¡Gibraltar español!
22.07.09 @ 18:50:10. Archivado en Sobre el autor, España, Reflexiones

Pese a los enrevesados argumentos que nos vende el Gobierno (que si pragmatismo, que si cooperación, que si normalización, que si diálogo...), la cuestión es muy fácil: un ministro de Asuntos Exteriores de España no puede acudir a un territorio que considera español y fotografiarse sonriente con los representantes locales y los del país que ocupa lo que reivindicamos como nuestro. Gibraltar está en Algeciras, Andalucía. Allí, los llanitos toman fino y pescaíto. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI exista una colonia en Europa? ¿Qué ha conseguido Moratinos? ¿Qué hemos avanzado, aparte de hacia la desvergüenza?
Pero es aún menos comprensible sabiendo cómo se produjo el hurto. Hace tres siglos, en plena Guerra de Sucesión, cuando una lucha autóctona de poder entre Borbones y Austrias por hacerse con la Corona de España se extrapoló a un conflicto bélico de dimensiones europeas, sucedió el robo: una flota anglo-holandesa, comandada por el almirante Rooke, tomó el Peñón supuestamente en nombre del Archiduque Carlos, pretendiente al trono como sucesor legítimo de Carlos II, el último Austria. Como en toda guerra en la que intervienen elementos extranjeros, los aliados conquistan enclaves para “su” bando nacional amigo. Nadie pensaría que en la Guerra Civil los alemanes hubieran arrasado Guernica para luego anexionarla al III Reich, ¿no? Pues en 1704 el pirata Rooke tomó Gibraltar... y luego decidió por las bravas que era para la reina Ana de Inglaterra, en vez de para su hipotético aliado. Así de fácil. Luego, ya lo sabemos, el Tratado de Utrecht revalidó la bajada de pantalones.
Tal ignominia ha sido condenada a modo de bloque homogéneo por todos los gobiernos de España. Reyes, presidentes de la I y la II República, dictadores, ejecutivos de PSOE y PP... Todos con un principio común: Gibraltar, territorio español, es una colonia anexionada ilegítimamente por el Imperio Británico. El problema viene cuando la gente se piensa que esto es cosa de “fachas nostálgicos”. Como siempre, parece que Franco inventó el himno, la bandera y la palabra España. Pero criticar el imperialismo no es cosa de franquistas, sino de personas con un mínimo de sentido común, que consideran que para que exista un equilibrio político entre los países cada uno ha de ser soberano de sus propias fronteras. La España de 2009 tiene en su seno la soberanía de un país que dista muchos kilómetros del nuestro. Esto es: una colonia. Que nadie lo llame de otra forma, porque miente o se equivoca.
No existe, a Dios gracias, quien quiera una guerra al estilo de la de Argentina por las Malvinas. Pero, al menos, debemos de exigir a nuestros políticos que hagan valer el nombre del país al que representan y no acaben con trescientos años de reivindicaciones con una foto en la que un bisoño ministro sonríe con los que mantienen la felonía de un pirata apellidado Rooke. Si hubiera dependido del Moratinos de turno, África seguiría hoy troceada por metrópolis descendientes de un Bismarck al que no le convencían argumentos basados en el pragmatismo, la cooperación, la normalización o el diálogo. Lo que es, es. Y lo que no, no es. Y Gibraltar es... ¡español!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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