
Es Nochebuena. Es un agujero. Anclado en el suelo, rodeado de una estrella de plata, es un agujero. Una marca, una señal. Es Belén. Es la Iglesia de la Natividad. En una pequeña sala, bajando unas escaleras: el centro, el punto marcado por la Historia como el pesebre con excrementos en el que nació Dios para ser hombre. Afuera se escuchan el minarete de la mezquita de enfrente, las proclamas de los seguidores de Al Fatah, el rumor de los lamentos por el Muro repleto de graffitis con palomas revestidas de chalecos antibala. Es Nochebuena en la Belén sin paz. Año 2009.
Al ser éste un año en nada especial, por seguir la guerra, la muerte, la traición, la mentira y el hambre en tantos sitios, el Mesías que inspiró a Haendel ha decidido volver a nacer. Sí, hoy, en este 2009. Desaparecen los sonidos y soniquetes. Sin imágenes que distraen. Sólo hay pureza blanquecina. Eso sí, es Belén, la Belén de hoy. Ya está. Ha nacido. Sí, y aquí está la Madre. Y José. Y Jesús... En la plaza, a la puerta de la Iglesia de la Natividad.

Y está la estrella. ¿Quién la sigue? No son pastores, ni reyes, pues al fin y al cabo es este mismo 2009... Lo que viene hasta aquí es un grupo de artistas, siendo éstos los encargados de emocionar a las gentes del siglo XXI. ¿Quiénes son? El primero, Federico García Lorca. Está aquí, por eso no le encuentran donde le buscan. Recita su experiencia de poeta en Nueva York. Al recordar, de paso, su memoria de Ignacio Sánchez Mejías, es cuando hacen su entrada los toreros: Morante de la Puebla, José Tomás, Miguel Ángel Perera. Sus minotauros, de encaste Miura. Salen a relucir las muletas y los capotes. Pero hoy no hay sangre. Sería una falta de respeto. No hay sino baile: un vals con ecos de pasodoble, cantado por Joaquín Sabina. Minotauros y artistas se balancean abrazados, intercambiándose las parejas tras hacer una reverencia al rondar frente al Niño.

Jesusito ríe alegre. Está contento. Le hacen gracia los chistes que le cuenta Gila: “¿Aquí la guerra...?”. Dios Niño se ríe porque sabe que esta noche no puede haber guerra, pues para eso ha venido a nacer en esta Belén alocada. De ahí que la mención de desgracias suene a lejanía, a imposible. “Ojalá sea así también mañana. Y pasado mañana”, musita un asustado Shakespeare, tan de actualidad ahora que se duda de si era un católico oculto en la Inglaterra isabelina que derrumbó la Armada Invencible a base de soplidos del viento, ése ente hercúleo y transparente, el viento, del que ahora se acuerdan los politicastros que no se ponen de acuerdo en Copenhague para salvar el mundo de las generaciones futuras.
Llega la hora del brindis. Con tintos riojanos, de esos que tanto gustan a Obama. El Emperador, gustosamente, cede la palabra a uno que pasaba por ahí, pues para eso es Navidad. Inicia el discurso el abonado número 12.782 del Real Madrid. Borracho ya, se olvida de pedir por la democracia en Cuba y sólo berrea por que el Madrid gane la Décima en el Bernabéu y por que el Parlamento catalán no se cargue los toros. Estallan las carcajadas, que se apagan al rato, cuando Cocha Buika canta la coplilla ‘Ojos Verdes’. Hace calor, se está muy a gusto.
Jesusito se ríe, pues en la Belén sin paz, esta noche, y ojalá mañana y pasado, hay paz.
¡Feliz Navidad a todos!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
Jueves, 31 de mayo
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín