enrique no perdona. Divorcio quiere, forzándolo incluso con el Papa. Se casará con la segunda de entre sus seis mujeres: Ana Bolena, cortesana de Catalina, luego sin cuello. Catalina, repudiada, silenciosa, con la frente alta, es confinada a la sombra de fortalezas. Su última morada, el castillo de Kimbolton.

Juana se casó con Felipe de Austria. Su sobrenombre de ‘El Hermoso’ será el que impulse en ella su alias de locura. La ciega. Se conocen y se casan al instante, para no demorar un segundo la pasión carnal. Pasión, gozo, locura. Juana sí está enamorada... hasta la enfermedad de los celos con fundamento. Ella no acepta lo normal en los matrimonios reales: la infidelidad. Es mujer, mujer española. Raza pura, que muerde por lo suyo. Llora, raja caras de desvergonzadas cortesanas, agoniza de desesperación. Lucha contra todo. Aunque es derrotada por la mayor de las traiciones: la muerte no esperada de su dios, tras juego de pelota y hielo destructor. No lo acepta, ama tras la muerte, sin separarse ni un instante del cuerpo corrupto del esposo, de gira por las Españas. De 1509 a 1555, casi medio siglo de soledad, en la torre de Tordesillas. Aún peor, de soledad intranquila, alucinada, loca, loca, loca.

Las hermanas no se ven desde un lejano amanecer de agosto de 1496, en el puerto cántabro de Laredo. Un barco se lleva a Juana, de 16 años. Catalina tiene sólo diez. Un abrazo sella el adiós de por vida, pues el mar conducirá a la mayor hasta Austria, mirando a Felipe. La pequeña partirá seis años después hacia Inglaterra, de donde ya no regresará, viuda de Arturo e injuriada por Enrique. Ambas viajaron para casarse, para iniciar su cruz.

Es 20 de abril de 1535, cuatro décadas después. Una loca, otra desgastada. Ambas ajusticiadas por la desgracia. Separadas por centenares de kilómetros de mar y lágrimas. Pero no por el poder de lo invisible. Es de noche y ambas sueñan. Sueñan que se abrazan, que son hermanas sin más. Lloran, ríen y cantan, olvidando su condición real, quitándose la coraza de la convención. Sueñan que se abrazan, que son hermanas sin más. Es el último abrazo. No es ya un puerto. Es algo más real: el corazón.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

1 comentario


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por bskontour 02.01.10 | 03:12

    parece que la cabra vuelve a tirar para el monte? o es un espejismo?

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